Una de las primeras apariciones de Gene Hackman en el cine fue en Bonnie y Clyde (1967), la película de Arthur Penn sobre la célebre pareja que recorre Estados Unidos dejando tras de sí un rastro de muertos y delitos. Allí encarnó a Buck Barrow, el hermano del personaje de Warren Beatty. Según observó la crítica de cine Pauline Kael, se trataba de “una actuación hermosamente controlada, la mejor del filme”.
No fue la única impresionada con su despliegue en la pantalla grande: la Academia le entregó su primera nominación a los Oscar. Tenía 38 y en los años siguientes trabajaría junto a figuras como Jim Brown, Burt Lancaster, Robert Redford, Gregory Peck y Oliver Reed.
En Contacto en Francia (1971) quedó inmortalizado como Jimmy “Popeye” Doyle, un detective sin temor a transgredir la ley con tal de cumplir su trabajo, por la que ganó la primera estatuilla dorada de su trayectoria. Dos años después, la road movie Espantapájaros (1973) le permitió interpretar a un exconvicto malhumorado y compartir escenas con un joven Al Pacino. Entremedio incursionó en el cine de catástrofes, dando vida a un reverendo en crisis de fe en La aventura del Poseidón (1972).
Ya en esa época no quedaban dudas: Hackman podía adaptarse a cualquier clase de personaje y proyecto, aportándole potencia, encanto y humanidad a tipos introspectivos y a hombres de carácter volcánico. Redondeó esa década con el estreno de La conversación (1974) y Superman (1978), donde encarnó al protagonista y al villano, respectivamente.
Nacido en 1930 en San Bernardino, California, primero sirvió en el Cuerpo de Marines entre 1947 y 1952 (en China, Hawái y Japón) y luego estudió periodismo. Cuando encontró su verdadera vocación y se instaló en Pasadena, asistió a la misma escuela de artes escénicas que Dustin Hoffman. Allí ambos fueron votados por sus compañeros como los estudiantes con “menores posibilidades de triunfar”.
Hackman vivía el oficio con intensidad, pero sin ceñirse al molde de estrella convencional. Quizás por eso en los 80, cuando su carrera sufrió altibajos, decidió mudarse a Santa Fe, Nuevo México, lejos de Hollywood. Se volcó al buceo en aguas profundas y a la pintura, dos de las aficiones que más disfrutaba.
Su actuación en Mississippi en llamas (1988) fue la constatación de que no había perdido la pólvora. Interpretó a un conservador agente del FBI que debe investigar la desaparición de tres activistas en el sur de Estados Unidos donde el Ku Klux Klan reivindica la supremacía blanca.
Ganó el segundo Oscar de su trayectoria por Los imperdonables (1992), el soberbio western de Clint Eastwood, donde asumió el papel de un sádico sheriff. Él también sería su director y compañero de reparto en Poder absoluto (1997), el thriller político en que encarnó a un ficticio presidente de Estados Unidos.
Tras trabajar en los 90 bajo la dirección de Sydney Pollack, Sam Raimi, Tony Scott, Barry Sonnenfeld y Mike Nichols, aceptó la propuesta de Wes Anderson, por entonces un realizador en ascenso que preparaba su tercer largometraje, Los excéntricos Tenenbaums (2001). El cineasta le dio el rol del patriarca de una disfuncional familia, un auténtico caso perdido que intenta recomponer la relación con sus tres hijos.
Recibió una candidatura a los Globos de Oro y elogios por ese papel. Sin embargo, el actor ya meditaba el retiro. Su última cinta fue la comedia Welcome to Mooseport (2004), donde interpretó a un expresidente de Estados Unidos que se traslada a un pequeño y apacible pueblo de Maine.
En 2004 le confesó al presentador Larry King que su carrera “probablemente estaba terminada”. En una entrevista con la revista GQ en 2011, fue poco entusiasta con la idea de hacer una película más. “No lo sé. Si pudiera hacerla en mi propia casa, quizás, sin que molestaran a nadie y sólo fueran una o dos personas”.
Hackman vivió toda su última etapa en Santa Fe con su esposa, Betsy Arakawa, y evitó las apariciones públicas. Recién en los últimos años circularon algunas fotos en que se veía jovial, sereno. Fue allí donde fue encontrado sin vida durante la tarde de este miércoles. Tenía 95 años y Arakawa, 63.