Columna de Marisol García: Nueva música chilena escondida del algoritmo

Destacan ya en este primer trimeste del año discos a cargo de creadores de nuestro país con música más exigente que el promedio, pero no por eso menos cálida.
Ni playlists, ni reels, ni conteo de likes. Evitar las sugerencias del algoritmo —no entregarse ciegamente a ellas, más bien— es un deber si se quiere estar alerta al talento musical chileno desacoplado de tendencias. Al margen de los márgenes del “urbano”, en reformulación de las convenciones de la cantautoría, aventurándose en experimentos sobre fondos y formas destacan ya en este primer trimeste del año discos a cargo de creadores de nuestro país con música más exigente que el promedio, pero no por eso menos cálida.
En uno de los extremos podríamos ubicar a Roberta Lazo, creadora tan disruptiva a la lógica de promoción como para publicar su último trabajo en formato cassette y limitado a treinta copias (Paisajes interrumpidos, Aula Records). Es un manifiesto radical inspirado en la emergencia climática, pero que permite ubicar la pista de esta compositora y artista visual chilena residente en Austria, quien hasta ahora suma una obra mayor de cruces entre disciplinas, formatos y mundos de referencia, con creciente presencia internacional. Otras cuatro mujeres en cruce entre investigación, composición y arte sonoro (Amanda Irarrázabal, Camila Cijka, Javi Robledo Karapas y Valentina Villarroel) ocupan el nuevo compilado Escuchas frágiles (sello Pueblo Nuevo), propuesta sostenida en la atención a la levedad de los sonidos circundantes, en un flujo de timbres inesperados (piedras, mar, viento) y electrónica; según ellas, “dedicado a la versatilidad y a la incomodidad de las escuchas”.
Son discos sin canciones ni estructuras aparentes, de abierta y sugerente invitación.
Aunque más cómodo que ellas con la canción y sus reglas, no podría asociarse a Andy Moletto la palabra ´convencional´. El prolífico cantautor santiaguino —con decenas de publicaciones digitales desde 2017— presenta en 12 Kolores de la noche (autoedición) una colorida propuesta de rock garagero, abrasivo, de letras punzantes y voz insolente. Es a las vísceras lo que la prometedora banda Hesse Kassel es al intelecto. El rock de su excelente primer álbum, La Brea, muestra a instrumentistas avezados y ambiciosos, que entran y salen de las armonías a su antojo, en quiebres que necesita precisamente de este tipo de vocalización destemplada (escuchen Vida en Terranova y entenderán). De la nada, hace un par de semanas el popular youtuber español ShaunTrack les dedicó un video completo. Lo tituló de manera elocuente: “Descubrirles me ha hecho creer que el rock aún no va a morir”.
Pero también entre la resplandecencia del pop hay nombres destinados a una exposición más amplia que la que otorgan los vericuetos online. El nuevo disco del cantautor y productor Andrés Landon, Era (autoedición), es una noticia importante para el medio local, por la estupenda factura de sus canciones, por el atípico colorido de su estilo cosmopolita y, en general, por el oficio que transmite el músico en el urdido minucioso de arreglos, voces y ritmos. Su imaginación creativa fija una vara alta, pero esperable en el muy experimentado Landon, con vidas previas musicales en Francia y en México (donde trabajó con Natalia Lafourcade y Carla Morrison, entre otros), aunque una vocación de frescura que no quiere ostentar conquistas, sino más bien invitar a las 3 ‘B’: bailar, besar, beber.
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