Álex Anwandter: “No tengo el carácter adecuado para ir al Festival de Viña. Me parece bien que no me inviten”

El cantante se presentará el 11 de abril en el Teatro Caupolicán y formará parte del encuentro MIC Chile, sobre industrias musicales. Con 42 años recién cumplidos, hace un balance de su carrera y adelanta sus proyectos para 2025. Además, en entrevista con Culto, opina sobre la industria actual: "Al pop le quedó desfasado el nombre. Lo urbano es lo pop o lo popular".
Alex Anwandter regresa a Chile para una maratónica serie de conciertos en Valdivia, Temuco, Viña del Mar, Concepción y Santiago, en el Teatro Caupolicán, el próximo 11 de abril. Para esa jornada en particular lo acompañarán alrededor de nueve músicos en el escenario. “Medio sinfónico”, bromea en conversación con Culto.
“Estamos haciendo unas versiones de canciones que no habíamos hecho hace tiempo, que me las reclaman mucho si no están en el set list, como Tatuaje, por ejemplo, que hace mucho tiempo que no la toco. La voy a tocar de una manera distinta”, adelanta.
Las fechas giran en torno a Dime Precioso (2024), disco que vio la luz en mayo pasado y que demostró la inquietud creativa del músico: recién en 2023 había lanzado su anterior proyecto, El diablo en el cuerpo.

Y eso no es todo. Anticipa que en 2025 quiere grabar otro álbum. “Tengo ganas de hacer otro disco mío, que probablemente no voy a publicar con mi nombre. Va a ser otro proyecto”, explica. ¿Una especie de alter ego? “Sí, algo así, totalmente distinto”.
—¿Música urbana?
“Daddy Álex (ríe). No. Más rockero. Ese disco capaz que salga este año. Sé que lo voy a grabar este año. Ya tengo como 15 canciones para eso, así que es bastante”.
Los anuncios no quedan ahí. Dentro de sus proyectos para 2025 le aguarda un nuevo desafío como productor. “Estamos empezando a trabajar en otro disco con Juliana Gattas”. Y dice “nuevo” porque ya trabajó con la voz de Miranda! en su debut como solista, en el disco Maquillada en la cama (2024).
“Ese era un disco más o menos corto, y me dan ganas de hacer algo un poquitito más expansivo. Obviamente, un componente bailable fuerte va a tener, porque es como el terreno donde ella se siente más a gusto, pero quizás expandiría un poco eso, que fue algo que no hice tanto en el primer disco de ella. Aventurarse un poco en unos terrenos musicales distintos. Cosas más dramáticas, de repente. Estuve escuchando unas canciones mega desconocidas de Jeanette, por ejemplo”, profundiza.

Es más, ambos se reencontrarán en el evento Mercado de Industrias Culturales y Creativas MIC Chile 2025, que se realizará del 9 al 12 de abril en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM). “Estamos el mismo día. Ayer le estaba diciendo que se quedara en el hotel donde estoy”, comenta risueño.
“La idea es hablar de experiencias de industria, cómo empecé y cosas de mi carrera”, explica sobre su participación en la instancia. “Lo encuentro superbueno. En lo personal, periódicamente hago talleres de producción porque se me hace superimportante esa transmisión de conocimiento y de experiencia. No quedarse uno como con los secretos de qué hacer y qué no hacer, sino compartirlo y que los chicos más jóvenes, que están empezando, tomen o ignoren lo que quieran”.
Respecto a creación, cultura y financiamientos estatales actuales, duda al responder. “Si hay gente muriéndose de hambre o lo que sea, es como difícil pedir plata para mi performance de arte en el GAM”, dice con ironía. “Como artista entiendo que el arte es una parte esencial de cada país y hace falta una visión más a largo plazo. Eso es lo que me parece muy interesante, que se desarrolle una industria, y eso necesita apoyo estatal mucho más enfático”.

En la entrevista, Alex Anwandter lleva puesto un jockey que dice “Zodiac”, con la tipografía de la película de suspenso protagonizada por Jake Gyllenhaal, Mark Ruffalo y Robert Downey Jr. Y es que el artista chileno también es realizador y ha dirigido cintas de ficción como Nunca vas a estar solo (2016).
“Estoy con proyectos de cine para este año. Entre el proyecto de cine que está bastante activado, el disco nuevo de Juliana y este otro disco que te dije de alter ego; es bastante. Y tengo que hacer shows”, reflexiona.
Además, tiene en mente un proyecto con su buen amigo Ángel Parra, un disco que sea “más chileno”, aunque aún no está resuelto. Asimismo, no deja de escribir y tampoco se cierra a otro libro de poemas, que le seguiría al publicado por editorial hueders, Mil noches de Sudamérica (2024).
Fiel a su estilo multitareas, actualmente está leyendo unos siete libros a la vez. Brasil se cuela en tres de sus lecturas: una autobiografía de Rita Lee y poemas de Carlos Drummond de Andrade. La conexión con el país de la samba viene de familia. Su padre vivió allí unos años antes de radicarse en Chile.

“Me leí una novela, también en portugués, de una autora portuguesa. La novela se llama El Retorno. La encontré muy buena, muy interesante, sobre el retorno de colonizadores portugueses desde Angola a Portugal, en los años 70. La encontré bien interesante, bien bonita”, dice.
En cuanto a literatura chilena, hace poco adquirió para revisar próximamente Clara y Confusa, novela por la que la chilena Cynthia Rimsky ganó el Premio Herralde de Novela en 2024.
Entre el Festival de Viña y lo conservador
Hace unos días, el 24 de marzo, Alex Anwandter cumplió 42 años. “Es bueno incorporar esa noción al trabajo, en el sentido de que es una oportunidad. No lo veo como una limitación, sino que ahora puedo permitirme explorar cosas más maduras y profundas. La profundidad no es el terreno de la juventud”.
Antes de la entrevista, el músico mencionó que la música era para jóvenes. “La música pop”, aclara.
—¿Cómo ves las nuevas generaciones de músicos pop en Chile?
“Me da la sensación de que la industria ha estado desarrollando más el género urbano. El pop no es tan comercial hoy en día, me parece. El pop ya no es pop, de cierta manera. El pop es como más independiente, no es lo popular. Al pop le quedó desfasado el nombre. Lo urbano es lo pop o lo popular. No hay mucho espacio acá para que se desarrollen artistas en ese género, lo que nunca es bueno”.

—¿Qué opinas del género urbano chileno?
No tengo ninguna opinión. En cualquier género hay cosas excelentes y hay cosas muy malas. Lo único que se me hace un poco raro de los géneros urbanos es que son difíciles de exportar. Quiero decir, desde Chile o de Argentina es raro que un artista chileno urbano cruce a Argentina. Y lo mismo al revés.
—¿Escuchaste Gata Only?
No, pero leí al respecto que le había ido como muy bien… Obama.
—La canción tuvo un boom en redes sociales. ¿Cómo te llevas con las redes? Muchos artistas también potencian su faceta de creadores de contenido.
No creo en eso para mí. Mi trabajo es el arte y generar contenido es algo en lo que no soy muy bueno. No tengo esa personalidad. Pero siento que el público que tengo yo, o sea, mis fans aprecian eso. Entienden cómo soy y me apañan. Nos entendemos. Es una relación muy sana. Todo el mundo que llega a mí, no llega porque estuve como haciendo Tiktoks virales, sino orgánicamente, por lo que a mí me importa, que es la música.
— Eres multifacético. ¿Qué piensas sobre artistas incursionando en otras disciplinas? Como Mon Laferte, a la que se le criticó su obra visual. ¿Crees que es parte del desarrollo natural de un artista?
Hay artistas que son más multimediales que otros. Yo, claramente, soy como de esa tradición de artista. Pero no es algo nuevo para nada. Almodóvar era músico antes de ser cineasta. O Pasolini, Violeta Parra, Víctor Jara, que trabajaba en teatro primero. Históricamente, es algo bastante común. Bastante común no serlo, también. En ese sentido, no sé si habrá un cuestionamiento realmente. Siento que se acepta. Sobre todo si la sensibilidad se siente como auténtica y conectada entre las disciplinas. No es como que me transformo en otra persona cuando escribo un poema o escribo un guion. Claramente, hay hilos que conectan. Siento que a la gente le gusta también. O sea, si a alguien le gusta mi música, le da cierta curiosidad, como una especie de metaverso.

—Hablemos de hitos en tu carrera. Has dicho que no te gustaría ir al Festival de Viña. ¿Sostienes eso?
Me lo preguntan mucho, pero yo no pienso en eso. No es como que despierte y piense en que quiero ir al Festival. Simplemente, no es una meta mía, porque pienso que no tengo el carácter adecuado para ir a ese Festival.
—¿Cuál es el carácter de un artista que va al Festival de Viña?
Más televisivo. Tengo un lado un poco más punk que no se lleva tan bien con la televisión. Por ejemplo, la idea de interrumpir el show para que te den un premio, eso se me hace rarísimo y como que no tiene nada que ver con mi trabajo. Me parece bien que no me inviten.
—Estuviste en el Festival del Huaso de Olmué en 2020, después del estallido social. ¿Cómo fue esa experiencia?
Me gustó, porque nuestro país en esa época era otro país y le pude encontrar un sentido. Fue en esa época en que los Carabineros estaban dejando sin ojos a la gente, entonces me pareció que cumplía un propósito tener esa pantalla más grande. No estoy en contra del Festival de Viña, pero pienso que no soy muy apropiado.
Sobre la polémica que antecedió a la participación de Dani Ride en el último certamen viñamarino, no está enterado. Tras ponerlo en contexto, Anwandter, quien está radicado en Estados Unidos, dice: “No puedo ser más anticlerical y antiiglesia. O sea, si hay un club antiiglesia, por favor, fírmenme. Se me hace absurdo, súper obsoleto. Pero por ahí no es tan obsoleto, porque se sigue dando la discusión. El problema con estas discusiones es que el nivel en general es bastante bajo. Qué loco, cómo está todo más conservador”.
—¿Cómo ves el conservadurismo en Estados Unidos?
Lo más preocupante es que hace muchas generaciones que no sucedía que los jóvenes se volvieran más conservadores que sus padres, y eso es muy raro. Además, no sé si será como una causa-efecto directa, pero también es la primera generación que es más pobre que sus padres. De ahí a empezar a atender ideas de payasos más extremos, no es un salto tan grande, o sea, los chicos están recibiendo menos información de calidad, también están todo el rato en las redes sociales, donde el que grita más fuerte es el que establece la narrativa. Es complicado.
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