Trump y el nuevo orden económico mundial

Donald Trump anuncia aranceles del 10% para Chile
Trump y el nuevo orden económico mundial. Brendan SMIALOWSKI / AFP

La decisión de Estados Unidos de elevar los aranceles a más de 180 países es el mayor golpe al comercio mundial en casi 100 años y generará no solo un escenario global más inestable, sino previsiblemente menor crecimiento y mayor inflación.



El miércoles, al anunciar el mayor cambio a las reglas del comercio mundial en casi un siglo en el autodenominado Día de la Liberación, el Presidente de Estados Unidos aseguró que esa jornada será recordada en el tiempo. “Este pasará a ser uno de los días más importantes en la historia de nuestro país”, dijo en el jardín de las rosas de la Casa Blanca. Es muy probable que el mandatario no esté equivocado, pero no por las razones que él espera. La decisión de fijar una tarifa de 10% a más de 100 países que comercien con Estados Unidos y elevar los aranceles a tasas no vistas -en algunos casos, incluso desde fines del siglo XIX- a otros 60, tendrá severas consecuencias en la economía mundial, no solo presionando al alza una inflación que recién empezaba a ser contenida en muchos países, tras los efectos de la pandemia, sino también debilitando el crecimiento global.

Como dijo el ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Kenneth Rogoff, el Presidente de Estados Unidos lanzó “una bomba nuclear sobre todo el sistema de comercio global”. La lógica que ha guiado al mundo desde el término de la Segunda Guerra Mundial y que se profundizó a fines de la década del 80, con el desplome del Muro de Berlín y el avance de la globalización, llegó a su fin el 2 de abril pasado. Y el responsable de acabar con ella es el Presidente del mismo país que impulsó ese nuevo orden económico nacido a mediados del siglo pasado y el gran promotor de la apertura de los mercados y de la promoción del comercio mundial. Un modelo que además favoreció uno de los periodos más virtuosos en términos de crecimiento económico en el mundo, donde las economías emergentes se convirtieron en un motor clave del desarrollo global.

Detrás de la decisión del mandatario norteamericano se encuentra el desequilibrio creciente en la balanza comercial entre Estados Unidos y el mundo. Una realidad que según Trump ha afectado a los trabajadores estadounidenses que han visto perder puestos de trabajo y debilitado su calidad de vida. Por ello, los aranceles apuestan a reforzar la industria interna y atraer inversión externa a Estados Unidos. La historia recuerda sin embargo que el camino elegido por el Presidente de la principal potencia económica mundial termina generando más efectos perversos que virtuosos. La magnitud del alza de aranceles anunciada es la mayor desde la aprobación de la Tariff Act en 1930, que fue presentada en ese entonces como la respuesta para proteger la economía interna y hacer frente a la crisis económica de esos años, pero terminó agravando la Gran Depresión.

Más grave aún, como ha quedado de manifiesto en estos días, es que cualquier decisión de alzas arancelarias termina generando una escalada cuyos efectos son difíciles de prever y que ahondarán las consecuencias negativas de la medida anunciada por el mandatario de Estados Unidos. La UE anunció que dará a conocer una respuesta a las tarifas fijadas por EE.UU., que calificó como “un duro golpe a la economía mundial” con “graves consecuencias para millones de personas en el mundo”. China decidió, por su parte, elevar sus aranceles a los productos estadounidenses en el mismo porcentaje de 34% fijado para sus bienes exportados a EE.UU. y el Congreso de Brasil aprobó una norma que faculta al gobierno a tomar represalias. “Habrá reciprocidad, este proteccionismo no tiene cabida”, dijo el Presidente Lula da Silva.

Con el anuncio el clima de incertidumbre de la economía mundial se ha acrecentado, como quedó en evidencia con el comportamiento de los mercados en los días siguientes, con fuertes caídas en las bolsas. Un hecho que se suma además a un mundo donde el viejo orden geopolítico mundial también atraviesa una profunda transformación y el respeto a las normas internacionales que han guiado al mundo desde 1945 han sido puestas en cuestión. Las declaraciones de Trump sobre su interés de controlar Groenlandia o retomar el control del canal de Panamá e incluso sugerir que Canadá sea el estado 51 de la Unión solo alimentan el desorden global. Lo mismo sus acercamientos a Rusia que han hipotecado la histórica relación entre Estados Unidos y Europa, que ha sido la base del orden mundial y de la fortaleza de los principios democráticos en el mundo.

En este escenario el panorama para Chile es aún incierto dadas las tasas aplicadas a otros países. El giro proteccionista de Trump va en contra de la lógica de apertura económica que ha estado en la base del modelo económico que permitió en las últimas décadas una profunda transformación del país. Pero más grave aún, un escenario de menor crecimiento mundial y de mayor inflación, podría hacer aún más complejo enfrentar el estancamiento económico en que se encuentra Chile. Si bien la tasa del 10% impuesta a nuestro país es la base fijada por Estados Unidos y aún no se han anunciado tarifas específicas para el cobre y la madera, el gobierno debe evaluar con atención los pasos a seguir. En ese sentido, poco contribuyen las recientes declaraciones del Presidente Gabriel Boric durante su gira a India, donde lanzó duras críticas a Trump. En el actual escenario, la protección de los intereses del país exige especial prudencia y responsabilidad.

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