No nos convirtieron en ellos

Quiero creer que como sociedad podemos tener clemencia incluso con quienes demostraron el mayor desprecio por la vida.

por Jorge Navarrete - 13/03/2011 - 09:00
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LA POSIBILIDAD de que el indulto pueda beneficiar a ex militares ha generado polémica en la clase política. No podía ser de otra forma: pese a las décadas transcurridas, sigue abierta una dolorosa herida que probablemente tomará varios años más en sanar. La razón de la demora no sólo se explica por la brutalidad de los abusos o la posición de quienes los cometieron, sino también porque el dolor de las víctimas y sus familiares se profundizó por la agonía de años de silencio e impunidad. La justicia llegó muy tarde y, en demasiados casos, simplemente no llegó.

Muchos de los que hoy reivindican la igualdad ante la ley, para que en definitiva se atienda la situación de ex militares condenados por graves violaciones a los derechos humanos, son los mismos que ayer desconocieron ese derecho a sus adversarios, sea participando directamente en la dictadura, justificando lo ocurrido o simplemente negándolo.

Pero es justamente ahí donde estriba la diferencia. Me asiste la convicción de que la lucha para recuperar la democracia estuvo iluminada por un profundo sentido de libertad y justicia; dos pilares fundamentales de una concepción humanista que ahora se pone a prueba. Es justamente la capacidad de compadecernos lo que nos diferencia de aquellos criminales que ocuparon el aparato público para eliminar a sus adversarios.

Confieso que me ha sido muy difícil escribir esta columna, pero una y otra vez se me vienen a la mente las palabras del periodista y poeta argentino Juan Gelman, quien padeció el secuestro, tortura y posterior desaparición de sus dos hijos adolescentes, Nora y Marcelo, y sin embargo -al volver del exilio- sentenció triunfante: "No nos convirtieron en ellos". Efectivamente somos distintos y, por lo mismo, quiero creer que como sociedad podemos tener clemencia incluso con quienes demostraron el mayor desprecio por la vida humana.

Sin embargo, solicitar un gesto de esta naturaleza exige mayor honestidad moral y coherencia política por parte de Sebastián Piñera, la que, para variar, ha estado ausente de sus últimas declaraciones. Por de pronto, me imagino que nadie podría justificar el indulto a ex militares amparado en el hacinamiento carcelario. Si hay algo que sobra en los recintos penitenciarios para los otrora uniformados, especialmente si lo comparamos con el régimen común, es espacio y comodidades.

De igual manera, el debate poco y nada tiene que ver con la diferencia entre civiles y militares. Por el contrario, lo que estamos discutiendo dice relación con la gravedad del delito y su connotación social e histórica. Hago hincapié en esta cuestión, porque el entonces candidato y hoy Presidente de la República se solazó fustigando a su adversario, el senador Eduardo Frei, por haber indultado a un narcotraficante, el que sin embargo había cumplido buena parte de la condena y al cual se aplicaban consideraciones humanitarias similares a las que hoy se invocan. Todo indica que Piñera habría modificado su criterio, salvo, claro está, que considere más grave el comercializar con drogas que secuestrar, torturar en forma inmisericorde y finalmente hacer desparecer a otro ser humano. Llegó el momento de que el Presidente hable con la verdad, y nos diga a quiénes y por qué.

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