La izquierda en shock

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Bolsonaro muestra una copia de la Constitución durante una ceremonia en el Congreso, en Brasilia


El día después del triunfo de Jair Bolsonaro, varios militantes de izquierda se encontraron en la Fundación Chile 21. Primaba una sensación de pesar, un fuerte espíritu de autocrítica y el reconocimiento que es necesaria una profunda reflexión y renovación. Se coincidía, sin embargo, que la posibilidad que Bolsonaro pueda avanzar con sus objetivos de política es baja; su programa es genérico y bastante improvisado; su base política precaria (tiene sólo un 10% del Congreso), y el sistema político se encuentra altamente fragmentado (hay más de 30 partidos con representación parlamentaria).

Se reconocía como causa de la victoria la desesperanza y la ira de amplios sectores medios con el sistema político, por la crisis económica, la violencia extrema y la corrupción, y las dificultades para lograr la unidad al interior de la izquierda y con el centro. Aunque la corrupción cruza todo el espectro político, lo cierto es que el PT ocupó el gobierno durante 14 años y no cumplió con las expectativas de que terminaría con ella. Algunos buscan justificaciones; en un sistema corrupto no es posible acceder al gobierno sin asumir esas prácticas; para otros, no hay justificación, más aún cuando se exportó corrupción a otros países de la región con Odebrecht y OAS.

Pero el populismo de extrema derecha está en EE.UU., en Filipinas, en Francia y en Hungría. Las explicaciones son distintas; en Europa y EE.UU. tiene que ver con el deterioro de las condiciones de vida de amplios sectores; con la inmigración, con instituciones estatales y supraestatales blindadas frente a las demandas de los grupos populares y medios. La población se cansa de votar por fuerzas cuyas diferencias se desdibujan y rechazan el no ser tomados en cuenta en las principales decisiones de políticas públicas. Cuando votan, lo hacen por los que expresan los sentimientos más innobles que surgen de la desesperanza y la ira. Se trata de una violencia verbal ("prefiero un hijo muerto a un hijo gay"), que termina en la violencia brutal. El reciente asesinato múltiple en un sinagoga en EE.UU. es una expresión de ello. Es la reaparición de la barbarie.

El triunfo de Jair Bolsonaro remeció a la izquierda chilena. Es un castigo por su creciente separación de la sociedad, el desprecio hacia los movimientos sociales, la ambigüedad respecto de regímenes como el de Venezuela y Nicaragua, la corrupción y las dificultades insalvables (hasta ahora) de levantar una propuesta post neoliberal y a jugarse por complementar la democracia electoral con la democracia participativa. Empezamos a ver recién nuestros problemas. Es un primer paso.

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