Columna de Gonzalo Cordero: PS y el precio de sus decisiones

La diferencia más profunda entre la mentalidad de izquierda y la de derecha, o entre la estatista y la liberal, como se quiera decir, es la distinta relevancia que cada una le da a las circunstancias externas en relación con la responsabilidad personal por las propias decisiones. Esta diferencia permite analizar la reacción del Partido Socialista frente a la resolución del Tribunal Constitucional que ordena cesar en el cargo a la senadora Allende.
¿En qué momento los socialistas pudieron creer que su rendición ante el Frente Amplio podía terminar de otra manera? ¿Qué tan confundido pudo estar un grupo político para pensar que su camino al éxito estaba en abandonar el proyecto de Lagos para seguir a Boric? Mirando en retrospectiva cabe preguntarse si, de verdad, en algún momento esperaron algo diferente. Se entiende que los senadores socialistas estén golpeados, como también se entiende la indignación frente al daño demoledor -lo reconozcan o no- al apellido Allende. Lo que no se entiende es que no tengan un mínimo de autocrítica, que no asuman que este es uno de los precios que tendrán que pagar por sus propias decisiones.
En algún momento pareció que Chile podía llegar a ser el primer país de América Latina en alcanzar el desarrollo, creerlo fue una expresión de ingenuidad, que tenía como elemento esencial pensar que podíamos tener una izquierda de país desarrollado. Parecía que sí, de pronto vimos líderes que no mostraban afección al régimen cubano, sino que miraban a grandes políticos europeos socialdemócratas, como Mitterrand y Blair.
Cuando Ricardo Lagos rechazó apoyar la invasión de Estados Unidos a Irak, lo hizo sin estridencias, fundado en la autoridad que da la racionalidad y el apego a los principios. Lo hizo y se ganó el respeto de Bush, no su animadversión. Estimados socialistas, ¿se dan cuenta la distancia que hay entre eso y lo que vimos la última semana desde India?
Cuando el Partido Socialista tuvo la oportunidad de defender los 30 años -“sus” 30 años- reafirmando que eran algo distinto, que la famosa renovación era un cambio profundo que había echado raíces, no lo hicieron. Pudo más “el llamado de la selva”, se entusiasmaron con el discurso indigenista y disociador de la Lista del Pueblo, el PC y el Frente Amplio en la Convención Constitucional. Algunos con inocultable incomodidad, pero la mayoría con atávico entusiasmo, coescribieron y llamaron a aprobar la constitución chavista.
En el PS se impuso la mirada de corto plazo, la astucia a la chilena. Entrar a La Moneda, aunque fuera por una ventanita. “La cabra tiró p’al monte” y ahora se queja, porque en el monte hay depredadores y accidentes.
En menos de cuatro años el Frente Amplio destruyó la reconstrucción de la izquierda, que otras generaciones habían pagado muy cara; fracasó con su proyecto constitucional delirante y ahora expuso el mayor símbolo del socialismo a la humillación. Es razonable que el PS esté indignado, pero debiera partir por estarlo con sus propias decisiones.
Por Gonzalo Cordero, abogado
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