MES A MES la encuesta Adimark va marcando señales en el camino recorrido por el gobierno. La foto de cada instante no es para preocuparse, pero la tendencia a la baja en el nivel de aprobación y, especialmente, el alza sostenida en la desaprobación -que se viene observando desde octubre-, deben ser una señal de alerta. Todavía más cuando en este período ha habido hechos concretos de los cuales el gobierno puede estar orgulloso y que la ciudadanía esperaba.
Lo verdaderamente importante no radica en que por primera vez el nivel de desaprobación supere al de aprobación. Bachelet, en su segundo año de gobierno, estuvo cinco meses consecutivos en esa situación y le volvió a suceder en el tercer año, para luego iniciar su ascenso a niveles históricos de aprobación. Las estrategias empleadas hasta ese momento fallaron y la reacción, siendo provechosa para ella, fue tardía.
Respecto de la Adimark, parece conveniente concentrarse en tres aspectos importantes: las personas entre 25 y 55 años, los más pobres y los mejor informados, todos los cuales coinciden en su alto nivel de desaprobación. Los más jóvenes aprueban en mayor porcentaje la gestión del Presidente Piñera, pero mientras no estén inscritos, su opinión no cuenta.
Así como no existe tendencia que en algún momento no deje de serlo, a la hora de definir estrategias estos son públicos esenciales. Si bien el polémico aterrizaje en helicóptero no habría influido en la encuesta, sirvió para que algunos reabrieran la discusión acerca del estilo del Presidente y lo comparen con sus antecesores, lo que tarde o temprano puede influir en la opinión pública. En esto, algunos derechistas nuevos y viejos, tal vez por inseguridad o falta de solidez de sus propias ideas, escuchan más de lo necesario a sus adversarios políticos dándoles a sus palabras, a veces, el valor de verdades reveladas, generando desconcierto en propios y extraños. El Presidente, como toda persona, tiene una identidad y una forma de ser particular, que en ningún caso debe impedir gestionar la percepción de los ciudadanos, destacando algunos de sus atributos propios y no los que algunos pretenden como ideales.
Cuando el gobierno está próximo a cumplir su primer año y con meses cruciales por delante, resultan inevitables algunos cambios para romper las tendencias negativas. El diseño original del equipo de gobierno consideraba una fortaleza el profesionalismo y la capacidad técnica de sus miembros, pero el tiempo demostró la falta de políticos profesionales y la necesidad de superar el menosprecio de la actividad política.
Ahora es necesario enmendar en materia de comunicación. Aunque sea difícil, llegará el momento de reemplazar a quienes, desde el segundo y/o tercer piso, asesoran comunicacionalmente al Presidente, con más voluntarismo que conocimientos. La buena voluntad, el cariño o la amistad no suplen la confusión entre información, marketing y comunicación, e incluso pueden afectar un correcto análisis del entorno que es fundamental para la comunicación de los atributos que deben enmarcar la figura del Presidente.
Estos errores conceptuales impiden abordar adecuadamente la coyuntura, centrando el debate público en anécdotas y no en los temas que el Presidente quiere llevar adelante y el país exige con urgencia.