Columna de Stéphanie Alenda: Fisión en la derecha dura, síntomas y efectos
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Kast y Kaiser están explorando una alianza política de cara a las parlamentarias.
La proliferación de alternativas presidenciales en la derecha ha dejado perplejo a más de un observador. Ocurre en el sector con mayores probabilidades de llegar a La Moneda y ganar las elecciones parlamentarias. En la derecha dura, la fisión del Partido Republicano y la irrupción de Johannes Kaiser tiene como corolario reacciones en cadena que agregan mayor incertidumbre al escenario electoral.
Esta fisión es síntoma del pluralismo fragmentado de nuestro sistema de partidos. En un escenario de alta fragmentación, con un fuerte personalismo y bajos niveles de identificación partidaria, el electorado tiende a optar por partidos nuevos o candidaturas disruptivas. Estudios de la relación entre polarización y volatilidad han concluido que los sistemas caracterizados por una convergencia de los partidos hacia el votante mediano, al implicar un desdibujamiento de las identidades partidarias convencionales, impulsan la emergencia de nuevos actores. Estos suelen ser anti-establishment. No se caracterizan por una oferta ideológica necesariamente distintiva a la existente, más bien tienden a extremar posiciones. Aparecen como partidos o candidatos “de lo nuevo”, que buscan recuperar identidades perdidas tras la moderación de los partidos tradicionales.
Tanto José Antonio Kast como Johannes Kaiser hicieron sus primeras armas en la UDI antes de converger en Republicanos. Sus diferencias son esencialmente simbólicas. El segundo proceso constitucional tendió a desdibujar la figura de Kast, por lo que Kaiser pasó a ocupar el espacio del candidato antisistema del que se valora la consecuencia y un estilo frontal, capaz de capturar el inconformismo social. Su ubicación en segundo lugar de las preferencias aumentó la competitividad de un proyecto de derecha alternativa, y provocó una radicalización en cadena: en línea con Kaiser, Republicanos endureció el tono hacia Matthei, cerrando la puerta a una primaria de unidad. Mientras que, al abrirse a una coalición amplia, Matthei tendió la mano a la derecha dura, lo que pudo ser leído como una adhesión a su proyecto político.
El efecto arrastre de Kaiser comporta el riesgo de profundizar la polarización -y no solo fragmentación- del sistema de partidos. Tal como señala Sartori en un análisis seminal, en los pluralismos polarizados, las élites se caracterizan por buscar a toda costa diferenciarse, recurriendo a una “rigidez ideológica y de principios puntillosa”, que se ilustra por una “manera doctrinaria y poco realista de enfocar los temas políticos”. La dinámica que tuvo la aprobación de la reforma de pensiones apoyada por el 65% de los chilenos (y una mayoría de quienes se identifican con la derecha) es ilustrativa de esa actitud.
Kast y Kaiser están explorando una alianza política de cara a las parlamentarias. Aunque la proyección de cada candidatura sea aún incierta, Chile Vamos no solo tiene el desafío de ofrecer un proyecto alternativo de centroderecha, sino de enfrentar los posibles efectos no deseados de esta competencia sobre sus resultados en las parlamentarias y la opción presidencial de su candidata.
Por Stéphanie Alenda, directora de Investigación, Fac. Educación y Ciencias Sociales, U. Andrés Bello
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