De las reuniones de Pablo Neruda con la URSS a los veranos de Santa Teresa de los Andes: libro revela la desconocida historia de Algarrobo

Libro revela desconocida relación de Pablo Neruda con Algarrobo, la URSS y la Guerra Fría
De las reuniones de Pablo Neruda con la URSS a los veranos de Santa Teresa de los Andes: libro revela la desconocida historia de Algarrobo

"Apuntes de Algarrobo" de Pablo Salinas detalla desconocidos pasajes del balneario, incluyendo los vínculos con el poeta, la Guerra Fría, Salvador Allende y Santa Teresa de los Andes.


En 2024, la playa de Algarrobo disminuyó 4,83 metros y registró un nivel de erosión que hace palpable su posible desaparición en los próximos 10 años. El balneario no solo fue el destino favorito de muchos presidentes como Salvador Allende y Manuel Montt, sino que es una localidad que cuenta con una gran historia. Ahora, una nueva investigación sobre el lugar ha develado algunos desconocidos detalles sobre esta popular playa.

Pablo Salinas eligió vivir en Algarrobo hace 30 años. En su infancia, se dio cuenta de que este lugar era especial y quedó patentado en sus fotos de infancia. Se ha destacado como artista visual en galerías internacionales y en el ámbito literario, ha publicado varias obras con amplia distribución, que le merecieron obtener en 2020 el Premio Naitun por su aporte a las comunicaciones.

Pablo Salinas, autor de apuntes en Algarrobo, junto a su familia Salinas Martinez
Pablo Salinas, segundo de izquierda a derecha, autor de Apuntes en Algarrobo, junto a su familia Salinas Martínez.

De las reuniones de Pablo Neruda con la URSS a los veranos de Santa Teresa de los Andes: libro revela la desconocida historia de Algarrobo

Su último libro, Apuntes de Algarrobo, reflejan cómo se ha convertido en un cronista experto, más allá de la simple documentación histórica del litoral. Su investigación ha puesto bajo el reflector a Algarrobo, un destino turístico emblemático en la costa central, conocido no solo por su belleza, sino también por su vínculo con la élite política. Desde las visitas de presidentes, hasta la influencia de ilustres figuras del arte y la cultura, han forjado la identidad de este rincón chileno. El autor reafirma el estatus de un lugar donde la historia y la naturaleza convergen, creando un espacio de significado profundo para todos quienes lo visitan.

Su libro incluye el relato de hace 150 años del historiador José Toribio Medina, quien ya advertía sobre la desaparición de los vestigios prehispánicos en la costa de Algarrobo. En su libro Los aborígenes de Chile (1882), mencionaba la presencia de conchales—depósitos de conchas que delataban la existencia de antiguos asentamientos costeros—pero también señalaba que la agricultura ya había hecho lo suyo, arrasando con la mayoría de estos rastros. “Apenas si hoy día puede constatarse en las vecindades donde se amontonaron, algunos restos de tosca alfarería”, escribió.

Si en el siglo XIX las huellas de estas comunidades ya estaban al borde de la extinción, ¿qué queda hoy? Algarrobo, como tantos balnearios de la zona central, ha vivido un crecimiento urbano explosivo. Entre segundas viviendas, condominios y carreteras, el pasado indígena ha quedado enterrado—literalmente—bajo el cemento. Lo poco que sobrevive, lo hace en la memoria de algunos arqueólogos y en registros históricos que pocos revisitan. Estos son algunos de los descubrimientos que traza Pablo Salinas en Apuntes de Algarrobo.

Una historia muy larga: los presidentes, los escritores, los historiadores

Salinas dice que un rasgo distintivo y diferenciador de Algarrobo es su antigüedad, cuan longevo es. Esto, no solo dentro del contexto de los balnearios del litoral central, sino de todo Chile. Dice que ya en la década 1840, Manuel Montt Varas, antes de convertirse en presidente de la república y siendo ministro del general Bulnes, visitaba cada verano estas costas junto a su familia. La primera carta en que hace referencia a sus temporadas veraniegas en la localidad data de 1844.

Alberto Blest Gana, en su novela Engaños y desengaños, escrita en 1855, nos sitúa curiosamente también en ese mismo año, 1844, cuando, según nos señala, las clases acomodadas de Santiago empezaban a adoptar la costumbre de escaparse de la ciudad para capear los calores del verano, siendo “El Algarrobo” uno de los destinos preferidos. La misma construcción de la Iglesia La Candelaria, en 1837, muy probablemente financiada, al menos en parte, con recursos de la familia Balmaceda, propietaria del fundo San Gerónimo, nos entrega otra evidencia de esto.

Asegura que la historia de los presidentes en esta localidad, jamás ha sido un mito. “Al ya señalado Manuel Montt, en el siglo XIX podemos añadir a José Manuel Balmaceda, hijo del propietario de San Gerónimo, y quien también se relacionó con el balneario. Pero es durante el siglo XX que esta tradición se consolida con la presencia de Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende y Patricio Aylwin, todos políticos de gran relevancia en la escena nacional, quienes se convierten en regulares veraneantes algarrobinos antes de alcanzar la presidencia del país. A estos nombres, tenemos necesariamente que añadir a Carlos Alessandri Altamirano, uno de los grandes forjadores del proceso de urbanización del balneario, quien no fue presidente, pero sí sobrino y primo de Arturo Alessandri Palma y Jorge Alessandri Rodríguez, quienes sí lo fueron”.

Salvador Allende en su casa de Algarrobo 1954
Salvador Allende en su casa de Algarrobo en 1954. Junto a Hernán Santa Cruz, primer embajador de Chile ante la ONU. Fuente: © Archivo General Histórico - Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Foto extraída de "Biblioteca Virtual Salvador Allende Gossens" @PipeHenríquezO

Pablo Neruda en Algarrobo: de la Guerra Fría al poema del pino

Cuando del poeta se trata, se piensa en su residencia más emblemática en Isla Negra, la cual se conoce como su refugio creativo. Pero hay una especial y desconocida conexión del artista con Algarrobo.

Justo a los pies de la iglesia La Candelaria, se encuentra una casa que el premio Nobel de Literatura, visitó muy frecuentemente y guarda una anécdota poco conocida.

El texto relata que antes de convertirse en un exclusivo destino de descanso, Algarrobo también fue escenario de encuentros e intrigas políticas. En las décadas de 1960 y 1970, una propiedad en la zona pertenecía a Julio Donoso Larraín, un personaje clave del socialismo latinoamericano. Donoso no solo fue cercano a Salvador Allende, sino también un importante financista del proyecto político que llevó al líder de la Unidad Popular a La Moneda. Sus vínculos trascendieron las fronteras chilenas, llegando incluso hasta Fidel Castro.

En 1964, apenas Eduardo Frei Montalva asumió la presidencia, una comitiva soviética aterrizó en Chile con el objetivo de fortalecer las relaciones comerciales con el país. Su estadía se dividió entre dos casas con dueños influyentes: la de Pablo Neruda en Isla Negra y la de Donoso en Algarrobo. Entre el sonido del oleaje y las conversaciones privadas, se tejían las redes de la geopolítica de la Guerra Fría en plena costa central.

Una mañana, Pablo Neruda llegó a la casa de su amigo y lo vio barriendo la terraza del patio. “Es el pino”, le explicó Donoso, refiriéndose al árbol que crecía junto a una esbelta palma chilena. “No deja de botar resina y ensucia todo. Un día de estos lo voy a cortar”.

30-10-64 // Neruda año antifrei // fotografía: @gulppiz

El empresario recuerda en sus memorias que Neruda se quedó en silencio, observando el pino con la gravedad de un juez antes de dictar sentencia. Luego, pidió papel, entró a la casa y, tras unos minutos de escritura, regresó con un poema en la mano. Se lo entregó a su amigo con una advertencia: “Ahora, espero, nunca más hablarás de cortar el pino”.

Gracias a la pluma del poeta, el pino se salvó del hacha y pasó de estorbo a emblema de la casa. Su alegato quedó grabado en una piedra instalada en el jardín. Pero la poesía, al menos en este caso, solo le concedió una prórroga: tras el Golpe de 1973, los nuevos dueños de la propiedad no tuvieron la misma consideración y lo echaron abajo sin contemplaciones.

Lo que sí sobrevivió hasta hoy es la palma, testigo muda de este episodio, donde por un momento, un poema pudo más que la historia.

Hoy, poco queda de esos encuentros en la memoria colectiva. Algarrobo, asociado más a segundas viviendas y deportes náuticos, fue por un momento un punto de reunión para líderes que buscaban torcer el rumbo de la historia. Un recordatorio de que, los rincones más inesperados guardan historias que merecen ser contadas.

PABLO NERUDA
Pablo Neruda

La presencia de Sor Teresa de los Andes en Algarrobo

Por más que se hable de los presidentes y del poeta, el texto también hace mención a las muchas connotadas mujeres que marcaron el balneario. “Me pareció interesante consagrar en mi libro a este grupo de destacadas mujeres, en cierta medida, como contrapunto al otro aspecto relevante en la historia de Algarrobo, el de los políticos y presidentes, dominado en exclusiva por hombres”, dice.

Poco se sabe del paso en su juventud de Juana Fernández, más conocida como Santa Teresa de los Andes, que relataba en sus cartas la vida social y natural de Algarrobo. También se destaca a Amalia Errázuriz, quien concurría frecuentemente en la década de 1860. El libro también indaga en figuras como la escritora Maité Allamand, que escribió parte de su obra junto al estero San Gerónimo; la artista francesa Simone Chambelland y la novelista Mercedes Valdivieso, quien dirigió talleres literarios en la Casa de la Cultura.

Amalia Errázuriz Urmeneta y Algarrobo de 1870
Foto publicada por Pablo Salinas en Algarrobo al día.

El incierto futuro de Algarrobo

El libro remata con el incierto futuro de Algarrobo. Desde el sobrecrecimiento de algas, las acusaciones de contaminación del humedal, la creciente erosión y la popularización del antes exclusivo lugar, podría ser un peligro para la historia que, según el autor, aún queda por contar.

Pero para él, es un aliento a continuar. “Todo lo que amenaza esta rica identidad algarrobina es precisamente lo que, como escritor e investigador, aspiro a combatir. La riqueza patrimonial no puede ser vista como un obstáculo para el desarrollo del balneario, sino, muy por el contrario, como el agente que nos orienta hacia un desarrollo sano, armónico y robusto en todos sus aspectos”.

Esque, esta especial costa a inspirado muchos artistas y el autor lo recopila en su libro. A su vez, destaca un aspecto esencial y distintivo de Algarrobo, que tiene que ver con el patrimonio arquitectónico “no solo es el más antiguo de todo el litoral, sino también el que nos ofrece un rasgo estilístico único y muy definido. En Algarrobo, lo que predomina es el estilo neocolonial, las raíces vernáculas, hispánicas; el balneario se mantiene ajeno a las modas europeizantes, que imperan en las primeras décadas del siglo XX, que sí calan fuerte en otros balnearios como Cartagena o la misma Viña del Mar”.

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