Por Alexis Paiva MackCómo los edulcorantes de uso común pueden alterar la microbiota: esto dice un estudio
El equipo estudió en experimentos cómo los edulcorantes artificiales y bajos en calorías afectan a las bacterias que habitan en el intestino. Asimismo, analizaron cómo estos efectos cambian cuando se consumen junto con otras sustancias comunes, como la cafeína, los saborizantes o ciertos remedios.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge ha demostrado en experimentos de laboratorio cómo los edulcorantes de uso común pueden ralentizar el crecimiento de ciertas bacterias intestinales.
Los edulcorantes se utilizan ampliamente en una gran variedad de alimentos y bebidas, tales como dulces, postres, aperitivos y cereales.
Si bien, usualmente se comercializan como alternativas más saludables al azúcar, cada vez hay más evidencia científica de su relación con enfermedades como la diabetes tipo 2, la obesidad y el cáncer.
Los investigadores centraron su trabajo en las interacciones directas entre los edulcorantes y la microbiota intestinal: la vasta comunidad de microorganismos que habitan el tracto digestivo y desempeñan un rol clave en la salud.
El autor principal del estudio y profesor de la Unidad de Toxicología del Consejo de Investigación Médica de la Universidad de Cambridge, Kiran Patil, explicó que “la mayor parte de lo que sabemos sobre el impacto potencial de los edulcorantes en nuestra salud proviene de investigaciones con animales o de estudios poblacionales”.
“Aunque estos estudios han indicado la participación del microbioma en la mediación del efecto de los edulcorantes, es difícil determinar cómo actúan estos en el organismo: ¿se trata de interacciones directas con la microbiota intestinal?”.
La también autora principal de la investigación, la Dra. Sonja Blasche, de la Unidad de Toxicología, agregó: “Responder a esta pregunta se complica aún más por el hecho de que rara vez consumimos edulcorantes solos. Los tomamos con bebidas, en aperitivos o incluso en medicamentos para enmascarar el amargor”.
Bajo esa inquietud, el equipo estudió cómo los edulcorantes artificiales y bajos en calorías afectan a las bacterias que habitan en el intestino. Asimismo, analizaron cómo estos efectos cambian cuando se consumen junto con otras sustancias comunes, como la cafeína, los saborizantes o ciertos remedios.
Para ello, cultivaron en laboratorio 25 especies de bacterias intestinales, incluyendo bacterias beneficiosas, neutras y potencialmente dañinas.
Luego, expusieron cada cultivo individualmente a 39 edulcorantes comunes de uso comercial, algunos artificiales y otros naturales, y midieron la tasa de multiplicación bacteriana.

Cómo los edulcorantes de uso común pueden alterar la microbiota
Los científicos vieron que alrededor de tres cuartas partes de los 39 edulcorantes modificaron el crecimiento de al menos una especie bacteriana. Junto con ello, algunos edulcorantes ralentizaron o detuvieron el crecimiento de ciertas bacterias asociadas a una flora intestinal saludable.
Posteriormente, probaron cada edulcorante en combinación con compuestos comunes como la cafeína, la vainillina (extracto de vainilla), el advantame (un edulcorante artificial) y ocho medicamentos de uso común para evaluar si esto tenía algún impacto en la microbiota intestinal.
Al analizar los potenciales efectos, encontraron más de 100 interacciones en las que los edulcorantes actuaban de forma diferente al combinarse con otras sustancias. En 34 casos, las combinaciones potenciaron los efectos, mientras que en 68 los atenuaron.
De acuerdo a los investigadores, quienes publicaron sus hallazgos en la revista Molecular Systems Biology, lo más llamativo fue la combinación de isosteviol (un compuesto derivado de la stevia, un edulcorante muy utilizado en la industria alimentaria y de bebidas) y el antidepresivo duloxetina.
Aquella combinación suprimió fuertemente Roseburia intestinalis y Parabacteroides merdae, dos bacterias intestinales que desempeñan un papel importante en el mantenimiento de un sistema digestivo saludable.
Los autores explicaron que, debido a que ninguna bacteria intestinal existe de forma aislada, sino como parte de una “comunidad” dentro del intestino, crearon una comunidad sintética que contenía las 25 bacterias.
Tras permitir que creciera con el tiempo, la probaron frente a diversas combinaciones de edulcorantes y fármacos. Durante el proceso, observaron qué especies aumentaban o disminuían y si la diversidad general cambiaba.
Al imitar de forma simplificada lo que podría ocurrir en el intestino humano, vieron que la combinación de isosteviol y duloxetina reducía la diversidad microbiana.
La combinación de edulcorante y fármaco también alteró qué especies bacterianas proliferaban o disminuían.
En análisis posteriores, vieron que el efecto de la combinación de isosteviol y duloxetina sobre la comunidad microbiana aumentaba la toxicidad hacia ciertas células e interfería con otras células que participan en la inflamación y las respuestas inmunitarias del organismo.
La Dra. Blasche subrayó: “Los edulcorantes suelen comercializarse como metabólicamente neutros, pero nuestro estudio cuestiona esta idea. Descubrimos que pueden afectar directamente a la microbiota intestinal, especialmente cuando se combinan con otros compuestos como medicamentos y aditivos alimentarios. Estas combinaciones comunes podrían tener efectos no deseados en nuestra microbiota intestinal”.
Sin embargo, el equipo precisa que sus experimentos se realizaron en laboratorio y no en humanos, por lo que se requiere de más investigaciones antes de poder concluir que hay efectos directos en la salud humana.
En palabras del profesor Patil, el estudio “sugiere que los edulcorantes artificiales no solo atraviesan el organismo de forma pasiva, sino que pueden interactuar con la microbiota intestinal, y estos efectos pueden verse amplificados o alterados por otras sustancias como los medicamentos”.
“Estos hallazgos pueden orientar nuevos trabajos para comprender cómo los edulcorantes podrían influir en la salud de maneras inesperadas”.
Desde la Asociación Internacional de Edulcorantes (ISA, por su sigla en inglés), la directora para Latinoamérica, Laura Miranda, reitera que el estudio de la Universidad de Cambridge “es un ejercicio exploratorio de laboratorio, realizado íntegramente in vitro con cultivos bacterianos aislados”.
Por lo tanto, subraya, “no es una prueba de que los edulcorantes bajos o sin calorías dañen la salud humana bajo una ingesta normal, ya que no reproduce la complejidad del ecosistema intestinal humano”.
“El hallazgo principal sobre que la combinación de isosteviol y duloxetina redujo la diversidad microbiana, no aplica a la stevia comercial, ya que el isosteviol es un derivado químico que no se comercializa como edulcorante ni es un metabolito normal del esteviol en el organismo”.
Junto con ello, la directora para la región de la ISA agrega: “Ninguno de los edulcorantes aprobados y de consumo habitual evaluados (aspartamo, sucralosa y glucósidos de esteviol como el rebaudiósido A) mostró efectos directos confirmados. Los efectos más drásticos se dieron con compuestos no metabólicos en condiciones aisladas, no con los edulcorantes de uso común”.
“El experimento aplicó la misma concentración a todas las sustancias, ignorando que cada edulcorante se absorbe y metaboliza distinto en el cuerpo humano. Ensayos clínicos en personas confirman que los glucósidos de esteviol no alteran la microbiota dentro de la Ingesta Diaria Admisible”, afirma a través de una carta.
Y asegura, en representación de la ISA: “Como parte de una dieta balanceada, los edulcorantes bajos o sin calorías son herramientas útiles para reducir el consumo de azúcar, controlar el peso, manejarla diabetes y cuidar la salud dental”.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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