Columna de Cristián Valenzuela: La mamá de George Harris
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Señora Shaw, mamá de George Harris, no pretenda culpar a los chilenos por el fracaso de su hijo. Quizás sea un tremendo artista y tuvo una mala noche, pero objetivamente su acto fue un bodrio
Según las estadísticas oficiales, hay alrededor de 2 millones de extranjeros viviendo en Chile, lo que representa casi un 10% de la población nacional. Un 40% de ellos, alrededor de 800 mil personas, son venezolanos que llegaron al país en distintas olas migratorias en la última década, algunos huyendo de la dictadura bolivariana y otros buscando mejores oportunidades económicas en Chile.
“Si ustedes quieren que yo me vaya, yo me voy” repetía una y otra vez George Harris sobre el escenario de la Quinta Vergara, ante la creciente pifiadera que reprobaba su espectáculo el domingo pasado. ¿Fue un boycott programado? ¿Fue un fenómeno xenofóbico espontáneo de una parte del público asistente? ¿Se cansaron los chilenos de los artistas venezolanos, del acento caribeño o de los chistes sobre la cultura o idiosincrasia de ese país?
Todo eso, seguramente, será analizado por sociólogos y expertos que elaborarán diversas teorías sobre lo que ocurrió esa noche, sobre lo que ese hito representa y sobre el impacto que tendrá en el futuro de nuestra sociedad. Para mí, fue algo mucho más simple: George Harris es fome. Muy fome. O al menos así lo fue en esta ocasión.
Una rutina lenta, aletargada y que producto de las interrupciones que concedía el artista, era difícil de seguir. Luego vino la reacción del propio Harris: “Llené el Movistar”; “Tengo 20 años haciendo esto”; “Levántate una venezolana, marico”; entre otros intercambios con el público que evidenciaron el descontrol y su frustración por el fracaso de la rutina.
“Reúnan dólares para que se vayan” afirmó la mama de George Harris luego de la presentación, como un consejo a la fanaticada venezolana que le daba apoyo al fallido artista. De cierta manera, buscando reflejar que el fracaso de su hijo no tuvo que ver con la rutina o con la performance, sino simplemente por su origen y su acento. Y proyectando, quizás, que la situación para los venezolanos hacia el futuro se iba a poner peor.
Es verdad que los chilenos estamos impactados con el cambio profundo del país producto de la explosión migratoria. En menos de una década, pasamos de tener un 2% de población extranjera a más de un 10% y el fenómeno no se detiene. Pero al mismo tiempo, hemos sido un país extremadamente generoso y solidario con los extranjeros que han llegado a Chile. ¿A alguno le ha faltado salud, educación o condiciones básicas para trabajar, emprender o desarrollarse? ¿A alguno se le ha perseguido por su origen o se le ha discriminado de manera sistemática?
Al contrario, Chile ha sido demasiado tolerante y negligente en su actitud frente a la inmigración extranjera. Durante años, los distintos gobiernos permitieron la entrada de cientos de miles inmigrantes ilegales en el país; les concedieron derechos laborales, sociales y económicos sin cumplir los requisitos; les permitieron armar campamentos ilegales en territorios usurpados; les dieron oportunidades que en su país jamás habían tenido y que hoy no tienen producto del colapso democrático y social en el que viven.
Señora Shaw, mamá de George Harris, no pretenda culpar a los chilenos por el fracaso de su hijo. Quizás sea un tremendo artista y tuvo una mala noche, pero objetivamente su acto fue un bodrio y el resultado no es responsabilidad de la xenofobia sino del show mediocre de su retoño. No sea malagradecida, porque este país ha sido muy generoso con sus compatriotas y muchos chilenos se han visto postergados por culpa de ellos.
Por Cristián Valenzuela, abogado
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