José María Aznar: “Estamos en una nueva era, donde la fuerza prevalece sobre la norma”

Para el expresidente del gobierno español “es el momento de los populismos y los nacionalismos, pero eso no significa que haya que compartirlos”. “Yo soy partidario del libre comercio, soy partidario de la democracia liberal y voy a seguir siéndolo”, dice. Sobre las divisiones en la derecha chilena, asegura: “Yo en España uní todo lo que estaba a la derecha de la izquierda; cuando todo lo que estaba a la derecha de la izquierda no estaba unido, perdimos, aplíquese la misma receta”.
Fueron pocos días. El martes pasado, poco después del mediodía, el expresidente del gobierno español José María Aznar dejó Chile. Un viaje breve en su camino a Argentina, durante el cual mantuvo reuniones privadas y pudo compartir con la candidata presidencial de Chile Vamos, Evelyn Matthei. En España dejó por un momento las tensiones de su fundación con la ultraderecha de Vox, partido al que ha calificado de “trumpismo patrio”, por sus diferencias con las políticas impulsadas por el presidente de Estados Unidos. En un comunicado en febrero, la fundación había asegurado que “cada vez que Vox escenifica su adhesión a la Internacional nacionalista provoca la zozobra de simpatizantes y afines“, relevando la distancia entre ambos, que Trump ha agravado.
Aznar ve con preocupación las señales que vienen de Estados Unidos y el momento que atraviesa el mundo. “Estamos en un cambio de era”, dice. Y ese cambio, según él, supone esencialmente tres cosas. “Primero, el fin del orden internacional conocido después de la Segunda Guerra Mundial, que tiene como consecuencia la división del mundo en áreas de influencia otra vez, lo que implica regresar al primer tercio del siglo XX, y la clausura de la globalización”, dice, apuntando que, además, “el desarrollo de la inteligencia artificial alterará completamente nuestras sociedades”. Según el exjefe del gobierno español y referente de la derecha en su país, “vamos hacia un mundo proteccionista y aislacionista, lleno de barreras, lleno de aranceles y en contra del libre comercio”.
¿Cómo queda Europa en este nuevo mundo que regresa al periodo pre Segunda Guerra Mundial y donde, además, parece estar perdiendo a su aliado histórico, Estados Unidos?
Europa necesita tomar sus decisiones. Una de las grandes diferencias que hay entre el año 2025 y el primer tercio del siglo XX es que existe la Unión Europea, por tanto, la Unión Europea debe tomar decisiones, debe tomar decisiones estratégicas, debe tomar decisiones desde el punto de vista de la seguridad y de la estabilidad, porque su aliado, Estados Unidos, le ha dicho: ‘Yo prefiero llegar a acuerdos sin ti con quienes son tus amenazas’, como es el caso de Putin, como es el caso de Rusia. Por lo tanto, las alianzas en las condiciones que las habíamos mantenido hasta ahora ya no son posibles. Se necesita un nuevo diseño, no contra los Estados Unidos, no sin los Estados Unidos, sino con los Estados Unidos, pero con nuevas condiciones.

Usted es el presidente del gobierno español que ha tenido una relación más estrecha con Estados Unidos, ¿cuál fue su reacción al escuchar el discurso del vicepresidente JD Vance en Munich, donde criticó duramente a Europa?
Es una expresión del populismo que representa en este momento esa corriente en Estados Unidos. Pero tenga en cuenta dos cosas. El Presidente Trump en su discurso de investidura cita solamente a dos presidentes, uno es McKinley y el otro es Roosevelt. McKinley es el que decide el comienzo de la expansión internacional de Estados Unidos y empieza por la parte más débil en ese momento, a finales del siglo XIX, que eran los restos del imperio español. Por eso, toma Puerto Rico, toma Cuba, toma Filipinas en Asia, toma Guam y por eso Trump habla de Panamá, habla de Canadá, habla de Groenlandia, porque es la herencia expansionista. Habla también de McKinley porque era la gran figura a favor de los aranceles en aquella época. Estamos en una nueva era, donde la fuerza prevalece sobre la norma y eso nos lleva a un mundo nuevamente inestable e inseguro. Dentro de estas consideraciones generales hay muchas variables. Está el resultado de la guerra en Ucrania, que puede ser determinante, o la carrera que no ha hecho más que empezar en términos militares, económicos, tecnológicos entre Estados Unidos y China.
Uno de los puntos del discurso de Vance da cuenta de la distancia entre las derechas nacionalistas y más duras de Europa y la derecha tradicional, al llamar a romper el llamado “muro sanitario”. ¿Cree que hay una distancia irreconciliable entre esas dos derechas?
Si usted lee la noticia que se ha publicado de una conversación entre altos funcionarios norteamericanos sobre el ataque a Yemen, y donde participaron el vicepresidente, el secretario de Defensa, el secretario de Estado y el consejero de seguridad, ahí el vicepresidente dice que lo que más le molesta de hacer esa operación es que ‘vamos a rescatar a Europa otra vez, y detesto a Europa’. Hay otro participante que dice: ‘Sí, yo también detesto a Europa’. Uno de los temas curiosos del MAGA, el movimiento de Donald Trump, es que Estados Unidos se presenta como víctima, siendo la potencia mayor del mundo. Es difícil explicar cómo se puede ser la mayor potencia del mundo y al mismo tiempo ser víctima. Además, la condición de víctima no la producen los adversarios, sino que la producen los amigos. Eso hace que las cosas sean aún más complicadas, porque hay personas que están absolutamente convencidas de que son los aliados los que han abusado de Estados Unidos y que ellos son una víctima de los aliados. Entonces tienen que penalizar a los aliados y una de las formas de penalizar a los aliados es llegar a pactos en zonas de influencia con los adversarios en los que los aliados sean completamente marginados.

Y ¿no cree que Europa se apoyó demasiado en Estados Unidos a lo largo de las últimas décadas, en especial en temas de defensa?
Usted mire la historia de Europa en la segunda mitad del siglo XX. Nosotros hemos tenido la suerte que conocimos un orden mucho más benigno, era el orden nuclear, era el orden de la Guerra Fría, pero era un orden más benigno que el de la Primera Guerra Mundial y de la Segunda Guerra Mundial. Las generaciones que pasaron esas dos guerras vivieron en un mundo completamente distinto. El Pacto Atlántico es un pacto político, no solamente una cuestión de seguridad, y el pacto político es la defensa de los valores que significa el mundo occidental, es decir es la libertad, es la democracia, es el Estado de Derecho, es el pluralismo, es el respeto de las normas, es la pluralidad. Todo eso forma parte del pacto político, como también la seguridad y la economía. Históricamente, Europa debería haber prestado más atención a la seguridad, pero que Estados Unidos se preocupara de la seguridad y Europa apoyara a Estados Unidos era parte del pacto.
¿Cree que hay una crisis de la democracia liberal y una falta de convicción de los beneficios de la democracia liberal?
Sin duda, por dos razones, por las consecuencias que provoca la disrupción de la revolución tecnológica que es tremenda, la mayor de la historia de la humanidad y, por el otro lado, el auge de los populismos que tiene una consecuencia en la fragmentación social que produce esa revolución. Y el auge de los populismos es el auge del extremismo, el auge de la confrontación, el auge del deseo de aniquilar al adversario, no de tender puentes ni buscar espacios comunes de convivencia, que es lo propio de las democracias liberales. Yo soy un demócrata liberal, creo en la democracia liberal, creo mucho más en los puentes que en los muros, pero también creo en las políticas firmes. Eso no es incompatible con las políticas firmes, eso es garantía de poder hacer políticas firmes, esas políticas basadas en la fuerza yo no soy partidario, no me gustan.

¿Por qué cree que han crecido los movimientos nacionalistas y la derecha más dura?
Varía, las tendencias pueden tener sus momentos y ahora tienen su momento las políticas nacionalistas y populistas, lo que no significa que hay que compartirlas. Yo soy partidario del libre comercio, no soy partidario de las tarifas, soy partidario de la democracia liberal y lo voy a seguir siendo. La revolución tecnológica ha fragmentado tanto a la sociedad que ha creado esas disrupciones, pero eso no siempre tiene que ser así, los ciudadanos evolucionan, cambian. El problema para las democracias es que se tienen que adaptar a una nueva situación. Las democracias son sistemas frágiles y lo que pasa es que hay una desconfianza de muchos ciudadanos en los mecanismos clásicos de la democracia, y nosotros los demócratas debemos reconstruir elementos más profundos de la democracia.
¿Cómo se hace eso?
Ese es un trabajo de todos los días. Cómo demuestra uno responsabilidad, cómo demuestra uno ejemplaridad, en el ejercicio diario; cómo uno combate la corrupción, con el respeto de la ley. El respeto de las normas tiene que volver a ser la regla, el respeto tiene que volver a valorarse, la responsabilidad tiene que ser una señal, todas esas cosas que hacen a las instituciones fuertes.
Los movimientos como Vox, Orbán en Hungría, Giorgia Meloni, Marine Le Pen y Milei en Argentina o el propio Trump, ¿cree que responden a un fenómeno común, los ve como un todo?
Tienen sus matices, no responden todos a lo mismo, son parecidas, pero no necesariamente iguales. Pero los populismos de un sentido necesitan populismos de otro sentido. Usted me pregunta por España. Sánchez necesita a Vox, pero Vox necesita a Sánchez. Los extremos se alimentan. Sánchez no puede vivir sin Vox, porque su discurso se cae, y Vox no puede vivir sin Sánchez, porque es lo que lo hace vivir, lo que le da oxígeno. Por eso, es muy importante estar en contacto con los electores, conocer sus preocupaciones. Churchill decía que la Segunda Guerra Mundial la ganó, al menos él, hablando, hablando, hablando.

¿Hay espacios de convergencia entre esas derechas? Hoy en Chile la derecha está dividida de cara a las elecciones de este año, con figuras como José Antonio Kast y Johannes Kaiser, que han mostrado cercanía con las derechas nacionalistas y soberanistas europeas. ¿Cree que hay espacio para la unidad de todos esos grupos o son cosas distintas?
Yo en España uní todo lo que estaba a la derecha de la izquierda. Cuando todo lo que estaba a la derecha de la izquierda no estaba unido, perdimos. Aplíquese la misma receta.
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