
La deportista trans que fue expulsada de su equipo femenino y ahora compite contra hombres
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prohibió que mujeres trans puedan competir en deportes femeninos. Desde entonces, Eliza Munshi, de 18 años, tiene que enfrentarse a hombres, pese a no haber llegado a la pubertad masculina.
Poco después de asumir, una de las primeras cosas que hizo Donald Trump fue firmar una orden ejecutiva para prohibir que las mujeres transgénero compitan en equipos de deporte femeninos.
Días después, Eliza Munshi, una joven trans de 18 años, tuvo que cambiar por completo sus entrenamientos de atletismo en su colegio: ahora tenía que posicionarse en la fila de los chicos.
Su preparatoria, Falls Church en Virginia —aunque está en una zona de tendencia liberal— había acatado la medida de Trump y ya no podía competir contra las niñas, al haber nacido con género masculino.
Así, para continuar practicando el deporte que más le gusta, a Eliza no le quedó más que ser parte del equipo masculino, una situación que cada vez más jóvenes enfrentan en Estados Unidos, tras la llegada de líderes de ideologías más conservadoras.

El debate de las mujeres transgénero en el deporte
Según un reportaje del Washington Post, gran parte de los estadounidenses están convencidos de que las niñas y adultas transgénero no deberían poder jugar en equipos femeninos ni competir contra otras mujeres, al tener una “ventaja biológica”.
El caso de Eliza Munshi, y el de muchas otras mujeres y hombres transgénero, son ampliamente debatidos en la opinión pública.
La joven contó que, desde que tiene memoria, siempre supo que, aunque había nacido como un niño, era una niña. Sus padres también se dieron cuenta, y después de intentar “corregirla” en varias ocasiones, decidieron dejarla ser como ella era en realidad.
Entre cuarto y quinto grado de colegio, Eliza cambió su nombre y pronombres, y sus padres enviaron un correo a sus amigos y familiares para informarles del importante cambio. También a sus profesores y hasta a su dentista.
También se instruyeron para encontrar las mejores herramientas para apoyarla durante este cambio. Y es que ya más grande, la joven comenzó a recibir atención médica para transicionar de género.
En 2014, cuando Eliza estaba en primer año, la Liga de Escuelas Secundarias de Virginia había implementado un programa donde se ofrecía a los estudiantes transgénero la posibilidad de jugar en equipos que coincidían con el género con el que se identificaban.

Pero conforme transcurrieron los años, esa libertad se volvió mucho más restrictiva: incluso, la atención de afirmación de género para menores de edad se anuló en varios estados del país.
Después de que se aprobara esta última ley, el médico que veía a Eliza la llamó para informarle que ya no podía ser su paciente.
Además, la escuela le exigió que presentara documentos de historiales médicos para evaluar su admisión en un equipo femenino.
“Soy transgénero. ¿Puedo presentar una apelación?”, preguntó la joven. Pero aún así, la Liga que supervisaba los deportes en los colegios de Virginia decidió cumplir la orden ejecutiva de Trump y no le dieron la oportunidad de demostrar que ella sí podía competir con las demás mujeres.
La defensa de la deportista trans en Estados Unidos
Aunque la opinión pública, en su mayoría, piensa que una mujer transgénero tiene una ventaja biológica frente a las mujeres cis, Eliza aseguró al Post que si todas las personas vieran a chicas como ella, pensarían de forma distinta.
Y es que ella nunca llegó a la pubertad masculina, pues comenzó su tratamiento hormonal antes de que eso pasara.
Nunca produjo niveles altos de testosterona, por lo que no se volvió musculosa.
Pero la orden ejecutiva era clara: si un colegio permitía que un estudiante no elegible juegue de todas formas, podían desclasificarlos de ligas importantes o emitir sanciones duras.
Y la joven no quiso exponer a sus compañeras, por lo que decidió ceder y competir con los chicos.
Ahí comenzó otro desafío: todos los hombres de su equipo son más grandes que ella, y los discos que utilizan en atletismo son mucho más pesados que los de las chicas.
Para ella, lo importante es que sus compañeros y profesores, incluso los entrenadores, “la han hecho sentir bienvenida, incluso a pesar de los cambios de política”.
“A veces olvido que soy transgénero. La gente a mi alrededor también lo olvida”, escribió Eliza en su ensayo para ser admitida en una universidad.
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