Sebastián Errázuriz: "En Chile yo era un bicho raro"

Es uno de los chilenos que más da que hablar en el extranjero. Por sus intervenciones públicas, por los objetos que diseña y abordan temáticas actuales de manera provocadora. El hombre que no deja nada al azar, que no cree en la suerte y que no se sorprende con el talento de nadie, cuenta cómo maneja su carrera en las grandes ligas.




Al llegar al taller de Sebastián Errázuriz en Brooklyn, Nueva York, lo primero que uno piensa es que le tiene que ir muy bien. Es un espacio a otro nivel. En un clásico conjunto de antiguas fábricas, entramos un loft gigantesco donde conviven su amplia oficina, sus talleres, sus obras. Lo segundo, es que tiene que ser muy obsesivo. Todo esta en perfecto orden, incluso las herramientas que, colgadas en un gran pared, más parecen una instalación artística que un taller. Tercero, que tiene buen gusto. Acá nada es feo. No hay nada al azar.

Errázuriz tampoco tiene pinta de artista. Tiene poco de ese aire descuidado que habitualmente se asocia a ese mundo. Él lo reconoce e incluso trata de alejar su obra de ese cliché. "La imagen del artista que viene de la bohemia, que es un muerto de hambre, una suerte de outsider, un tipo incapaz de comunicarse con nadie salvo a través de un vómito de pureza interior que es su obra, me carga. Nada más alejado de mí que esa persona que raja cuadros cuando pelea con la polola, o que pinta de rojo cuando está eufórico y azul cuando está tranquilo. Yo no soy así", dice con firmeza.

Nació en Chile, pero en sus 38 años, ha pasado mucho tiempo fuera del país. A los seis años partió a Londres con sus padres. Volvió a Santiago donde estudió diseño en la UC, pero siguió con clases de arte en Washington y luego de cine en Edimburgo. Luego hizo un postgrado en la Universidad de Nueva York.

Durante un tiempo se instaló en Chile y, como dice, “alcancé a ser famosillo”. Era columnista, tenía un programa de televisión y hacía clases en tres universidades. Lo eligieron el diseñador del año. Pero, sospechoso de tanto éxito, partió a Nueva York para probarse de verdad. “Pararme acá ha sido duro, ya que esta ciudad es como estar en las olimpíadas del arte. Aquí todos somos competidores, mercenarios. La mayoría dura poco, tres o cuatro años, hasta que se agotan o se quedan sin plata”.

Por tiempo -lleva 10 años en NY-, Errázuriz, es un sobreviviente de esta maratón como él define su carrera. Pero eso no es todo y va en ascenso. Ha realizado más de 50 exposiciones internacionales, retrospectivas, instalaciones públicas de alto impacto y alcanzó el reconocimiento de la crítica. En 2015 fue homenajeado por el Museo de Arte y Diseño de Nueva York. El círculo comienza a cerrarse desde la ya mítica portada que le dedicó la prestigiosa revista ID el 2007, en la que lo consideró una de las 10 promesas del diseño en el mundo.

Consecuentemente con aquello, sus obras han ido adquiriendo valor, llegando a precios que superan los 200 mil dólares. Aclara, eso sí, que no es un millonario. “Yo no tengo nada. Ni casa, ni auto. Todo lo invierto en mis obras, en mis diseños, en el arte. No me quejo. Vivo bien; pero mantener todo esto funcionando requiere de mucho esfuerzo”.

Así las cosas, es indudable que Errázuriz es uno de los chilenos más destacados viviendo en el exterior. Y cuerda tiene para raro. Es joven, ambicioso, pero, sobre todo, tiene claro, demasiado claro lo que quiere y donde quiere llegar.

El calculador

Sus opiniones son tajantes. Su forma del ver la vida, igual. Tanto en que no duda en que confesar que su matrimonio fracasó porque no quería tener hijos. "Ahora estoy demasiado concentrado en mi carrera. No me parece justo para un niño tener un padre ausente".

 A veces, también suena arrogante, casi displicente, como cuando dice que no le impresiona mucho el trabajo de nadie. El tipo es un duro en su discurso. O al menos juega a serlo. Hay mucho de juego en él, en su obra, en sus opiniones. "El humor es importante. Es como cuando Coco Legrand nos hacía reír de fenómenos socio culturales muy serios. Si uno como artista es capaz de lograr eso, que la gente vea cosas y, al mismo tiempo, les produzca una reacción física, entonces la obra se potencia".

Hay algo que se agradece en todo esto. Una cierta honestidad que se echa de menos en Chile. Dice lo que piensa directamente. Sin rodeos, sin mayor preocupación por si cae bien o mal.  Sabe que muchas veces se está metiendo en las patas de los caballos, pero igual no se detiene. Y esa es la fórmula como ha conseguido su innegable éxito. Decidió jugar en la ligas mayores, donde para triunfar, es necesario ser claro y fuerte.

Su forma de planificar las cosas, los detalles más ínfimos, dan para caso de estudio. "Yo no creo en la suerte. Todo lo que me ha pasado lo he buscado y planificado cuidadosamente. Suena maníaco, pero es así. Soy como un jugador de ajedrez, cada movimiento está estudiado. Estoy donde he querido estar", dice y luego agrega: "La cantidad de operaciones que hay que hacer para lograr hacer un proyecto son muchas. Y yo me involucro en todas. Crear la obra es recién el comienzo. Hay que financiarla, vender la idea, lograr que vaya gente, que la muestren en la prensa, que se tome las redes sociales. En fin, es un camino muy largo".

Y Errázuriz participa de todo. “A mí lo que me gusta es el proceso completo. Si hay que escribir el comunicado de prensa, lo hago. Tomar la fotografía, conseguir las platas. Me encanta la parte creativa, pero disfruto también la ejecución. Creo que es la única manera como las cosas funcionan. Si yo me encerrara en la obra, entonces no estaría donde estoy”.

Y, ¿dónde estás?

Estoy comenzando, pero a mí ya no me para nadie.

Hace un tiempo declaraste que no había nadie tan talentoso como tú. ¿Sigues pensándolo? 

Todavía lo creo, pero me arrepiento un poco de esa frase. Entiendo que suena egocéntrico, vanidoso, incluso desconectado. Pero lo que quise decir es que tengo muchos talentos, pero no que soy el más talentoso. Al menos todavía.

¿Cuál es la diferencia?
Hay pocos artistas que estén trabajando simultáneamente en tantas áreas como yo que me impresionen. En cada una de ellas hay gente que respeto, pero no es un modelo que me interese. Si fuera deportista, yo estoy por ser el Ríos, Messi y Woods a la vez.

Suena un poco ambicioso…
Bueno está por verse. Sólo lo sabremos en 30 años más.

¿Pero qué opinan los críticos, los que saben?
No ha sido fácil, pero hoy me respetan. Ya salí a la luz pública. Haberme definido como artista y diseñador generó todo tipo de sospechas. Obviamente, a los críticos y las galería que me representan, les gustaría que yo me concentrara en un área. Por ejemplo, en la de apropiación, donde tomo un objeto y lo transformo. Si hiciera eso sería mucho más famoso y rico. Es mucho más difícil construir una marca cuando te dispersas. Pero yo voy por otro camino. Y los frutos se están viendo.

¿Cuándo supiste que ya estabas bien?
Cuando el Museo de Arte y Diseño me dio el premio del año, hicieron una gala donde fue la elite de Nueva York, los críticos, los galeristas. Hice cuatro exposiciones y pasó lo mismo. Entonces, pensé: ya, estamos.

¿Habría sido esto posible si te hubieras quedado en Chile?
Para nada. Es un mundo muy pequeño. Ya me tocó ser famosillo allá. Y es rico que te reconozcan, pero también te hace mal. Uno se cree el cuento antes de ganarle a nadie.

¿Es posible hacer algo importante desde Chile?
No sé. No para mí. No digo que no haya talento allá, pero desarrollar algo realmente interesante es muy difícil. No sólo por lo lejos y aislados. O porque hay pocos recursos. También por la cultura, donde tenemos muchas trancas políticas, religiosas, sociales. El arte necesita más libertad. Y eso va en contra incluso de nuestro carácter.

¿Cómo?
En Chile yo era un bicho raro. Allá, salirse del marco es mal visto. Ser capaz de romper con lo establecido tiene costos muy altos. Esto no hace medio fomes. Allá prima los efectivo. Hacer una pirueta antes de meter el gol es visto como peligroso. Pero el arte vive de esas piruetas.

¿Y qué te pasa en Nueva York?
Primero acá no soy nadie. En ciertos círculos me respetan, tengo un rol, pero la cosa está muy repartida. Cada uno es un grano de arena. Y eso, para mí, es liberador. Lo mismo sucede en el plano de las ideas, donde hay espacio para todo.

Entonces, quedamos en que no te para nadie…
Me puede dar cáncer. O terminar preso. Pero si todo sigue así, ya salimos. Ahora sólo queda volar.

UNA OBRA MULTIFACÉTICA

La obra de Sebastián Errázuriz tiene varios componentes, que transitan entre el arte, el diseño y los trabajos públicos. Entre estos últimos, es recordado en Chile, cuando el año 2006 plantó un manzano de 10 metros en la mitad de la cancha del Estado Nacional, obra que denominó A tree memorial of a concentration camp”. Como parte de la exhibición se jugó un partido de fútbol con el árbol en el medio, al cual asistieron más de 20 mil personas.

En Nueva York, uno de sus trabajos públicos más impactantes es el que realizó en Times Square a comienzos de 2015. Se trata de una zona que visitan cerca de 360 mil personas al día y uno de los centros más vivos de la ciudad, rodeado de cientos de pantallas luminosas. Errázuriz ocupó 50 de ellas para proyectar su obra A pause in a city that never sleep como parte del proyecto Midnight moments, que impulsa la ciudad. Su video de tres minutos, que lo muestra bostezando tuvo un efecto impactante: miles de personas se detuvieron a mirar –una pausa- y comenzaron a bostezar.

Una segunda línea de trabajo es lo que él denomina “esculturas funcionales”. Ahí llama la atención un bote ataúd (2006), que en palabras del autor fue creado para viajar al otro mundo. “El marino le dice adiós a sus seres queridos y luego navega como los vikingos hacia las aguas profundas”. En esta misma línea está también su famosa “Lámpara Pato”, uno de sus clásicos, que fue definida por la crítica como un objeto bello y divertido, que explora las fronteras entre la escultura y lo funcional tanto del diseño y el arte.

Un tercera área es su famosa línea de gabinetes o muebles que se transforman en verdaderas obras de arte. Ejemplos de esto son el “Magistral chest” y el “wave cabinet”.

Finalmente están los objetos de diseño puro, como su colección de zapatos para Melissa, empresa que anteriormente ha trabajado con diseñadores como Vivienne Westwood y Karl Lagerferd. Errázuriz creo una colección denominada “12 zapatos para 12 amantes”, que tuvo un gran éxito en las redes sociales y en la crítica.

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