La ilusión de participar en la Laguna Cristalina

La columna fue coescrita con Mg. Juan Barrientos Maturana, Smart City Lab de la Universidad de Santiago de Chile.
En estas últimas semanas han aparecido en la prensa dos situaciones que se han reiterado mucho en los últimos años y que se dan en el marco de los grandes proyectos que modifican nuestro entorno urbano. El primero de ellos es el proyecto El Peñón en San Bernardo, que consiste en la construcción de un centro de distribución de Walmart, por un valor de 180 millones de dólares y que generaría según la empresa dos mil puestos de trabajo. Nadie duda de que la necesidad de recibir inversión externa y además generar empleo son materias relevantes y necesarias para el crecimiento de nuestra economía. Sin embargo, como en toda gran intervención hay efectos secundarios indeseados que tienen a los habitantes del sector de El Barrancón y Lomas de Mirasur en contra del proyecto ante un eventual colapso vial, ruido y contaminación, como efecto del alto flujo de camiones entrando y saliendo de las instalaciones. Esta postura cuenta con el respaldado de la alcaldesa de San Bernardo Sra. Nora Cuevas. Si bien el proyecto ya fue aprobado por Comité de Ministros del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), el malestar de los vecinos persiste.
El segundo caso ocurrió este 21 de octubre con la consulta ciudadana realizada a los vecinos de Las Condes, Providencia y La Reina, en relación a un plan de mejoramiento del Parque Padre Hurtado. La iniciativa buscaba mejorar un espacio público para los ciudadanos y recuperar 14 hectáreas actualmente cerradas al público. La consulta tenía dos opciones curiosamente cerradas: "Con Laguna Cristalina" o "Sin Laguna Cristalina". Finalmente, la segunda alternativa se impuso con una mayoría abrumadora.
Ambos casos están unidos por un mismo concepto: la participación ciudadana. ¿Hay una real participación ciudadana en los casos citados? Aparentemente muchos lo creen al menos el caso de Las Condes, sobre todo por el hecho de que se realizó una votación.
Tomemos como marco de análisis el paradigma de las ciudades inteligentes o Smartcities, donde uno de los pilares de este constructo es la participación ciudadana. ¿Qué debemos entender por participación ciudadana? En la literatura este es un tema con diferentes aproximaciones, ya que no hay consenso sobre qué tipo de participación es la más adecuada. Los gobiernos pueden invitar tanto a los ciudadanos a participar, incluyéndolos en políticas de desarrollo urbano, como también pueden hacer exactamente lo contrario, desalentándolos y evitando sus preocupaciones. Si bien en democracia existen modelos de participación, también hay maneras indirectas en las cuales los ciudadanos eligen a otros actores para que los representen en la toma de decisiones. Por el contrario, en los modelos de participación directa, los ciudadanos se involucran de forma personal y se ven envueltos de forma activa en los procesos de co-diseño de la solución y de toma de decisiones. Para simplificar el análisis tomemos el modelo propuesto por la OECD[1] en el año 2001, en el que se relaciona a los ciudadanos con la toma de decisiones. Esta propuesta se basa en tres conceptos y/o etapas que son la información, la consulta y la participación activa. La etapa de información consiste en una relación unidireccional en la cual el gobierno o municipio, produce y entrega información para uso de los ciudadanos o vecinos, como es el caso del proyecto El Peñón de San Bernardo. Aquí hay un acceso "pasivo" a la información por parte de los ciudadanos. Estos no tienen opción de incidir activamente en modificaciones o diseños alternativos. La segunda etapa, es la "consulta", donde se da una relación bidireccional, en la que los ciudadanos proporcionan también información al gobierno o al municipio. En este caso los gobiernos o municipios definen los temas de consulta y establecen las preguntas. El resultado de la consulta puede ser o no vinculante, como en caso del Parque Padre Hurtado donde sí lo es, ya que los vecinos son invitados a aportar sus puntos de vista mediante una votación con opciones cerradas. Y finalmente, está la participación activa, que se basa en que los ciudadanos o vecinos participan directamente en la definición del proceso y el contenido de la formulación de políticas en conjunto con las autoridades, aunque la responsabilidad de la decisión final recae en el gobierno o municipio.
Como se aprecia, la participación ciudadana puede ser activa o pasiva. Para los modelos de Smartcities, la gobernanza y en particular la participación ciudadana, requieren no solo de una ciudadanía informada, sino de la participación activa de la misma, yendo una paso más allá de la mera entrega de información o de la consulta cerrada, participando en el diseño de la solución de los problemas que los afectan. En los dos casos descritos anteriormente, no estamos ante una participación activa. En el caso de San Bernardo y el proyecto de Walmart, los "no vecinos" participaron en el diseño de las medidas de mitigación que propone la empresa, que implican una inversión de aproximadamente 15 millones de dólares para cumplir con todas las normativas chilenas. Por otra parte, la consulta de Las Condes, apuntada a tener o no tener la llamada Laguna Cristalina, pareciera ser insuficiente, en la medida que en el diseño de los proyectos propuestos, no participaron los vecinos de Las Condes, La Reina y Providencia. ¿Se ha consultado a los vecinos qué quieren hacer con el Parque Padre Hurtado? ¿Pueden los vecinos participar en el diseño del Parque y no solo responder ante la idea de una laguna? Si bien en los últimos años se avanza hacia una mayor participación ciudadana, el esfuerzo que hacen las alcaldías, y particularmente el edil Joaquín Lavín con sus mediáticos proyectos, no es suficiente para darle protagonismo a los ciudadanos en el diseño de sus espacios públicos, sino que solo nos quedamos con la ilusión de haber participado.
[1] OECD. (2001). Citizens as Partners - Information, Consultation and Public Participation in Policy-Making, p. 23
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