Columna de Yanira Zúñiga: La empatía

En la última edición de los SAG Awards, Jane Fonda fue homenajeada por sus pares con el premio a la trayectoria. Con epítetos como “poderoso” o “inspirador”, diversos medios internacionales destacaron su discurso de agradecimiento, en el cual subyace claramente una crítica a la política divisiva y “anti woke” de la administración Trump.
En una alocución, cargada de fuerza y convicción, Fonda aludió a la situación política estadounidense, calificándola de muy “seria”. Relevó, en particular, el rol de los sindicatos y la comunidad como frenos al retroceso de las conquistas sociales; y reivindicó la importancia moral y política de la empatía. “Soy una gran creyente en los sindicatos -dijo-. Nos respaldan, nos llevan a la comunidad y nos dan poder. Comunidad significa poder”. Y agregó: “¿Alguna vez has visto un documental de uno de los grandes movimientos sociales? […] Pregúntate a ti mismo, ¿hubieras sido lo suficientemente valiente para caminar por el puente, aguantar las porras y los perros?”. Evocando dramáticas imágenes, invitó a hacer un experimento mental revelador de las condiciones en las que muchos de los derechos que damos por sentado llegaron a consagrarse, recordando la historia de valentía y sacrificio detrás de ellos. “No debemos aislarnos. Debemos permanecer en comunidad, […] ayudar a los vulnerables […]. Ser woke solo significa que te importan los demás; […] incluso si son de una posición política diferente, tenemos que apelar a nuestra empatía y no juzgar, sino escuchar desde el corazón y darles la bienvenida a nuestra carpa, porque vamos a necesitar una gran carpa para resistir con éxito lo que se nos viene encima”.
Uno de los aspectos más interesantes de su discurso es su referencia a la empatía. La empatía es una palabra relativamente nueva, localizada regularmente en el vocabulario psicológico (“competencias blandas”, se diría en otras jergas). En simple, la empatía consiste en ponerse en el lugar del otro. Pero ser alguien empático no tiene nada de simple. Supone una triple habilidad: perceptiva, sensitiva y cognitiva. En primer lugar, descifrar emociones ajenas a través de gestos y conductas; luego, experimentarlas como propias, para, finalmente, procesar la realidad a través de otros ojos, y así acceder a una perspectiva distinta del mundo, incluso, a un mundo diverso u opuesto al propio.
La empatía suele ser resaltada como virtud moral, pero no necesariamente política. De ahí el mérito del discurso de Jane Fonda. Según ella, la empatía cimenta la cohesión y la acción social; preserva y fortalece la democracia y los derechos. Pero, para que la empatía haga eso requiere conjurar el peligro que ella misma porta. La habilidad humana de acceder a emociones ajenas posibilita manipular angustias, miedos y deseos; y dirigir esas emociones, como un búmeran, contra las mismas personas que las experimentan y, sobre todo, contra los grupos más vulnerables. ¿No es esto, acaso, lo que han hecho populistas, como Trump y Milei?
Comenta
Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbete aquí.