Columna de Magdalena Merbilháa: El cuento del lobo

Pedrito y el lobo es una historia de mentiras y travesuras. Pedrito debía avisar si el lobo venía, para que pudieran proteger a las ovejas. No tomando en serio su labor hará bromas diciendo que venía el lobo cuando no era real. Tras falsamente alertar al pueblo en varias ocasiones, cuando realmente vino el lobo, nadie le creyó y el rebaño se perdió en la desgracia. Esta historia cuenta que mentir no es bueno y que los dichos deben condecirse con la acción. Esta historia habla de una gran verdad constante. De hecho, el problema del gobierno actual es constantemente decir algo y hacer otra cosa.
Nuevamente incendios, esta vez en La Araucanía. El Presidente dice muy suelto de cuerpo: “Tengan certeza de que no les vamos a dejar”. Parece una frase vacía, que recuerda al “No los dejaremos solos” tras los incendios de la Quinta Región. Igual que en la historia de Pedrito y el lobo ya nadie le cree y la frase suena como una broma de muy mal gusto. En los incendios del año pasado, el Presidente dijo que dispondrían “todos los recursos técnicos y humanos”, monitoreando desde el Palacio de La Moneda, sin ir a la zona. Enviará a ministros de enlace que serán un show mediático más que real gestión. De hecho a un año, la reconstrucción no avanza lo que deja en evidencia que fueron abandonados, lo que es vergonzoso. Los supuestos responsables son irresponsables y siempre es culpa del empedrado. En este gobierno, nunca nadie es responsable. No ruedan las cabezas ante la evidente falta de gestión. No hay metas y si no se cumplen, nadie paga. Las responsabilidades políticas no son de nadie. Siempre se justifican, incluso hasta el absurdo, culpando la falta de gestión, incluso, a la falta de fotocopias. Hablan como si los chilenos fuéramos estúpidos y no lo somos.
El Presidente afirmaba no dejar a quienes sufrían en los incendios, mientras se reunía, en un asado con sus artistas favoritos en el marco de Lollapalooza, claras prioridades, sin duda. Mientras “arde Roma”, Nerón tocaba la lira. Esa imagen es el ejemplo de la desidia y falta de empatía, algo que hoy se repite. Esto es una constante del gobierno todo y de esta generación de “iluminados”. Monsalve llegaba a medio día al trabajo con resaca del día anterior. La diputada Veloso en franco estado de ebriedad un lunes.
La crisis país requiere toda la atención de sus gobernantes. Son sólo cuatro años, por lo que debieran concentrarse y dedicarse, por entero, a gobernar, a gestionar, a mejorar la vida de las personas. La economía está deteriorada, se han gastado los ahorros del país y no le han mejorado la vida a nadie. Las listas de espera se han incrementado y la salud está completamente al debe. El Hospital Van Buren no tiene insumos y las mujeres dan a luz sin anestesia. En Educación, mientras los resultados son cada vez peores, los profesores de Magallanes se van a paro para lograr prebendas personales, poniendo sus intereses por sobre el bienestar de los niños. Y mientras el país vuelve a incendiarse el Presidente, cual Nerón, toca la lira, junto a la banda Tool.
Frente a los desastres por ellos aumentados, bailan y cantan, reclaman su tiempo libre y no se ocupan de sus deberes. Son jóvenes y algunos, no tan jóvenes, pero cual Peter Pan, viejos inmaduros, que tienen “derechos”, muchos derechos y cero deberes. Para la autoridad la labor es por 4 años 24/7 y frente a desastres deben estar, no sólo de palabras, sino de acción. El mínimo es apersonarse, hacerse presente. Decir que no los abandonarán para inmediatamente abandonarlos para irse de carrete con una banda de rock es al menos impresentable. El decir y el hacer deben ir de la mano. Una vez que esto no es consecuente, puede ser perdonado. Dos veces y más, ya les quita la credibilidad. Igual que en el cuento de Pedrito y el lobo, ya nadie les cree. Es por eso que Winston Churchill decía: “ ya no escucho a la gente, solo veo lo que hacen. La conducta nunca miente”. Sí, los chilenos en necesidad han sido constantemente abandonados.
Por Magdalena Merbilháa, periodista e historiadora.
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