Un 4 de abril de 1925, una frase cambiaría la historia del fútbol chileno para siempre. Pronunciada por el profesor y jugador, David Arellano, en plena asamblea del club Magallanes, dicha oración es, ahora centenaria.

“Vámonos Quiñones, que jueguen los viejos”, sentenció el joven deportista de 23 años. Fue la forma en que traspasó épocas. La alusión original era un poco más extensa: “Vámonos mejor Quiñones. No se puede con estos viejos. Que jueguen los viejos. Si pueden”.

¿Qué llevó a este un joven pedagogo a rebelarse de esa manera, en una época donde el respeto hacia las personas mayores era una norma estricta? Según el el historiador Sebastián Salinas, en su libro, Por Empuje y Coraje, Arellano buscaba profesionalizar la actividad. “No comparte la falta de disciplina, celebraciones alborotadas y groseras de goles o victorias, la poca seriedad en los entrenamientos y la actitud de ciertos jugadores que llegan a jugar ebrios en competencias oficiales”, sostiene.

Por lo mismo, la citación que realizó la directiva de la Academia para la mencionada jornada era vital para este mediocampista. Allí se elegiría al capitán del equipo y en esos tiempos, dónde los entrenadores casi no existían, el portador de la jineta organizaba los entrenamientos, determinaba la estrategia dentro del campo y era el encargado de innovar en los aspectos deportivos de las instituciones.

De pie y al centro, Juan Quiñones, agachado y a la izquierda, David Arellano. Foto: @CSDColoColo.

La historia de la frase que dio inicio al nacimiento de Colo Colo

La rebelión iniciada por los jóvenes del cuadro albiceleste, naturalmente, no era compartida por los directivos de ese entonces y cuando comenzó la reunión, a las 16:30 horas, en las canchas de Independencia, los futbolistas se enteraron de dos medidas que no tenían contempladas: votarían solo los deportistas inscritos hasta 1924 y también lo harían los dirigentes. De esa forma, se les negaba la posibilidad de sufragar a los nuevos integrantes. Muchos de ellos, seguidores de Arellano.

El resultado fue obvio. Arellano pierde las elecciones y el arquero Julio Frías fue elegido con el honor. La medida era llamativa: no era titular ni contaba con el beneplácito de todos sus compañeros. Por lo mismo, y ante lo que consideraba una injusticia, Juan Quiñones comienza a alzar la voz e intentar revertir la medida.

La respuesta del presidente subrogante de Magallanes, Santiago Nieto, encendió los ánimos. “El directorio ya ha designado capitán del equipo y ustedes deben acatar esa designación. Si no la aceptan, la puerta es ancha. A nadie se le detiene por la fuerza en la institución”, sostuvo tajante.

Entonces, un enardecido Quiñones quiere seguir debatiendo, pero su voz es acallada con una orden perentoria de David Arellano: “Vámonos Quiñones, que jueguen los viejos”.

De inmediato, Clemente Acuña, Rubén Sepúlveda, Rubén Arroyo, el utilero Alejandro Arellano, Francisco y David Arellano y, por supuesto, Juan Quiñones, abandonarían la el lugar y caminarán por esa tradicional avenida rumbo al sur.

Allí, en la intersección con la calle El Panteón, se unen al grupo Armando Stavelot, Nicolás Arroyo, Guillermo Cáceres y Luis Contreras y todos juntos deciden ir al bar Quitapenas que se encontraba muy cerca del lugar.

Y aunque aquel día no toman la determinación de formar un nuevo club, llegan a la conclusión de que sus ideas tampoco serían tomadas. La revolución estaba en marcha y 15 días después nacería Colo Colo Football Club. Quiñones se encargaría de vestir de blanco, por la pureza de los valores, y negro, para representar la seriedad de sus ideas.

Mira el video con el cual el CSD Colo Colo recordó la frase: