Shakira en Chile: la existencia del espectáculo total

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Shakira en Chile: la existencia del espectáculo total

Lo de Shakira en este Las Mujeres Ya No Lloran World Tour no deja nudo suelto. Es una apabullante demostración de cartón completo sin nada al azar. Una fiesta emotiva, discursiva, visualmente voluptuosa y que suena impecable. Shakira brilla en todo momento como una estrella de talla mundial en completo dominio del juego de la música popular, al más alto nivel.



“Mejor que Taylor Swift”, presagia una entusiasta de la producción mientras encamina a la prensa rumbo al parque del Estadio Nacional para presenciar, al fin, el regreso de Shakira tras la suspensión a comienzos de marzo, por problemas técnicos. No es posible la comparación con la súper estrella estadounidense cuya apoteósica gira no recaló en Chile, pero resulta factible medirla con sus pares de Hispanoamérica. Si esa es la regla, lo demostrado en el primero de tres conciertos en Santiago la instala en un plano solitario. Es lejos, pero muy lejos, la figura que mejor se desenvuelve y se expresa en las lides del pop en nuestro idioma, con ambición planetaria. Lo de Shakira esta noche en el recinto de Ñuñoa califica como el show más completo y complejo que puede ofrecer hoy en día una artista musical nacida en la América morena.

Se puede discutir cómo ha difuminado las barreras entre lo público y lo privado, convirtiendo sus relaciones amorosas en un libro abierto, mucho antes que Taylor Swift por cierto. Es debatible que utilice la imagen de los hijos, y cómo logró que su quiebre matrimonial se convirtiera en agenda de género y empoderamiento después de encarar por años, con otras parejas, a la enamorada latina entregada del siglo XX. Sin embargo Shakira, lo proclama su espectáculo como concepto, es muchas mujeres a la vez y ha cambiado con el tiempo.

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Es madre y proyecta animaciones donde se representa como una loba que cuida de dos cachorros; es una sirena triste que llora una lágrima convertida en diamante (¿una metáfora de cuánto ha facturado por sus dramas?). Es recreada en los 90 cuando encarnaba una mini me de Alanis Morissette, o canta en medio de un averno.

Todas estas fueron imágenes y secuencias en la gigantesca pantalla que ocupa por completo el amplio fondo, introduciendo distintos segmentos donde la colombiana cambia constantemente de vestuario. Incluso la cámara la sigue a su camerino mientras canta y la asisten para una nueva indumentaria, en un alarde extraordinario en medio de un show con características de musical. ¿Mejor que Taylor Swift? No lo sabemos, no lo vimos, pero Shakira claramente sigue en la élite del pop femenino.

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Su voz no muestra detalle alguno, considerando que en 2017 sufrió un desgarro en las cuerdas vocales que obligó a posponer El Dorado World Tour. Interpreta impecablemente, luce 15 años menos, y su condición física es fenomenal acorde al desafío del espectáculo. Sólo hacia el último tercio del show bajó un poco las revoluciones después de hora y media de coreografías y movimientos marca registrada -el dominio corporal es completo-, ejecutadas sin yerro.

A 30 años de Pies descalzos, el álbum que la lanzó al estrellato latino, Shakira es una estrella transversal en términos etáreos. En el parque del Nacional había desde niñas pequeñas hasta mujeres en la cincuentena cantando la gran mayoría de los éxitos de la colombiana, que a estas alturas se agrupan por decenas. Tiene tantas canciones conocidas que recurrió varias veces al enganchamiento de par en par -Te felicito y TQG, por ejemplo-, como también empalmó de a tres, el caso de Copa vacía seguida de La bicicleta y luego La tortura.

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Esta transversalidad es también estilística. Desde los 90 hasta el presente, Shakira se ha embarcado en las principales corrientes populares. Era una chica rockera que tomaba prestado sin pudor de High & dry de Radiohead para dar moldura a Inevitable, acompañada esta noche del correspondiente karaoke masivo por su condición de clásico entre clásicos de su repertorio, hasta las sesiones de Bizarrap, alianza antecedida por una serie de singles con colaboraciones de primer nivel en el firmamento latino, contando Alejandro Sanz, Maluma y Carlos Vives. Una carta que ella juega desde hace lustros, y que hoy es regla en el pop regulado por el urbano.

Arrancó electrónica con Las de la intuición seguida de Estoy aquí, en la primera demostración de la noche de que el público, sin importar la edad, conoce en profundidad su material y venía dispuesto a bailar.

“¡Estoy aquí Chile!”, saludó. “Muchas gracias por esperarme (...) por ustedes me salto cualquier obstáculo”. “Esta noche y siempre -agregó-, (...) somos uno”, concepto reforzado gracias a las pulseras repartidas entre la audiencia que, tal como sucedió con Coldplay en su residencia en el Estadio Nacional, se sincronizan en colores y ritmos con las canciones, lo que convirtió al recinto completo en un espectáculo multicolor y gigantesco.

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Cuando llegó uno de sus últimos grandes éxitos -Te felicito- fue uno de los momentos de la noche. En una lograda secuencia, Shakira ensambló una especie de Kent inútil. “Estos años no han sido fáciles”, dijo más tarde para cantar Don’t bother. Luego vino el video de la loba con los cachorros mientras parte del público se expresó espontáneamente gritando un criollisimo “¡chúp**o Piqué!”.

Hubo fiesta con Hip’s don’t lie, bachata con Monotonía, urbano súper pop con Chantaje. Azotó un gigantesco tambor en Addicted to love, seguida inmediatamente de Loca. Lanzó una perorata a favor del amor propio para cantar muy coqueta el hit Soltera. Se puso lacrimógena en Última y un nuevo cambio de vestuario en Ojos así incluyendo un número de danza árabe, para luego retroceder el calendario con imágenes de sus comienzos en Pies descalzos. El público nuevamente dejó en claro que mientras más antigua la canción, mayor coro. Lo mismo ocurrió con Antología.

Con Ciega, sordomuda cubrió el último tramo que le faltaba para demostrar que domina todo el catálogo pop de los últimos 30 años, sumando texmex.

Lo de Shakira en este Las Mujeres Ya No Lloran World Tour no deja nudo suelto. Es una apabullante demostración de cartón completo sin nada al azar. Una fiesta emotiva, discursiva, visualmente voluptuosa y que suena impecable. Shakira brilla en todo momento como una estrella de talla mundial en completo dominio del juego de la música popular, al más alto nivel.

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