Columna de Bastián Henríquez y Ricardo Hurtubia: La silenciosa salida de las bicicletas naranjas

Bicicletas
Columna de Bastián Henríquez y Ricardo Hurtubia: La silenciosa salida de las bicicletas naranjas.


Por Bastián Henríquez, Profesor Asistente, Departamento de Ingeniería Civil, Universidad de Chile y Ricardo Hurtubia, profesor Asociado, Escuela de Arquitectura & Departamento de Ingeniería de Transporte UC. Investigador Principal, Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS).

Los sistemas de bicicletas compartidas, presentes en muchas ciudades del mundo, generan beneficios que van desde la salud de sus usuarios por la realización de viajes activos, hasta la reducción de congestión y emisiones. En muchos casos, puede ser un complemento del transporte público, al facilitar la conexión de estaciones y paraderos con los puntos de origen y destino de los pasajeros. Además, son valoradas positivamente por los usuarios y la población en general, especialmente por los jóvenes, debido a que otorgan mayor accesibilidad y hacen que los barrios se vean más atractivos y modernos. Ahora, para que estos beneficios existan realmente, se requiere de una red de infraestructura cicloinclusiva extensa y de alta calidad, algo en lo que Santiago está al debe, pero avanzando lentamente en la dirección correcta.

A pesar de lo anterior, recientemente -y de la noche a la mañana- las bicicletas compartidas (Bike Itau) desaparecieron de Santiago Centro, eliminando sus estaciones y perjudicando a miles de usuarios del sector de la ciudad donde más era utilizado el sistema, en una medida que se aleja del óptimo y que entorpece el avance hacia una ciudad más sostenible y justa.

Pocas explicaciones se han dado para esto, pero es muy probable que las causas sean financieras. En otras ciudades, como Washington, San Francisco, Londres o Ciudad de México, el Estado subsidia los sistemas de bicicletas compartidas, lo que garantiza su viabilidad financiera, al mismo tiempo que permite una mayor cobertura y menor precio para el usuario. Además, las autoridades locales regulan la operación de dichos sistemas.

La Estrategia Nacional de Movilidad Sostenible considera la creación de incentivos para la implementación de sistemas públicos de bicicletas y menciona la exploración de subsidios e integración tarifaria con transporte público (pág. 52). Un esquema de subsidios adecuado, podría asegurar que la micromovilidad compartida genere beneficio social y permitiría la expansión de la cobertura hacia sectores de menor ingreso, pero de alta demanda potencial de viajes. Sin embargo, al no responder a una política de Estado, algo positivo y que a todas luces será cada vez más necesario para la ciudad, puede simplemente desaparecer sin pena ni gloría, excepto para sus usuarios actuales “viudos” y para los no-usuarios del futuro, que recordarán con nostalgia los tiempos en que existió una alternativa adicional de movilidad conveniente y sostenible.

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