Por Roberto GálvezOCDE: el 23,4% de los profesores de colegios públicos chilenos no está plenamente calificado
La entidad internacional entregó este martes su informe Education at a Glance 2026, el que pone foco en la escasez de profesores en el mundo. El estudio revela que más de un quinto de los docentes nacionales no cumple con todos los requisitos establecidos por la normativa para ser considerados como plenamente calificados.

Este martes la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de la cual Chile es parte desde 2010, entregó el Education at a Glance (EAG) 2026, su principal informe anual de indicadores educativos de los países que la componen. El trabajo pone sobre la mesa factores de diverso tipo, entre acceso, financiamiento y docentes.
Precisamente, el informe de este año pone especial énfasis en la escasez de profesores, un fenómeno que afecta globalmente y del cual Chile no se escapa. El problema es que, además, el foco principal del país para la entrega de este 2026 señala que un quinto de los profesores chilenos no está plenamente calificado para ejercer su labor.
La OCDE define que este tipo de profesionales son quienes no cumplen con todos los requisitos establecidos por la normativa nacional local para ser considerados profesores plenamente calificados. Por ejemplo, son aquellos que pueden tener su título, pero no así con una formación pedagógica obligatoria o tener otros requisitos incompletos.
En ese sentido, para el caso chileno el EAG señala que el 23,4% de los profesores de educación primaria (básica) y secundaria (media) de establecimientos públicos no estaban plenamente calificados en 2024. El año es ese y no 2025, porque la OCDE advierte en su informe que los datos de cada país son los correspondientes al último año disponible para cada indicador. En ese sentido, no todos tienen el mismo año de referencia. Con esa aclaración, el promedio OCDE en 2024/2025 es del 9,1%.
Para Xavier Vanni, investigador del CIAE de la U. de Chile, es necesario aclarar lo de docentes no plenamente calificados. “No significa que los estudiantes no tengan profesores o que estos no tengan títulos, porque este grupo considera también a aquellos docentes que están habilitados legalmente para poder ejercer clase y tienen las competencias adecuadas”. Por ejemplo, dice, en este grupo se incluye un profesor de Inglés de educación media que hace clases en educación básica, o un profesor de Matemática que hace clases de Física. “No significa que tengamos a estudiantes que no están con profesores competentes haciendo clase”, refuerza.
Una aclaración similar plantea Francisca Espinoza, directora de Estudios de Acción Educar: “La definición de plenamente calificado, en Chile exige el título de pedagogía específico para el nivel y la asignatura que se enseña, un criterio más estricto que solo contar con un título profesional, como sí ocurre en otros países de la medición”.
Bajo ese estándar, señala, parte de este grupo corresponde a profesionales que hacen clases en liceos técnico-profesionales y completan su formación pedagógica después de haber entrado al aula. Otros, en tanto, son profesionales habilitados por el Mineduc para cubrir la falta de docentes. “Ante este escenario, es importante destacar que la cifra no apunta a una medición del desempeño, sino que cumplan con un requisito formal”, cierra.
Vanni y Espinoza recuerdan que el mismo informe establece que en Chile el 98% de los estudiantes está con profesores con título de profesor o un título profesional, una de las tasas más altas de todos los países.
De hecho, la ministra de Educación, María Paz Arzola, también aterriza que prácticamente todos los docentes chilenos sí cumplen con tener título de pedagogía, aunque reconoce que el desafío está en la especialización: “Tenemos brechas específicas, por ejemplo, en Tecnología y Religión, donde tenemos una menor oferta formativa y además baja carga horaria. Por eso nuestro desafío no es simplemente formar más profesores, sino contar con los docentes que necesitamos donde los necesitamos y en las asignaturas que necesitamos”.
En una línea similar, Verónica Cabezas, directora ejecutiva de Elige Educar, dice que su institución ya advertía en 2025 que cerca del 11% de las horas pedagógicas no son impartidas por docentes con formación específica en la asignatura. “Hoy, el desafío urgente de nuestro sistema educativo es mejorar los aprendizajes, y para eso necesitamos fortalecer las capacidades de quienes están en las aulas”, señala.
Para abordar este desafío, cierra, “necesitamos políticas públicas que incentiven la especialización, reconversión y desarrollo profesional de los docentes y que tengan sentido de territorialidad, comprendiendo el proyecto educativo de cada establecimiento”.
Faltan profesores
La OCDE explica que para medir la escasez docente, Chile contabiliza los puestos que quedan sin cubrir al inicio del año escolar, que fue del 3,6% de todos los puestos de enseñanza media pública vacantes antes de arrancar 2024 académicamente.
A esto hay que sumarle la salida de profesores del sistema educativo. Según el informe, durante 2024/25, el 8,4% de los profesores chilenos plenamente calificados de primaria y secundaria en colegios públicos salió de la profesión. Vale precisar que esta categoría incluye la jubilación, renuncia o cambio hacia otro puesto en el sector público educativo. Con todo, el promedio OCDE fue más bajo: un 6,4%.
“La lectura habitual es que faltan profesores. Pero el mismo informe agrega que el 8,4% de los profesores calificados dejó la docencia en el sector público, también por sobre el promedio. Es decir, el sistema no está reteniendo a los profesores mejores calificados donde más los necesita”, dice al respecto Carmen Gloria Zúñiga, jefa de liderazgo estudiantil de CELITED UC y académica de Educación UC.
Francisca Espinoza detalla sobre esto que lo que debiera preocupar especialmente es la situación de quienes recién parten en la profesión: “Casi la mitad de los docentes que renuncian tienen menos de cinco años de experiencia, algo que podría explicarse en parte el deterioro de la autoridad docente y de la convivencia escolar”. Por ello, añade que el desafío no es solo entregar mayores herramientas a los docentes, “sino también acompañar a quienes ya están ejerciendo para que completen su formación y retener a los profesores jóvenes antes de que abandonen la sala de clases”.
Mientras, la ministra Arzola plantea que apoyar a los docentes debe traducirse en oportunidades concretas de formación y acompañamiento. “Por eso, desde el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP) estamos reforzando las mentorías y el acompañamiento a docentes nóveles para que cuenten con apoyo real y puedan desarrollarse y permanecer en la profesión”.
Otro indicador de la encuesta realizada a los docentes en el contexto del EAG es que el 65,3% de los profesores de secundaria baja está satisfecho con sus condiciones de trabajo, sin incluir el sueldo. El promedio OCDE en ese aspecto es del 68,4%. Por otro lado, un 45,7% está satisfecho con su salario, cuando el promedio de la organización es del 38,7%.
Desde la UC, Zúñiga señala sobre aquello que las escuelas con más dificultades para contratar “suelen ser las mismas donde el profesor nuevo llega con menos apoyo y más carga. El resultado es que la escasez se concentra donde más se necesitan mejores profesores”.
En detalle, los profesores chilenos de educación ganan un 23% menos que otros trabajadores con educación superior, mientras que docentes de secundaria baja ganan un 21% menos.
Hay, además, una proyección de la OCDE que no puede apartarse de la ecuación al analizar la escasez docente chilena: la proyección demográfica. Los niños chilenos entre 5 a 14 años disminuirían un 7% para 2033, lo que la organización señala podría traducirse en una reducción de las presiones de contratación docente. Esta realidad, se aclara, es diferente según la distribución territorial de la población, por lo que no resolverá automática ni necesariamente la escasez docente.
Población y resultados asociados
Acorde al EAG 2026, el 37% de los adultos chilenos de 25 a 64 años tenía educación terciaria (nivel educativo que se cursa después de enseñanza media) en 2024. La cifra está debajo del 43% promedio OCDE. Eso sí, el 42% tenía educación secundaria superior -o postsecundaria no terciaria-, lo que está arriba del 39% OCDE.
La OCDE, además, comparó los sueldos de trabajadores a jornada completa con el ingreso medio chileno. La realidad es diametralmente diversa dependiendo del nivel de estudios.
Aquellas personas que sólo tienen enseñanza media ganan un 30% menos que el promedio nacional; mismo porcentaje que quienes tienen enseñanza media técnico-profesional. Del mismo modo, quienes no llegaron a la educación secundaria superior ganan un 48% menos. El promedio OCDE es, respectivamente, menor en los tres casos: un 13%, 17% y 31%.
Otro indicador que aporte el informe es que el 79% de los niños chilenos entre 3 y 6 años estaba matriculado en educación y cuidado de la primera infancia en 2024, frente al 90% en promedio de la OCDE.
Además, se señala que lo principales destinos en el extranjero donde estudian los chilenos son Argentina (30%), España (18%), y Estados Unidos (12%), mientras que los tres primeros países de origen de alumnos extranjeros que estudian en Chile son Venezuela (27%), Perú (23%) y Colombia (17%).
El gasto chileno
Al considerar los fondos destinados a instituciones educativas, el gasto público chileno desde educación primaria hasta la terciaria fue de un 4,2% del PIB en 2023. El gasto privado representó un 1,9%. Respectivamente, los promedios OCDE fueron un 4,0% y un 0,6%.
Mientras, el gasto público por alumno en Chile durante el mismo trayecto educacional fue de USD 5.794 en 2023, mientras que el promedio OCDE fue USD 13.601.
Por ejemplo, el informe dice que del gasto corriente de las instituciones chilenas, un 95% corresponde a remuneraciones del personal en el caso de la educación primaria. Este es, precisamente, el sector donde el Mineduc de María Paz Arzola quiere poner el acento durante su gestión, lo que se debería ver reflejado en la propuesta de Presupuesto 2027: más dinero para la educación inicial, con foco en aprendizajes.
El promedio OCDE es del 79%.
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