Beto Cuevas en el Teatro Municipal: azotarte tiernamente

La cita en el Teatro Municipal fue un tributo a sí mismo y a la banda que lo convirtió en figura, bajo un elegante enfoque donde el público se sintió parte de la historia en un sitio histórico, disfrutando la proximidad del talento sin mella de una estrella chilena internacional.
Las luces del teatro municipal de Santiago se encienden en la primera media hora de concierto a pedido de Beto Cuevas para contemplar la sala repleta, en la primera función de la tarde del sábado de su espectáculo acústico, que este fin de semana se tomó el recinto con 168 años de historia.
El cantante de La Ley observa sonriente el cielorraso primorosamente decorado, los balcones, la platea y los rostros del público, en una breve pausa de este reencuentro con una de las más grandes estrellas del pop nacional de todos los tiempos. Beto sonríe y declara su satisfacción por haber llegado a un lugar así cargado de historia, que desde hace un tiempo ha ampliado su concepto de arte en pos de los gustos populares, y sus figuras consagradas e inapelables.

El cantante de 57 años cierra un círculo en una trayectoria exitosa marcada por paradojas, sometido a una larga prueba de legitimidad. Desde que ingresó a La Ley y a pesar de sus talentos que incluyen voz e imagen únicas, Beto Cuevas lidió con cierto ninguneo. Primero sus propios compañeros, reacios a reconocer a un igual porque solo era el cantante -como si expresarse musicalmente al micrófono fuera chasquear los dedos- y porque, en aquel entonces, no tocaba guitarra. Cuando aprendió a dominar el instrumento, otros artistas locales de renombre miraban con desdén sus talentos incluyendo la composición del hit Mentira, que le valió un premio en 2002 de la centenaria ASCAP -American Society of Composers, Authors and Publishers, con un rol similar a nuestra SCD-, como mejor tema latino del año.
La prensa hizo lo suyo, decidiendo tempranamente que La Ley clasificaba como pop desechable, en cambio Los Tres encarnaban el verdadero rock. Curiosamente en la interna, no había gran diferencia entre ambos grupos en términos de una existencia que combustionaba en torno a los excesos, con la excepción de Cuevas.

El músico sonríe, bromea y conversa relajado con la audiencia en las pausas, como si el municipal se hubiera transformado en un espacio íntimo a pesar de su solemnidad. Cuenta cómo regresó a Chile cuando estudiaba diseño publicitario en Canadá acompañando a su madre, que volvía a trabajar al país tras el ocaso de la dictadura. Su hermana lo recomendó en La Ley, su única banda a la fecha, el grupo que terminó moldeando al asumir el liderato tras la tragedia de perder a Andrés Bobe, su cerebro musical.
El espectáculo rinde tributo al exitoso MTV Unplugged de 2001, ganador del Grammy latino entre otros reconocimientos y con más de un millón de copias vendidas, como también promociona el vinilo Beto Cuevas Acústico, grabado en 2022 en el teatro Teletón. Acompañado de una sección de cuerdas, coros, percusión, teclados, dos guitarras, bajo y batería -con la dirección del guitarrista mexicano Charly Rey y del baterista y director de orquesta nacional Carlos Figueroa-, Beto Cuevas ejecutó un brillante repaso musical. Imprimió un ritmo constante y preciso adaptando material que en su empaque original representaba el espíritu del pop rock con inclinaciones electrónicas, en esa bisagra entre fines de los 80 y la primera mitad de los 90. La traducción de ese lenguaje y texturas específicas al formato desenchufado, fluyen naturalmente.
El punto de intersección que plantea Beto Cuevas con su voz es atractivo e interesante en la medida que la trama musical se altera al desnudar las canciones en guitarras de palo y una base más suelta por la muñeca de Figueroa, mientras él replica con asombrosa similitud las melodías originales. Canta igual y aún mejor -con más cuerpo- que cuando era un veinteañero convertido en estrella con relativa rapidez.

El setlist se plantea en torno al unplugged que lo une a La Ley, pero Beto Cuevas aplicó un par de movidas para establecer que el espectáculo lleva su firma autoral. Abrió con Vuelvo y cerró con Háblame, cortes de su primer álbum solista Miedo escénico (2009). Invitó a Lucybell para versionar Milagro, en uno de los momentos más significativos de la cita, reuniendo en escena a proyectos históricos de la música popular chilena de los últimos 30 años, artistas que trascendieron hasta convertirse en instituciones generacionales. Fue también un cruce en distintas instancias: Lucybell se encamina a un receso indefinido, mientras Beto Cuevas anuncia un nuevo álbum en el segundo semestre, como ha dejado entrever la posibilidad de reunir nuevamente a La Ley.
Tuvo a la ganadora de The Voice Chile Javi Flores en varios temas aportando su portentoso caudal, como desplegó algunos movimientos característicos, entre ellos, los pasos registrados en el remate del video de Día cero, la clase de clip que certificaba la categoría internacional de La Ley por sobre cualquier otro artista chileno entre los 90 y la primera mitad de los 2000, cuando desde acá se les criticaba su mexicanización.

El histrionismo y el dominio de la gestualidad rockstar sigue intacto para un cancionero que el público coreó intensamente. Son estribillos masivos, que resonaban en todas partes, en una década prodigiosa para la música nacional de los 90. Prisioneros de la piel, Hombre, El duelo, Animal, Tejedores de ilusión, y hits de este milenio como Aquí y Fuera de mí, son sinónimo de una época brillante en la bitácora de Beto Cuevas.
La cita en el Teatro Municipal fue un tributo a sí mismo y a la banda que lo convirtió en figura, bajo un elegante enfoque donde el público se sintió parte de la historia en un sitio histórico, disfrutando la proximidad del talento sin mella de una estrella chilena internacional.
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