El 5 de mayo pasado, el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, se trasladó hasta la Casa de Retiros de Punta de Tralca para reunirse con los integrantes de la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica, liderada por el cardenal Ricardo Ezzati.
En un encuentro de carácter privado, que se extendió por más de dos horas, el jefe de gabinete del gobierno de Michelle Bachelet realizó una presentación de los principales ejes del programa que se busca impulsar durante su mandato.
Uno de los puntos donde Peñailillo hizo un especial énfasis fue al abordar la reforma educacional, la que por esos días aún no había sido oficializada por el ministro de la cartera, Nicolás Eyzaguirre, y que generaba dudas en distintos sectores, incluida la Iglesia.
Si bien la cita del titular de Interior con el clero fue solicitada por la Conferencia Episcopal, la reunión fue vista por el gobierno como una buena oportunidad para estrechar vínculos. Esto, anticipando el escenario complejo que se podría generar durante la tramitación de la reforma educacional.
Pese a que hasta hace algunas semanas la relación entre Iglesia y gobierno se había mantenido en buenos términos, el anuncio de Bachelet el 21 de mayo respecto de despenalizar el aborto en tres casos puntuales vino a tensar los vínculos entre ambas instituciones, aseguran fuentes del oficialismo.
Más allá de las declaraciones de Ezzati a la salida del Congreso tras la cuenta pública, donde criticó fuertemente el anuncio de la Mandataria, los reparos de la Iglesia la última semana respecto de la reforma educacional se han ido intensificando.
Al encuentro realizado el lunes pasado entre parlamentarios de la UDI y el arzobispo Ezzati, donde se criticó fuertemente el proyecto del gobierno, se sumaron el jueves pasado los reparos presentados por parte de la Conferencia Episcopal al fin del copago propuesto por el Ejecutivo, asegurando que en el caso de los colegios con ingresos más altos "los recursos no van a dar".
Ayer, el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Alejandro Goic, planteó una crítica directa a la forma como el gobierno está llevando a cabo sus reformas estructurales. "Me preocupa esta especie de frenesí legislativo. Chile es de todos, es cierto que ganó una mayoría, que quiere cumplir el programa, pero también necesita el aporte de gente sensata que tiene otra visión".
Pese a que desde el Ejecutivo reconocen un endurecimiento del discurso de la curia, fuentes de La Moneda aseguran que la apuesta hoy es reforzar el diálogo y evitar un debate público y confrontacional, buscando más bien a un acercamiento.
Por lo mismo, causó incomodidad en sectores del oficialismo la fuerte ofensiva del presidente del PS, Osvaldo Andrade, quien el jueves pidió explicaciones a la Iglesia por el caso de monjas violadas por sacerdotes en Africa, las que después fueron obligadas a abortar.
Actualmente, es la Segpres, liderada por la ministra Ximena Rincón, la encargada de llevar adelante las relaciones con la Iglesia. De hecho, la secretaria de Estado se reúne dos veces al mes con Ezzati y los vicarios de la Conferencia Episcopal. Ayer, el gobierno mandó señales para apaciguar los ánimos. "Hay sectores sociales e instituciones tan respetables como la Iglesia que obviamente nosotros esperamos que hagan su contribución", aseguró ayer el vocero de gobierno, Alvaro Elizalde.
Debates sobre aborto y educación agudizan tensión entre el gobierno y la Iglesia
<p>Ayer, monseñor Goic calificó como frenesí legislativo la agenda de reformas del Ejecutivo. </p>