Gran preocupación ha generado en Europa la aparición de flotas de barcos rusos que han sido acusados de atentar contra infraestructura submarina vital. Un ejemplo de estos incidentes ocurrió hace un mes en el mar Báltico e involucró al gobierno alemán, que tomó control de la embarcación, que se averió cerca de su zona marítima en el norte, lo cual le impidió maniobrar. Así, el ministerio de Asuntos Exteriores alemán denunció que ese barco pertenece a la llamada “flota fantasma” de Rusia, país que negó estar involucrado en el hecho.
La Unión Europea (UE) anunció recientemente una serie de sanciones a 74 buques, lo que eleva el número total de buques inscritos en la lista a 153, los que forman parte de la flota clandestina o contribuyen a los ingresos energéticos de Rusia.
Además, discutieron medidas legislativas para lidiar con estos barcos, incluso planean confiscarlos, todo esto después de una serie de incidentes en el Mar Báltico, que según las autoridades europeas serían provocados a propósito por Moscú para desestabilizar a Europa, dado que las anclas de estos barcos han dañado cables submarinos que abastecen de electricidad e internet al continente.
Por ejemplo, en diciembre, las autoridades finlandesas se apoderaron del buque Eagle S en una operación a toda máquina, bajo la sospecha de que había saboteado un enlace eléctrico submarino que conectaba Estonia con Finlandia. La detención del buque, que transportaba 100.000 barriles de petróleo desde San Petersburgo, fue un momento de gran tensión y pareció ser un nuevo frente en una guerra clandestina entre Rusia y Occidente.
Estas tensiones tienen su origen tras la invasión a gran escala de Rusia a su vecino Ucrania en febrero de 2022, inmediatamente la Unión Europea impuso sanciones y prohibió la compra de petróleo y gas ruso a los países miembros como una forma de presionar a Moscú.
Pero las sanciones no han sido suficiente para detener a Rusia, quien se las ha ingeniado para sobrevivir y transportar su petróleo, que equivale a la mitad de sus exportaciones. Todo esto lo hacen en barcos que según las autoridades de la UE son modelos de hace 15 años pertenecientes a propietarios desconocidos, lo cual genera otra preocupación, ante la posibilidad de fallas o accidentes que ocasionen derrames de petróleo en el mar o en el peor de los casos, que se produzcan muertes.
“Cerca del 50% del comercio sancionado de petróleo ruso transportado por vía marítima, pasa por el golfo de Finlandia”, dijo a Politico el ministro de Asuntos Exteriores de Estonia, Margus Tsahkna. Además, reitera que “existen amenazas medioambientales y ataques contra nuestra infraestructura submarina”.
“Ahora la pregunta es… ¿qué podemos hacer con estos barcos?”, indicó Tashkna. “No podemos bloquear todo el mar, pero podemos controlar más… Hay muchas oportunidades”.
Sin embargo, los nuevos planes no se traducirán fácilmente en acciones. Según expertos y abogados marítimos, las dificultades incluyen represalias legales por parte de Rusia, elevados costos financieros y una logística poderosa. También significará navegar por las laberínticas leyes internacionales de transporte marítimo.
Isaac Levi, responsable de Rusia-Europa en el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio, afirmó a The Guardian que según investigaciones “la flota en la sombra ahora transporta más del 80 por ciento de todo el petróleo ruso”.
El mar Báltico es la arteria principal de ese comercio ilegal, afirmó. Los barcos suelen cargarse con petróleo ruso en puertos como Ust Luga, cerca de San Petersburgo, antes de seguir su camino a través del golfo de Finlandia y el mar Báltico hasta los océanos del mundo a través del mar del Norte.
El año pasado, 348 buques de la flota sombra, que representan el 40 por ciento de las ventas totales de petróleo de Rusia, partieron de los puertos del Báltico, dijo Levi, una cifra equivalente a un tercio del presupuesto anual de defensa de Moscú.
Levi también agrega que “sin atacar a la flota en la sombra, los aliados occidentales habilitan la principal fuente de ingresos de Rusia, lo que genera un gasto militar increíblemente alto y creciente para la guerra en Ucrania”.
Según Christian Bueger, profesor de seguridad marítima en la Universidad de Copenhague, también podrían estar facilitando el sabotaje, como demuestra el caso del Eagle S en Finlandia. Numerosos buques comerciales ajenos a la flota en la sombra han sido responsables de al menos cuatro incidentes similares en el mar Báltico desde 2022.
“Lo que está sucediendo ahora es una escalada”, afirmó a The Guardian. “Simplemente veremos más ataques a infraestructuras críticas, tanto en el mar como en tierra”.
Investigaciones sobre el origen de estos barcos
Los armadores europeos y estadounidenses han vendido al menos 230 petroleros viejos a la “flota en la sombra” utilizada por Rusia para evadir las sanciones occidentales a sus exportaciones de petróleo y ayudar a financiar su guerra contra Ucrania, según revela una investigación del medio holandés Follow the Money (FTM).
Los armadores han ganado más de 6.000 millones de dólares desde la invasión rusa de 2022 vendiendo los barcos a compradores en países como India, Hong Kong, Vietnam o Seychelles que no participan en las sanciones económicas contra Moscú, encontró la investigación.
Según el informe, los armadores griegos han vendido la mayor cantidad de petroleros, con 127 buques, mientras que las compañías británicas han vendido 22 y los armadores alemanes y noruegos, 11 y 8. De lo contrario, la mayoría se habrían vendido como chatarra a una fracción del precio, añadió.
Los gobiernos occidentales afirman que los barcos de la flota en la sombra no solo están siendo utilizados para transportar petróleo ruso, sino que también para realizar actividades de espionaje para Moscú y cartografiar infraestructura submarina vital.
Respuesta de la Unión Europea
Los crecientes incidentes están generando un impulso para perseguir a los petroleros que navegan impunemente por aguas europeas, y no sólo con sanciones, que han demostrado ser demasiado débiles.
“Estamos siendo testigos de que… existen algunas vías de escape en las sanciones occidentales contra Rusia”, dijo a Politico, el ministro de Energía de Lituania, Žygimantas Vaičiūnas. “Es por eso que las contramedidas a la flota en la sombra realmente ayudarían a lograr los resultados que no somos capaces de lograr a través del régimen de sanciones”.
La Unión Europea prometió aumentar la seguridad en el mar Báltico luego de que las autoridades suecas dijeron que estaban investigando una nueva rotura de cable, el último ejemplo de daños a la infraestructura submarina en la región. La Comisión Europea, el brazo ejecutivo del bloque, dijo que tomaría nuevas medidas para prevenir y detectar amenazas a los cables submarinos, que transportan tráfico de Internet y transmiten electricidad.
“Queremos asegurarnos de que Europa esté equipada no solo para prevenir y detectar el sabotaje a los cables, sino también para disuadir, reparar y responder activamente a cualquier amenaza a la infraestructura crítica”, dijo Henna Virkkunen, la funcionaria de la Unión Europea que anunció la iniciativa. Los recientes episodios fueron motivo de “gran preocupación”, dijo, y agregó que el bloque estaba tomando “medidas decisivas” para proteger los cables. Las medidas, que según el bloque se pondrán en marcha en los próximos dos años, reforzarán la seguridad y la detección de amenazas en la región y priorizarán la financiación de nuevos cables. Las medidas también reforzarán la aplicación de sanciones y medidas diplomáticas contra los denominados actores hostiles y la “flota en la sombra”.
La OTAN también ha intensificado su presencia militar en la zona con una nueva operación de patrulla y vigilancia, llamada Baltic Sentry, que está destinada a proteger la infraestructura submarina.
Además de las propuestas entrantes de la UE para incluir en la lista negra a 74 petroleros de la flota paralela, los países nórdicos y bálticos están discutiendo por separado cómo pueden comenzar a confiscar legalmente más buques vinculados a Rusia, según funcionarios y diplomáticos de los Países Bálticos hablaron a la prensa local y dijeron que las propuestas se dividirán en las siguientes tres categorías
En primer lugar, estaría la incautación de buques por violar soberanía marítima y daño ambiental. En segundo lugar, las autoridades podrían usar las leyes contra la piratería para confiscar barcos que amenacen infraestructura submarina crítica.
Por último, si el derecho internacional fracasa, los países también están discutiendo la posibilidad de imponer conjuntamente nuevas leyes nacionales para facilitar la captura de buques.