“Advierto una mirada peyorativa”: exsubsecretario Vargas apunta al Mineduc en su primer discurso como rector de la U. Finis Terrae

Exsubsecretario Vargas apunta al Mineduc en su primer discurso
Exsubsecretario Vargas apunta al Mineduc en su primer discurso

La nueva máxima autoridad de la casa de estudios, que a su vez fue el primer subsecretario de Educación Superior del país, le dio con todo al gobierno y a la cartera que comanda Nicolás Cataldo en su presentación oficial en la universidad.


Cristian Nazer, rector saliente de la Universidad Finis Terrae (UFT); Rosa Devés, rectora de la Universidad de Chile, y Leonor Varas, directora del Demre, entre otros, escucharon con atención el primer discurso que Juan Eduardo Vargas realizó como nuevo rector este viernes en el teatro Finis Terrae de avenida Pedro de Valdivia. También lo oyó atentamente María Elisa Zenteno, jefa de la División de Universidades de la Subsecretaría de Educación Superior, la única representante del Mineduc presente en la investidura.

Fue ella la que luego, seguramente, le transmitió al resto de la cartera las duras palabras que Vargas –primer subsecretario de Educación Superior del país durante Piñera II– le dedicó al gobierno y los intentos de cambios que lleva actualmente, como el FES.

“Este es un día muy significativo para mí y quiero empezar agradeciendo la oportunidad que se me brinda de ser el quinto rector que ha tenido esta institución”, fueron las primeras palabras del discurso del ingeniero comercial.

Y así, tras agradecer la confianza para pasar de ser vicerrector académico a rector y a su antecesor, y plantear los principales ejes de su gestión donde tiene como meta posicionar a la UFT dentro de las cinco mejores universidades privadas del país, se dio tiempo para referirse a la situación de la educación universitaria en general en nuestro país, “y cómo ella afecta” –según dijo– a su universidad. “Habiendo sido subsecretario de Educación Superior, ciertamente sería extraño que no hiciese una mención a este último punto”, justificó.

En ese sentido, el primer aspecto mencionado fue la sostenibilidad financiera. “Es imposible desconocer que la adscripción a la política de gratuidad ha implicado para nuestra universidad una merma de sus ingresos, lo cual nos ha exigido hacer más eficientes nuestros procesos y ha implicado la postergación de ciertos proyectos de inversión, con un costo creemos que lo menor posible en términos de calidad”.

“Lamentablemente –sumó–, el esfuerzo realizado hasta el momento no parece ser suficiente, pues la amenaza de los nuevos aranceles regulados pende como una espada de Damocles sobre nuestra institución. Así las cosas, de no mediar una modificación por parte de la Subsecretaría de Educación Superior, esta fijación de aranceles implicará una nueva rebaja de ingresos para la universidad, algo contra lo cual me rebelo, por existir a la base de este cálculo una mirada peyorativa respecto del aporte de las universidades privadas, cuestión en la que ahondaré en unos momentos”. Y cerró sobre este punto: “En suma, podemos decir que la gratuidad exige el compromiso de todos nosotros, incluyendo el del gobierno”.

Nazer Vargas
Cristian Nazer (izquierda) y Juan Eduardo Vargas (derecha), rectores entrante y saliente de la Finis Terrae.

Ahí llegó el turno de ahondar en lo relativo a la educación superior. “Actualmente, existen dos grandes amenazas que se ciernen sobre el sistema de educación superior y que afectan particularmente a las universidades privadas”, contextualizó.

Por una parte, abordó la tramitación del Financiamiento a la Educación Superior (FES). De él dijo que, tal como se encuentra diseñado, implica la prohibición del copago para los estudiantes que accedan a este beneficio, “lo que supondría, según estimaciones, un menor financiamiento para las universidades privadas cercano a los $350 mil millones anuales, con el consecuente efecto negativo en calidad. El daño que se genera al subsistema universitario es enorme, pero especialmente afectadas se verán las universidades privadas que no están adscritas a la política de gratuidad”.

Por otra parte, se refirió a los nuevos aranceles regulados, monto que el Estado traspasa a las instituciones de educación por cada alumno que estudia con gratuidad. “Los aranceles que hace pocas semanas propuso la subsecretaría implican, en términos aproximados, menores ingresos para las universidades privadas adscritas a gratuidad estimados por $26 mil millones anuales. Sí, tal como acaban de escuchar. Considerando, entonces, que por una parte se menoscaba la sostenibilidad de las universidades privadas no adscritas a gratuidad y, por otra, la de las que sí lo estamos, no cabe sino concluir que lo que se persigue –quizá no en la intención, pero sí en los hechos– es atentar seriamente contra las universidades privadas”.

Tras ello dio paso quizás a sus palabras más duras contra la actual administración. “Me pregunto por qué la autoridad querría afectar negativamente a las universidades privadas y, de esta forma, dañar la calidad de nuestro sistema de educación superior, a pesar de que él es, en términos generales, el mejor de la región”.

“Asumo que, en su afán por recortar los aportes a la educación privada, el actual gobierno no ve el detrimento que tendrá el sistema de educación superior como un todo, y que afectará especialmente a los propios estudiantes a quienes dice apoyar”, añadió, cerrando con un “dicho de manera más directa aún, parece inevitable no advertir una mirada peyorativa, e incluso más, una cierta animadversión de la actual administración respecto de la iniciativa privada en el ámbito de la educación superior, que socava la sustentabilidad de todas las universidades privadas existentes en nuestro país”.

Pero Vargas también se dio espacio para marcar algunos puntos específicos más generales. Por ejemplo, en una parte de su discurso dijo que en un contexto en el que nos preguntamos si la inteligencia artificial llegará a reemplazar a las personas o a hacer las labores cotidianas, “las artes y las humanidades, como espacio privilegiado para el encuentro con la belleza, parecen ser irreemplazables (...) No todo es mensurable, no todo es sujeto de ser reducido a números; no todo el proceso formativo se reduce a la medición de competencias: la experiencia de enfrentarse a lo bello, a lo sublime es, en ese sentido, esencialmente formativa”.

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