Columna de Elisa Araya: La educación en tiempos de la hiperrealidad

Por Elisa Araya, Rectora Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE).
La serie “Adolescencia” nos propone una reflexión profunda sobre cómo la familia está construyendo sus cánones de crianza y sobre cómo el sistema escolar está educando a las nuevas generaciones. En definitiva, sobre cómo este mundo globalizado está “educando” a la sociedad actual y del futuro. Se percibe a los profesores en una franca derrota ante el intento permanente de generar un clima escolar propicio para el aprendizaje curricular.
A mediados del siglo XX la filósofa Hannah Arendt advertía sobre la universalidad de la “crisis de la educación”. Su reflexión iba de la mano de un llamado a encontrar un justo equilibrio entre una escuela que libera el pensamiento y la acción de los educandos, al mismo tiempo que los “cuida”, los “conserva”, los “protege”.
¿Cómo estamos hoy educando en el justo equilibro las libertades, pero también los deberes morales de las próximas generaciones? Si en definitiva estamos colocando solo el acento en un individualismo al extremo egoísta y violento, o si estamos educando a jóvenes responsables, solidarios y compresivos en la transformación de una sociedad que está “sellada” por múltiples injusticias.
No quiero decir que no se deban usar las plataformas, sino que es bueno tomar conciencia -como decía el filósofo Paul Virilio- de la “sincronización de las emociones” en una sociedad global. Esta hiperrealidad de la serie puede ser usada para lo peor, como decía Virilio, para una “administración política del miedo”. Una reacción “iliberal” -como decimos hoy en día- nos puede llevar demasiado rápido hacia el “populismo penal”, en este caso, de la vida adolescente y juvenil.
Es muy pertinente para los educadores de hoy, pues ellos deben saber comprender la profundidad de los desafíos a los que estamos conminados. La educación siempre ha sido una tarea compleja y cada era tiene sus propios horizontes críticos. Debemos empeñar nuestra confianza en que la formación inicial docente está mirando la realidad y está formando profesoras y profesores del mañana; es decir, profesionales que serán capaces de innovar ante los nuevos desafíos que una sociedad globalizada, digitalizada e individualista les plantea.
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