Así se humilla al partido de Allende

“En mi propio espacio político, la centroizquierda, no se ha producido una convergencia en torno a este proyecto. Seguramente, porque no todos compartimos el mismo sentido de urgencia ante la amenaza de una dispersión estratégica de las fuerzas progresistas y una ola de restauración mercantilista y conservadora que puede durar muchos años”. Con esas palabras Ricardo Lagos renunciaba a ser candidato presidencial de la Nueva Mayoría en 2017, tras el revés que le propinó el comité central del PS que, en votación secreta, eligió a Alejandro Guillier.
Así lapidó el PS a Lagos: a fuego lento y en secreto. Ni a viva voz, ni mirándolo a la cara. Lo hizo así, diría Sandro, como se arroja de costado un papel viejo.
Ha corrido mucha agua bajo el puente, pero aún quedan voces socialistas que recuerdan con amargura ese episodio. No es fácil encontrar alguien que se haga responsable del golpe, ni mucho menos alguien que reivindique las credenciales de Guillier para convertirse en el candidato del Partido y la coalición.
Es más, con el periódico del lunes, muchos señalan que ahí comenzó la debacle que terminó con una de las coaliciones más exitosas de la historia del país acomplejada, derrotada primero por la derecha y humillada luego por la generación del hoy presidente Boric.
“No se humilla al partido de Allende” diría en tono altivo unos años más tarde el hoy ministro del Interior, Álvaro Elizalde, tras retirarse de la negociación para conformar una primaria unitaria con la generación desafiante. Esa primaria que terminó con Boric de Presidente y con el PS haciendo buena letra para entrar al segundo o tercer anillo de influencia del flamante gobierno.
Es difícil no recordar esas escenas cuando vemos, nuevamente, al PS en dilación, vaivenes y cálculos menores ante la necesidad de definir su candidatura para las primarias oficialistas. Porque entre los miles de argumentos que se han ensayado para justificar las cambiantes y contradictorias posiciones que ha adoptado el partido a este respecto, las que más se escuchan tienen que ver con cálculos de segundo, tercer o cuarto orden.
Y es que la posición del PS no limita en un programa; ni en la convicción de tener un candidato o candidata fuerte para disputar la presidencial. Por el contrario, lo que se escucha son argumentos sobre la posibilidad de negociar mejor una planilla parlamentaria; el enojo de uno u otro dirigente con el del lado o las aspiraciones de los lotes que se disputan la secretaria general del partido por arreglar sus diferencias nombrando a su presidenta como candidata y haciendo correr con ello la lista.
Ninguna de esas expresiones podría erigir a quién las enarbole en estadista, claro está, pero lo que resulta aún más preocupante es que, al observarlas con detenimiento, se cuela la que probablemente sea la razón de fondo tras tanto cálculo: la convicción de ir camino a una derrota que justificaría el celo con el que se están disputando los premios de consuelo… De ser así, puede que esta vez no se necesite de un tercero para humillar al partido de Allende. En la interna, hay algunos dispuestos a hacerlo alegando que fue en defensa propia.
Por Camilo Feres, Director de Asuntos Políticos y Sociales de Azerta.
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