LAVÍN HABLÓ de revolución (silenciosa), Pinochet y Jaime Guzmán hablaron de democracia (protegida), Frei también habló de democracia (pero cristiana), Allende de revolución (socialista), y hasta los gremialistas se convencieron de que la política y los partidos no eran tan inconvenientes después de todo, convirtiéndose en demócratas (unidos e independientes). Por lo visto, esto es al revés de lo que sostenía Huidobro. En política, los adjetivos importan no poco; más aún, cuando es el sustantivo el que no está dando vida, confunde, aturde o da lata.
¿Cómo? ¿Hablar de revolución y de democracia fastidia? A lo mejor, sí. Son términos tan manoseados que, fuera de que no agregan nada nuevo, cuesta imaginarse a alguien que logre sacarles jugo. ¿Por qué, entonces, Giorgio Jackson y su gente insisten llamando a su nuevo referente-colectivo-movimiento "Revolución Democrática" (dos veces tautológicamente lata)? ¿Así, de un puro soplo, es que pretenden renovar la política chilena? ¿En qué consiste su programa?
No hay precisamente un programa: ese es el problema. De hecho, si uno se guía por lo que Jackson y Miguel Crispi (también ex presidente Feuc y coordinador general de RD) han estado diciendo, lo de ellos es un ofrecimiento vago. Si la política es sentirse en casa, ellos invitan a "construir una nueva casa". Lo importante es la "devolución del poder a la gente", crear "nuevos espacios para sentir identidad". Si hay sólo dos alternativas "caducas" en el sistema electoral chileno, pues ellos quieren ser "nuevos actores políticos", "marginarse de todos los partidos y empezar desde cero".
Vale, pero, ¿podrían ser un poco más específicos para entenderlos? Respuesta: "Queremos transformar el concepto de democracia, no está dando el ancho lo que se entiende por democracia". A lo que sus seguidores tampoco ayudan mucho. Uno de ellos llama a que las "pymes y universidades trabajen juntas para industrializar Chile, para que no dependamos de los patrones de fundo", propuesta recogida en serio (¡!) en la página web de Revolución Democrática. Nombre que repiten de los "perredistas" de Cuauhtémoc Cárdenas, escindidos del PRI mexicano, pero que supongo no pretenderán entroncar con nuestra izquierda prehistórica, el Partido Demócrata, donde militara Recabarren antes de fundar el PC.
¿Serán efectivamente revolucionarios o lo de ellos es sólo pose, niñitos bien hablando como Danton? Está por verse. Según François Furet, los sans-culottes logran convertirse en el grupo más radical de la revolución por tres motivos: porque eran obsesivos en pensar que existiría una confabulación en contra de la ciudadanía, porque se resistían a ser "representados" (preferían deliberar directamente) y porque manifestaban una voluntad férrea en querer castigar a quienes tuvieran algún grado de poder establecido. Por muy vagas que sean sus declaraciones, todos estos aspectos animan y "mueven" a RD, conjuntamente a cierta "religiosidad" muy de secta revolucionaria, también muy propio de ellos. Por ejemplo, esto de que "Chile no necesita una, sino muchas revoluciones", el cri de guerre por Twitter, o el repetir incansablemente las dos palabritas sacras -"revolución" y "democracia"- cual mantra hare krisna hare krisna/ krisna krisna hare hare.