No hay discusión alguna entre los ejecutivos de Volvo: Chile es, por lejos, el mercado latinoamericano donde la marca crece más en este momento, con un alza entre enero y mayo de 177% respecto de los mismos meses de 2009, y una acumulación anual de 428 unidades vendidas.
"Chile es el segundo mercado más grande que tiene Volvo en la región, por detrás de Brasil", explica Anders Norinder, presidente de la marca para Latinoamérica y Caribe. "Chile tiene un potencial muy grande para seguir creciendo y nuestra gama es la mejor arma que tenemos para lograrlo".
Es más, para este año las expectativas son grandes, pues esperan alcanzar las 1.200 unidades, cifra que debería aumentar en los próximos tres años para alcanzar los dos mil vehículos comercializados.
Quizás por eso es que los ejecutivos suecos sorprendieron durante el lanzamiento del nuevo S60 realizado en Portugal, con el anuncio que para los próximos meses está planificada la llegada de la línea ecológica DRIVe, que en primera instancia estará a prueba en distintas partes del territorio nacional, para que a corto plazo se ponga a la venta.
Y sin duda que el Salón de Santiago podría ser el escenario perfecto para que Ditec Automóviles, importador de Volvo, presente su gama verde.
El primer modelo en llegar será el C30, para luego dar paso al sedán S40 y, más tarde, al familiar V50.
Al igual que en Europa, los precios de estos modelos se incrementarían, pero en Volvo confían que a la brevedad exista en Chile una normativa donde los vehículos más limpios puedan tener beneficios tributarios, como sucedía hasta hace poco con los autos híbridos (retornaban el valor del permiso de circulación hasta por cuatro años), para lo que esperan reunirse con las autoridades de gobierno.
CAMBIOS QUE MEJORAN
La línea DRIVe de Volvo se presentó hace casi dos años en el Salón de París, con la idea de contar con vehículos que emitieran menos CO2 y tuvieran un mejor consumo.
En primera instancia, los modelos que contaron con este sistema fueron el C30, el S40 y la V50, a los que dotaron con un motor 1.6 turbodiésel originario en el Grupo PSA, con 109 caballos y una caja mecánica de cinco marchas, lo que permite que los consumos sean de 22,8 km/litro para el C30 y 22,2 km/litro para el S40 y V50, lo que significan emisiones de 115 y 118 gr/km de CO2, respectivamente.
Para lograr estos resultados, Volvo trabajó en la aerodinámica, reduciendo la altura de la carrocería aproximadamente en 10 milímetros, incorporó un faldón delantero en los S40 y V50, idéntico al que llevan las versiones deportivas T5, y cubrió la parrilla con un panel que mejora los flujos de aire hacia el motor. Además, cambió el diseño de las llantas, las que reducen entre un 10 y 15% la resistencia aerodinámica. En el caso del C30, se incorporó un pequeño alerón en la zona trasera, así como un nuevo parachoques con mejor coeficiente aerodinámico.
Por otra parte, los desarrollos en los cambios 3ª, 4ª y 5ª se alargaron, lo que contribuye a un ahorro del 1,5% en el consumo de combustible. El aceite empleado en la transmisión es de menor fricción que en los modelos convencionales y reduce el consumo en un 0,75%, a lo que se suma una mejora del 2% gracias a los nuevos neumáticos de baja resistencia de rodadura. En el cuadro de instrumentos se añadió un indicador de cambio de velocidad, para indicar al conductor el momento adecuado de subir o bajar marcha. Finalmente, también se incorporó el sistema start/stop.