Delincuencia juvenil: invertir socialmente antes que castigar

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Delincuencia juvenil: invertir socialmente antes que castigar .

Numerosas investigaciones internacionales han sido categóricas en señalar que castigar más tempranamente no resuelve el problema, sino que aumenta la probabilidad de trayectorias delictivas más prolíficas y más graves.



El creciente involucramiento delictivo de niños y jóvenes ha suscitado numerosos debates con un mayor énfasis punitivo. Las respuestas inmediatas apuntan a endurecer penas o reducir la edad de imputabilidad penal. Sin embargo, es importante que la discusión apunte a las causas y no tan solo a los efectos, si queremos medidas eficaces y sostenibles en el tiempo.

Numerosas investigaciones internacionales han sido categóricas en señalar que castigar más tempranamente no resuelve el problema, sino que aumenta la probabilidad de trayectorias delictivas más prolíficas y más graves. La Universidad de Edimburgo, en uno de los estudios longitudinales más extensos sobre 4.300 niños dirigido por Susan McVie, como también la “Task Force on Community Preventive Services” de Estados Unidos, así lo indicaron.

Por tanto, la evidencia muestra que el mejor mecanismo para la prevención y el desistimiento temprano es abordar los espacios donde comienza el riesgo delictivo. La violencia y la negligencia intrafamiliar, el abandono escolar, la pobreza persistente, el consumo problemático de sustancias, la falta de adultos significativos y entornos comunitarios desorganizados o cooptados por el narcotráfico, se van enraizando como causas y catalizadores de trayectorias delictivas tempranas y violentas.

Desde el enfoque de la salud pública, la prevención social temprana, centrada en los factores de riesgo, es la herramienta más eficaz y costo-eficiente para reducir la criminalidad juvenil.

Los programas de apoyo a la crianza -como PMTO y Familias Unidas- han demostrado reducir dramáticamente la probabilidad en inicios de trayectorias delictivas. Más aún, estudios del Premio Nobel de Economía James Heckman muestran como también aumentan ingresos autónomos en familias en situación de pobreza. Asimismo, las intervenciones de reingreso educativo permiten reducir la reincidencia en más de un 40% y cuando se potencian con articulación familiar y comunitaria reducen cinco veces la probabilidad de persistir en trayectorias delictivas.

Hoy la Subsecretaría de Prevención del Delito tiene en su oferta a la Terapia Multisistémica, pero la cobertura no llega ni al 10% de la demanda actual, sin siquiera abordar a los niños declarados inimputables y que son invisibilizados en el sistema de protección. Donde solo 600 de ellos acceden a programas de Mejor Niñez y el resto vuelve a custodia de sus padres, los mismos que muchas veces les iniciaron en el delito.

Necesitamos instalar modelos preventivos con evidencia, por ello es pertinente que las Oficinas Locales de la Niñez, los incorporen con disponibilidad local y cobertura adecuada. Por otra parte, el sistema de reinserción juvenil, para aquellos que ya se han iniciado en el delito, debe focalizarse en las trayectorias educativas, en el tratamiento de la salud mental, en dar oportunidades de inserción laboral, acompañamiento personal y la reparación del daño hacia las víctimas.

Para enfrentar la delincuencia juvenil tenemos que ir a las causas. Impulsemos una Agenda Temprana de Prevención Social, fortalezcamos las leyes que castigan a adultos que involucran a niños en delitos, preocupémonos de los hijos de padres y madres presos, de los que son excluidos del colegio, impulsemos las habilidades socioemocionales desde kínder, demos una dura batalla contra el acceso a armas y drogas, recuperemos los espacios públicos y desarticulemos las bandas. Se requiere mucho esfuerzo y no pocos recursos, pero a largo plazo no será solo una ilusión de protección.

Por Marcelo Sánchez, director ejecutivo Fundación San Carlos de Maipo

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