Columna de Carlos Ominami: El rearme del socialismo

Partido Socialista
15 Diciembre 2023 Fachada Partido Socialista Foto: Andres Perez

La elección de una nueva dirección del PS en algunas semanas más brinda una buena oportunidad para que un partido clave asuma una tarea a la altura de los nuevos desafíos. 



El socialismo chileno ha mostrado gran resiliencia. Sobrevivió al intento de exterminio por parte de la dictadura y a través de su renovación se convirtió en un pilar fundamental de la estrategia que derrotó al régimen militar y abrió paso a la transición. En tiempos más recientes, resistió la “cancelación” (o el “sorpasso” como lo proponía Podemos en España) consistente en el remplazo de esta parte de la izquierda histórica por una nueva izquierda representada en el Frente Amplio. Y a poco andar se transformó en una fuerza insustituible en el apoyo al gobierno del Presidente Boric.

En las condiciones tan turbulentas del mundo, de América Latina y del propio Chile, el socialismo tiene que aspirar a más. La construcción de la “casa común” de la izquierda democrática sigue siendo una tarea pendiente. Las insuficiencias de la transición tienen mucho que ver con la ausencia de una fuerza socialista suficientemente robusta para impulsar más resueltamente la profundización de la democracia y la lucha en contra de las desigualdades.

El rearme del socialismo tiene que desplegarse, en tres dimensiones centrales.

A nivel intelectual, asumir las nuevas realidades del mundo, plegándose a la lucha por restablecer un orden internacional basado en reglas y no en imposiciones manteniendo para ello un riguroso No Alineamiento Activo respecto a las superpotencias. Debe ser también capaz de responder a las nuevas amenazas que desafían a la democracia mediante un “nuevo desarrollismo” que permita salir del estancamiento económico y resolver más pronta y cabalmente las demandas sociales acumuladas. Lo que hemos denominado “segunda renovación socialista” debiera hacer del desarrollo su preocupación central así como la primera renovación, la de los ochenta, lo hizo con la democracia.

El desafío propiamente político consiste en asumir que hay una competencia por el liderazgo y la conducción del progresismo. Y derechamente prepararse para ganarla. Es una ambición legítima que para realizarse tiene que asumir que el intento de “cancelación” no cayó de la nada, que se alimentó de la incapacidad para superar el neoliberalismo conservador, del acomodo al sistema y de la falta de espacio para las generaciones más jóvenes.

En fin, una acción política consistente requiere de un partido fuerte. Un partido que aspire a representar a una gran mayoría. El PS actual por debajo de un dígito como fuerza electoral está lejos de eso. La convergencia con otras fuerzas como el PPD y el PR es necesaria pero insuficiente. La generación de una federación entre todas las fuerzas disponibles puede ser un primer paso. Pero solo eso. Se requiere un impulso mayor, una dinámica que permita la confluencia en una “casa común” de organizaciones políticas, pero también sociales, culturales, feministas, ecologistas. Y confluencia también de generaciones diversas que rompan la división entre los jóvenes, por un lado, los viejos, por el otro.

La elección de una nueva dirección del PS en algunas semanas más brinda una buena oportunidad para que un partido clave asuma una tarea a la altura de los nuevos desafíos.

Por Carlos Ominami, presidente de la Fundación Chile21

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