Candidatos 2025: ¿se harán cargo de la bomba demográfica?

Los datos sobre población censada el 2024, sumados a las bajas tasas de fecundidad y natalidad, confirman que el país envejece a ritmo acelerado. La población mayor de 60 años crece como nunca y la base demográfica se adelgaza peligrosamente. Mientras tanto, la política, atrapada en el cortoplacismo, no vislumbra el tamaño del problema. Pero la demografía no espera y la cuenta regresiva comenzó.
El envejecimiento poblacional no es solo una estadística. Es una transformación estructural que redefine el mercado laboral, la sostenibilidad del sistema de pensiones, la demanda de servicios de salud y la estructura misma de la sociedad. Un país envejecido, sin medidas de compensación demográfica, se enfrenta a una ecuación difícil de resolver: menos trabajadores para sostener a más jubilados y menos niños para renovar la fuerza productiva. A ello se suma un sistema de salud tensionado por la atención geriátrica y la necesidad de un sistema de cuidados robusto, que ya no podrá descansar en la familia. ¿O quién se hará cargo de los viejos cuando los hijos e hijas, o no existan, o sean pocos?
Las respuestas a la crisis demográfica no requieren inventar la rueda. Para promover el reemplazo generacional se requiere incentivar la natalidad con políticas de conciliación e igualdad de género que permitan a más mujeres participar del mundo laboral sin renunciar a la maternidad. También implementar una política migratoria planificada que permita atraer población joven y aumentar la edad de jubilación.
Son medidas fundamentales, pero políticamente muy impopulares en el Chile de hoy. ¿Por qué? Porque, paradojalmente, en el mismo país que envejece, crece el rechazo ciudadano a las políticas que podrían revertir el problema.
Recientes encuestas de Criteria muestran las distintas aristas del problema: desacuerdo ciudadano con propuestas que elevan la edad de jubilación; baja en el apoyo a políticas de acción afirmativa y equidad de género; y desconfianza creciente hacia los migrantes.
¿Cómo enfrentamos la crisis demográfica en tiempos donde, además de las resistencias ciudadanas a las soluciones disponibles, nos amenaza un populismo que descree de los datos y la ciencia?
Tarea difícil, pero es ineludible: el estancamiento demográfico es despiadado. Se estima que, si no hacemos algo, en 2050 la población dejará de crecer, o se iniciará nuestro camino a la extinción. Quienes hoy aspiran a gobernarnos tendrán que proponer respuestas serias a la crisis demográfica que enfrentamos. Y estas deben traducirse en políticas públicas sostenibles en el tiempo y no solo en cuñas electorales.
Los datos demográficos son una campanada ineludible. No podemos seguir mirando sólo el corto plazo por lo que, en un año electoral, los candidatos presidenciales debieran contarnos cómo es el Chile al que aspiran en 20 o 30 años. Y si se apoyarán, o no, en los datos y la ciencia para intentar construirlo.
¿O no se trata de eso una elección presidencial?
Por Cristián Valdivieso, director de Criteria
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