Columna de Carlos Cruz: Corredor bioceánico, nueva meta

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Una de las metas pendientes de Chile es profundizar su integración física con los países vecinos. Aunque somos un país pequeño, nuestra ubicación geográfica es estratégica hacia el Pacífico, una región que se consolida cada vez más como centro del comercio mundial. Aprovechar esta posición implica facilitar la conectividad para convertir esta ventaja en un factor relevante para el desarrollo.

Chile debe posicionarse como una plataforma de servicios que facilite el intercambio entre el Cono Sur de América Latina y el Asia Pacífico, utilizando rutas más convenientes que las del Atlántico. Esta visión es compartida por países del continente, los que han estado comprometidos en impulsar iniciativas como el Corredor Bioceánico Capricornio.

Este corredor conectaría la costa de Brasil, Paraguay y el norte de Argentina con los puertos de Antofagasta, Mejillones e Iquique en el norte de Chile, mejorando así nuestras capacidades para exportar e importar productos desde y hacia esa región del mundo.

Brasil ha avanzado significativamente en este sentido, mientras que Paraguay está realizando inversiones clave para convertirse en un puente efectivo entre ambos océanos. Además, el Presidente de Chile ha subrayado la importancia de esta iniciativa en el marco de su visita a Paraguay.

Estos proyectos requieren acuerdos significativos entre los Estados, superando diferencias históricas y asegurando la continuidad de las políticas para avanzar en iniciativas conjuntas. Brasil ya ha establecido una unidad de coordinación para el Corredor Capricornio, liderada por profesionales especializados, demostrando una visión de futuro.

Este es un desafío considerable que requerirá la realización de obras de infraestructura importantes. Es crucial mejorar los pasos de Jama y Sico para manejar un flujo de carga continuo las 24 horas del día, superando con creces el tráfico actual. Además, será fundamental desarrollar centros de intercambio de carga, carreteras y servicios ferroviarios que aseguren un tránsito eficiente. Las ciudades también deberán adaptarse para soportar un incremento considerable en el movimiento comercial.

Esta oportunidad complementa el desarrollo de sectores como la minería tradicional, el litio y la energía solar, ofreciendo nuevas oportunidades para estas regiones. En este sentido, Chile puede aprovechar el buen momento que atraviesa en materia de Asociación Público-Privada. Proyectos estratégicos como estos pueden ser gestionados mediante asociaciones en las cuales el sector privado financie y opere, el Estado regule, y los usuarios beneficiados paguen a largo plazo por estas mejoras.

Abordar este tipo de desafíos no solo impulsará el crecimiento económico y la productividad, sino también la creación de empleo en los diversos países involucrados, contribuyendo al bienestar social, objetivos a los cuales no podemos renunciar.

Por Carlos Cruz, director ejecutivo del Consejo de Políticas de Infraestructura

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