El libro que narra la vida política de Mario Vargas Llosa

Vargas Llosa
Ilustración Sandro Baeza / La Tercera.

En "Vargas Llosa, su otra gran pasión", el expremier peruano Pedro Cateriano aborda el trayecto político del Nobel, desde su rechazo a la dictadura de Odría en los años 50 y su admiración por la Revolución Cubana, a su posterior decepción con la izquierda. Además, revela detalles inéditos de su fallida candidatura a la Presidencia en 1990.


De Mario Vargas Llosa se sabe que nació en Arequipa, que fue hijo único, que se crio en la ciudad boliviana de Cochabamba, que la relación con su padre autoritario lo marcó, que estudió en un internado militar en Callao y que a los 15 años trabajó como periodista en el diario La Crónica. Cualquier biografía del Nobel peruano dirá también que se casó a los 19 años, que comenzó su carrera literaria a fines de los años 50, que se divorció para contraer nupcias con su prima Patricia y que en París terminó de fraguar su primera y elogiada novela: La ciudad y los perros (1963). De ahí, una vida de libros fundamentales, viajes, Boom Latinoamericano y premios.

Aunque es más que sabido que Vargas Llosa postuló a la Presidencia en 1990 -y que perdió en segunda vuelta frente a un entonces desconocido Alberto Fujimori- no se ha indagado tanto en la vida política del escritor. Con esa premisa, el abogado y político peruano Pedro Cateriano acaba de publicar Vargas Llosa, su otra gran pasión (editorial Planeta), el primer libro que aborda en profundidad la vida política del novelista. Cateriano -que ejerció como primer ministro en los gobiernos de Humala y Vizcarra- ha sido por años una suerte de escudero y confidente de Vargas Llosa, con acceso privilegiado a material e historias inéditas del escritor.

“Esta biografía política es una deuda que tenía pendiente con Mario Vargas Llosa”, escribe Cateriano en la introducción de su libro. Según el expremier, lo que marcó el devenir político de Vargas Llosa fue el régimen militar de Manuel Odría (1948-1956). El golpe del 48 en Perú generó “el primer acercamiento de Vargas Llosa con el peor de los rostros de la política: el ejercicio abusivo del poder y la dictadura”, sostiene el texto.

Mario Vargas Llosa

“Un hecho que lo marca y que más adelante se convertirá en el tema central de su novela Conversación en La Catedral es el golpe de Estado que da el general Odría, que depone al Presidente José Luis Bustamante y Rivero, una figura admirada por la familia Llosa, no solo por estar emparentado, sino por lo que significaba, como hombre respetuoso de la Constitución y la ley. Y cuando ocurre el golpe de Estado, el único que festeja la caída de Bustamante es el padre de Mario”, explica Cateriano a La Tercera.

“La universidad de los cholos”

En esa misma época el escritor ingresó a San Marcos para estudiar Literatura, en “la universidad de los cholos, ateos y comunistas”. Todo aquello fue moldeando la personalidad compleja del Nobel y su enorme interés por el devenir político de su país y América Latina. “En San Marcos es donde tiene un contacto muy directo con la diversidad política y social del Perú. Un microcosmos”, apunta Cateriano.

“Ni bien ingresó a San Marcos, Vargas Llosa buscó acercarse a lo que pensaba debía ser su militancia política. Entró entonces al Partido Comunista, puntualmente a la célula clandestina Cahuide, cuya acción se dirigía a los grupos obreros”, apunta el texto de Cateriano. Además, adoptó el pseudónimo de “Alberto” para escribir en el boletín de la agrupación marxista. De esa etapa dejó registro en El pez en el agua (1993). Según Cateriano, “él no quiso ir a la Universidad Católica, que era el centro de estudios donde accedía la gente de clase media, media alta acomodada”.

Libro Vargas Llosa

El texto aborda también en detalle la simpatía que el escritor profesó en su momento por la Revolución Cubana y las causas de la izquierda latinoamericana, además del abrupto quiebre con Fidel Castro tras el caso del poeta Heberto Padilla, condenado en 1971 por “actividades subversivas” luego de sus críticas al castrismo.

“Vargas Llosa conocía perfectamente a Padilla, lo había tratado y sabía que esa acusación era un embuste”, apunta Cateriano. La primera misiva de condena al régimen cubano la firmaron el escritor peruano y varios otros autores de la región. Gabriel García Márquez, sin embargo, se arrepintió y pidió que sacaran su nombre.

Según el libro, en 2017 -tres años después de la muerte del Nobel colombiano- Vargas Llosa llegó a la conclusión de que su amigo tenía un sentido práctico de la vida y que en ese momento para un escritor era mejor estar a favor que en contra de La Habana. “Se libraba del baño de mugre que recibimos todos los que adoptamos una postura crítica”, explicó en ese minuto el Nobel, desde hace años un entusiasta difusor del pensamiento liberal y admirador tanto de Nelson Mandela como de Margaret Thatcher. “Su admiración y devoción por la Dama de Hierro es excepcional”, indica Cateriano.

Vargas Llosa
El ex primerministro peruano junto a Mario Vargas Llosa.

“El autor que más influyó en el pensamiento de Mario Vargas Llosa fue Jean-Paul Sartre. De ahí recoge la tesis del escritor comprometido. En el inicio él cree que la justicia social se debía lograr a través del socialismo en libertad y por esa razón ve el autoritarismo de la dictadura de Odría como algo que hay que combatir y se incorpora a la célula Cahuide. Pero pronto, Vargas Llosa va a apreciar que ese adoctrinamiento marxista-leninista no es congruente con la forma de pensar que él tenía sobre la libertad de creación artística que debe tener un escritor”, apunta Cateriano.

¿Vargas Llosa Presidente?

Aunque en sus memorias Vargas Llosa profundiza en su vida política, el texto de Cateriano proporciona información nueva sobre el gran hito político del escritor: su campaña presidencial en 1990. El autor de La fiesta del Chivo (2000) tenía 54 años en ese momento y compitió por el Movimiento Libertad, que fundó en 1987. En esos comicios se enfrentó a un ingeniero agrónomo sin pasado político e hijo de inmigrantes japoneses. Todo, en medio del desastre económico provocado por el gobierno de Alan García y las acciones de Sendero Luminoso.

Vargas Llosa se impuso en la primera vuelta (32,6%) y, según cuenta Cateriano, “Alan García trató de pactar con él. Después de la primera vuelta hubo reuniones entre dirigentes del Partido Aprista y del Movimiento Libertad para pactar. Los apristas querían la presidencia del Senado, pero eso significaba garantizarle la impunidad a García y Vargas Llosa no pactó”.

Previendo su eventual derrota, ya que para ganar a Fujimori solo le bastarían los votos del Apra de Alan García, Vargas Llosa optó por renunciar al balotaje. “El mismo día de la elección que ganó, pero sin obtener el mandato claro que habría solicitado, tomó la determinación de renunciar a participar en la segunda vuelta. Él creía que, para evitar que el Apra (y la izquierda) coparan a Fujimori, debía adelantarse y ofrecerle su plan de gobierno y el apoyo de sus técnicos”, sostiene Cateriano.

Vargas Llosa y Fujimori
Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori en 1990.

El escritor le mandó una carta a Fujimori y se reunió con él. Sin embargo, fue ahí donde Alan García movió sus hilos para impedir la jugada de Vargas Llosa. Finalmente, el novelista dio marcha atrás a su idea, se presentó en el balotaje y perdió (62%-37%). Si a esa altura Vargas Llosa y García ya eran acérrimos enemigos políticos, tras el autogolpe de 1992 Fujimori se volvió a cruzar en su camino, aunque en el intertanto ocurrió un hecho clave que en Perú no se comenta mayormente.

En su libro, Cateriano sostiene que después de la primera vuelta el gobierno de García espió al Frente Democrático -Vargas Llosa incluido- y que “se utilizaron métodos ilícitos para derrotar electoralmente a Mario Vargas Llosa”. “Demuestra que el gobierno aprista, ilegalmente, puso al servicio del candidato Fujimori medios e información para el logro de sus propósitos. Está verificado, además, que Fujimori aceptó esta ilegal colaboración (…). El espionaje telefónico y el apoyo del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) a Fujimori demuestran que no estuvimos frente a elecciones limpias”, apunta Cateriano.

Décadas más tarde, Vargas Llosa terminaría apoyando a Keiko Fujimori, la hija del expresidente, ante la arremetida de la izquierda peruana. Así, en las elecciones de 2021 le imploró a la candidata salvar a Perú “de caer en manos del totalitarismo”. El llamado, sin embargo, no encontró eco y los comicios los terminó ganando Pedro Castillo, aunque a poco andar intentó un autogolpe que le significó la destitución por parte del Congreso. Para Cateriano, aquel hecho terminó dándole la razón al más famoso de los escritores peruanos.

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