Gabriela Mistral, lesbiana

SEÑOR DIRECTOR:
La conmemoración de los 80 años de la Premio Nobel ha generado un exhaustivo debate en redes sociales, en que las opiniones versan en dos bandos: quienes consideran que es “innecesario” ventilar la vida privada de Gabriela Mistral, y quienes ven una oportunidad de reivindicar la orientación sexual de la fallecida poeta.
Es llamativo, por decir lo menos, que justamente cuando se apela a la sexualidad de alguien tan relevante como la primera mujer latinoamericana en recibir el Nobel aparezcan voces de todos los sectores (conservadores y progresistas) cuestionando este merecido homenaje desde un ámbito de la vida de ella que nos dice mucho más de la persona humana que desde la instalación de un personaje lejano, casi asexual, que estudiosos instalan como una imagen única de la poeta. Es como si les avergonzara, e incomodara, la palabra “lesbiana”, como algo indigno, una vida íntima que no merece la pena conocerse.
El argumento de que ella en vida no lo asumió, que quizás lo hubiera negado, tal como lo hizo su pareja por años, Doris Dana, las pocas veces que accedió a una entrevista, son irrelevantes hoy en día; y no solamente porque lleva muerta décadas, sino también porque a través de sus cartas conocemos a alguien que vivió con intensidad su relación, y escribió incluso sobre ello en algunos de sus poemas.
Gabriela Mistral es un referente para muchas mujeres y jóvenes que han logrado conocer su obra, interesarse por ella desde otras ópticas, y valorarla, e incluso hacerla suya. La representación importa para todos los grupos históricamente invisibilizados y marginados del discurso público. Como bien pregunta la escritora Diamela Eltit, ¿qué hacemos con el lesbianismo de Gabriela Mistral? Respetarlo y, por qué no, alabarlo.
Erika Montecinos
Periodista y presidenta de Fundación Poderes LGTBIQ+
Comenta
Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbete aquí.