¿Sirven los suplementos vitamínicos para controlar el estrés?

vitaminas

Se han visibilizado exponencialmente en el último tiempo en redes sociales, lo que ha contribuido a popularizar su uso. Aunque muchos cumplen con los efectos que prometen, los especialistas señalan que no pueden ser utilizados sin la prescripción de un profesional de la salud. “Si la persona tiene dudas, tiene que hablar con el químico farmacéutico”, recomienda Fernando Torres, director de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello.


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Triptófano, gaba, ashwaganda, melisa, pasiflora, valeriana, rhodiola y magnesio. Estos son algunos de los suplementos vitamínicos que se promocionan ampliamente en redes sociales para controlar el estrés, un mal bastante extendido en la sociedad contemporánea donde la vida es rápida y exigente. Con promesas como mejorar el sueño, reducir el estrés, la ansiedad y apoyar el bienestar general, los influencers no paran de recomendarlos.

¿Pero qué tan efectivos son? Después de todo, prometen hacer frente a un enemigo poderoso.

“No es bueno que estos minerales ni vitaminas se utilicen a destajo o por recomendaciones de la vecina, de la amiga o de alguien”, explica de partida Fernando Torres, director de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello (UNAB). “La idea es que haya un profesional de la salud de por medio. Si la persona tiene dudas, tiene que hablar con el químico farmacéutico, no con el vendedor”, aconseja el especialista.

¿La razón? Primero que todo: no todo el estrés es malo ni necesita ser “tratado” con suplementos.

“El estrés es una respuesta fisiológica hacia alguna situación amenazante o desafiante que nos prepara desde lo más primitivo para reaccionar de forma rápida, donde se liberan hormonas como cortisol y adrenalina que hacen que nuestros músculos estén activos y nuestro cerebro esté bien despierto. Además, deja en segundo plano actividades o funciones que no son tan relevantes para la vida”, explica Juan Pablo Mansilla, neurólogo de la Clínica Ciudad del Mar.

Fernando Torres
Fernando Torres, director de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello (UNAB).

El especialista señala que este estrés, el estrés agudo, no es malo. “Nos ayuda y es lo que evolutivamente permitió que sobreviviéramos a lo largo del tiempo”, indica.

Sin embargo, cuando el estrés es crónico se vuelve dañino; tanto, que es insuficiente suplementarse y la decisión más responsable es ir al médico. “Se ha visto que con la liberación de cortisol y de adrenalina de forma sostenida se genera un aumento del riesgo de enfermedades cardio y cerebrovasculares, trastornos digestivos, alteración del sueño, bajas defensas y a nivel mental puede generar aumento de ansiedad”, dice el doctor Mansilla.

Frente a la aparición de estos síntomas, muchas personas buscan apoyo en los suplementos vitamínicos, sin embargo, hay que considerar que estos sólo serán necesarios “cuando la alimentación no logra cubrir las necesidades de nutrientes, específicamente de vitaminas y minerales”, indica Mauricio Ríos, nutricionista deportivo de la Unidad de Medicina Deportiva UC Christus.

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Los profesionales de la salud subrayan que los suplementos vitamínicos no serían necesarios de llevar un estilo de vida equilibrado y saludable.

“Esto pasa cuando la alimentación no es variada, cuando estamos sometidos a alguna restricción alimentaria o bien cuando por alguna condición de salud tenemos mayores necesidades que no logran ser cubiertas a través de los alimentos, en ese caso será necesario utilizar un suplemento en dosis acordes a estas condiciones”, agrega

La efectividad de los suplementos vitamínicos varía según factores diversos como la dieta del individuo, sus necesidades específicas de nutrientes y su estado de salud general.

“Si tú me preguntas si son efectivos, yo te tendría que responder como profesional de la salud: depende. Si la persona no tiene una dieta equilibrada, si la persona no hace ejercicio, si no duerme bien, depende. Porque te digo: los suplementos contribuyen a mejorar una enfermedad, pero no van a remediarla”, señala Fernando Torres, académico UNAB.

¿Tienen efectos positivos? Sí

Los especialistas analizaron el magnesio, el triptófano, el gaba, la ashwaganda y algunas hierbas medicinales para determinar si son eficaces para controlar el estrés.

El primero de ellos es el magnesio, que se presenta en distintas versiones: citrato de magnesio, glicinato de magnesio, L-treonato de magnesio y otras más. La diferencia entre ellos radica en que “son las formas químicas en que los farmacéuticos las preparamos para que puedan ser absorbidos por el organismo. Pero en el fondo lo que interesa ahí es el mineral”, aclara Fernando Torres.

El magnesio es un micronutriente muy importante que cumple funciones a nivel de nuestro sistema nervioso, muscular, óseo e inmunológico y que ayuda a regular los niveles de cortisol y la producción de serotonina. “Ayuda a relajar el sistema nervioso y a regular la ansiedad”, dice Fernando Torres.

Consumir magnesio podría ayudar en la ansiedad y el estrés.
El magnesio, el triptófano, el gaba, la ashwaganda y algunas hierbas medicinales sí han demostrado tener efectos antiestrés. La gran pregunta es: ¿necesitamos sumplementarnos con ellas?

“Contribuirá sobre la musculatura como un relajante natural, retrasa la fatiga muscular y a nivel del sistema nervioso, ayuda a mejorar la ansiedad y el estrés, sobre todo cuando se combina con vitamina B6, que está presente en el pollo, el salmón, las sardinas, la carne de cerdo, las legumbres, arroz, papas y nueces, entre otros”, indica el nutricionista Mauricio Ríos de UC Christus.

El triptófano es un aminoácido esencial, a partir del cual se fabrican hormonas en nuestro organismo. Activa el cerebro y varias glándulas. Estimula también la formación de serotonina conocida como la “hormona de la felicidad”. “Juega un papel clave en la regulación del estado de ánimo, el sueño y el apetito”, comenta Mauricio Ríos.

El gaba o ácido gamma-aminobutírico es un neurotransmisor que se produce en el sistema nervioso central y “te permite inhibir el cerebro, baja la excitación de las neuronas y la persona se va a sentir más tranquila, pero a largo plazo”, dice Fernando Torres.

Los adaptógenos, comenta Torres, son productos vegetales muy utilizados en la medicina herbolaria que permiten estabilizar procesos fisiológicos, es decir, ayudan a mantener un equilibrio interno adecuado, lo que se conoce en medicina como homeóstasis. Un ejemplo es la rodhiola, que también se cree que mejora la resistencia al estrés, la fatiga y la depresión.

La ashwaganda es una hierba adaptógena utilizada en la medicina ayurvédica a la que se le han atribuido propiedades para mejorar el sistema cardiovascular, el procesamiento inflamatorio y el insomnio. Según Fernando Torres, la persona va a tener una mejor circulación sanguínea, el cerebro se va a oxigenar mejor y de este modo se reducirá el estrés. Mauricio Ríos cuenta que en varios estudios, personas que tomaron esta hierba durante 6 a 8 semanas afirmaron sentir menos estrés y ansiedad, así como menos cansancio e insomnio.

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Las conocidas de siempre –melisa o toronjil, pasiflora o flor de la pasión y la valeriana—también pueden considerarse adaptógenos.

Las conocidas de siempre –melisa o toronjil, pasiflora o flor de la pasión y la valeriana—también pueden considerarse adaptógenos. “Desde tiempos milenarios son reconocidas sus propiedades tranquilizantes, como ansiolíticos y para dormir”, dice el director de la Escuela de Química y Farmacia de la UNAB.

“Los efectos positivos son muchos. Sin embargo, lo ideal es que la indicación vaya de la mano de un médico o nutricionista que evalúe las necesidades en relación al estado de salud y a la alimentación de la persona, de esta manera las dosis se pueden ajustar de forma individual y en relación a los objetivos. Además hay vitaminas que se pierden cuando son utilizadas en dosis elevada, mientras que otras en cantidades muy altas pueden ser tóxicas para nuestro organismo”, señala Mauricio Ríos.

A pesar de sus posibles beneficios, los profesionales de la salud subrayan que los suplementos vitamínicos no serían necesarios de llevar un estilo de vida equilibrado y saludable.

“Obtendríamos lo que necesitamos de la actividad física, de las relaciones interpersonales, de nuestra alimentación. Lo ideal es que sea lo más natural posible, harta verdura, harta fruta. Tratar de evitar los alimentos ultra procesados, el consumo excesivo de azúcar, de alcohol y el tabaco. Y tener un buen sueño”, concluye Juan Pablo Mansilla, neurólogo de la Clínica Ciudad del Mar.

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