
La historia secreta del fugaz despido de Sam Altman de OpenAI
Luego de que la firma de inteligencia artificial informara la salida del CEO en noviembre de 2023, solo bastaron unos días para que regresara, después de intensas presiones. Un nuevo libro profundiza en la figura de Altman a partir de múltiples entrevistas.
A mediados de noviembre de 2023, la junta directiva de OpenAI hizo un sorpresivo anuncio: su CEO, Sam Altman, abandonaría el cargo.
La noticia impactó al mundo corporativo, a los inversores de Silicon Valley y a los interesados en la tecnología.
Altman era la cara más visible del desarrollador de sistemas como ChatGPT y sus labores habían sido claves para los avances de su inteligencia artificial (IA) generativa.
A través del blog de OpenAI, se informó que su salida se produjo “luego de un proceso de revisión deliberativa por parte de la junta, que concluyó que no fue lo consistentemente sincero en sus comunicaciones con la junta, obstaculizando su capacidad para ejercer sus responsabilidades”.
“El consejo ya no confía en su capacidad para seguir dirigiendo OpenAI”, se agregó en ese comunicado, con fecha del 17 de noviembre de ese año.

La misiva también informó que la directora de tecnología, Mira Murati, pasaría a ser la directora ejecutiva interina.
Las reacciones no tardaron en aparecer. Desde dentro de la empresa de IA, casi 500 empleados firmaron una carta en la que amenazaban con renunciar si Altman no era reincorporado.
Las presiones llevaron a que regresara solo unos días después.
La periodista del Wall Street Journal, Keach Hagey, escribió un libro en el que profundiza en la figura de Altman y en cómo se ha posicionado como el nombre más visible en el ámbito de la IA.
El texto, titulado The Optimist: Sam Altman, OpenAI, and the Race to Invent the Future (W. W. Norton & Company, 2025) será publicado el 20 de mayo de este año y, entre otros puntos, aborda cómo se dio el despido y la reincorporación del CEO.
La autora asegura que para escribir su libro realizó más de 250 entrevistas con familiares, amigos, profesores, mentores, cofundadores, colegas e inversores, además de pasar horas con el propio Altman.
Junto con ello, entrevistó a docenas de fuentes que relataron cómo se dio lo que hasta ahora ha sido el episodio corporativo más controversial en la historia de OpenAI.

Cómo se gestó el fugaz despido de Sam Altman de OpenAI
Desde sus inicios, OpenAI se presentó como una empresa tecnológica diferente, gobernada por una junta directiva sin fines de lucro con un deber no hacia los accionistas, sino que hacia la “humanidad”.
A principios de 2023, Altman declaró bajo juramento a los legisladores estadounidenses que no poseía ninguna participación en la compañía que cofundó y aceptó un acuerdo sin precedentes para formar parte de la junta directiva, que requería que la mayoría de los directores no tuvieran vínculos financieros con la empresa.
En junio de dicho año, declaró en una entrevista con Bloomberg TV: “La junta puede despedirme. Eso es importante”.
Sin embargo, según las informaciones reunidas por Hagey, la junta había empezado a descubrir que era Altman quien mandaba realmente.
Durante el último año, la junta había estado estancada en decidir qué experto en seguridad de IA incorporar a sus filas.
Entrevistaron a la especialista en este ámbito de la organización benéfica Open Philanthropy, Ajeya Cotra, pero el proceso se estancó.
Se afirma que esto último se debió, en gran parte, debido a los retrasos de Altman y su cofundador, Greg Brockman, quien también formaba parte de la junta.
La dinámica se volvió más tensa después de que tres miembros de la junta directiva, partidarios de Altman, renunciaran en rápida sucesión a inicios de 2023, a raíz de distintos conflictos de intereses.
Aquello dejó a seis personas en la junta directiva de la organización sin fines de lucro.
Entre ellos estaban Altman, Brockman y su compañero cofundador Illya Sutskever.
También figuraban tres directores independientes: Adam D’Angelo, director ejecutivo de Quora y exejecutivo de Facebook; Helen Toner, directora de estrategia del Centro de Seguridad y Tecnología Emergente de Georgetown y veterana de Open Philanthropy; y Tasha McCauley, exdirectora ejecutiva del sector tecnológico y miembro de la junta directiva británica de la organización benéfica de IA Effective Ventures.
Las preocupaciones sobre la capacidad de la junta para supervisar a Altman se incrementaron para varios de los miembros tras ver una demostración de GPT-4 en 2022.
Dicho sistema de IA presentó avances significativos y, a diferencia de mecanismos anteriores, por ejemplo, podía aprobar un examen de biología avanzada (AP Biology).
Con el objetivo de evaluar los riesgos de nuevos productos antes de su lanzamiento, OpenAI había creado una junta de seguridad conjunta con Microsoft, patrocinador esencial de la firma que tenía acceso especial para usar su tecnología.
Durante una reunión en 2022, mientras la junta evaluaba cómo lanzar tres mejoras significativas de GPT-4, Altman aseguró que las tres habían sido aprobadas por la junta de seguridad conjunta.
Para ese entonces, Toner y McCauley ya habían empezado a desconfiar. La primera solicitó pruebas para corroborar lo que decía Altman y descubrió que solo una de las tres había sido aprobada.
Casi en paralelo, Microsoft lanzó una prueba del aún inédito GPT-4 en India, en lo que fue la primera vez que se publicaba sin la aprobación de la junta de seguridad conjunta.
Nadie le informó a la junta de OpenAI que se había omitido la aprobación de seguridad.
Los miembros independientes de la junta se enteraron después de que un empleado detuviera a uno de ellos en un pasillo, tras una reunión de seis horas
Se afirma que ni Altman ni Brockman mencionaron esa filtración durante la reunión.
Una noche de 2023, un miembro de la junta escuchó a una persona hablar sobre el Fondo de Startup de OpenAI en una cena.
Este se había creado en 2021 para invertir en startups relacionadas con la IA. OpenAI había anunciado que sería “gestionado” por la misma firma.
No obstante, el miembro de la junta se preocupó al escuchar quejas de que las ganancias del fondo no llegaban a los inversores de OpenAI.
Le consultaron a Altman sobre el asunto y, con el paso de los meses, descubrieron que Altman era el propietario personal del fondo.
Los ejecutivos de OpenAI primero afirmaron que había sido por razones fiscales, pero más tarde explicaron que Altman había creado el fondo porque era más rápido y se trataba solo de un acuerdo “temporal”.
La firma aseguró que Altman no obtuvo comisiones ni beneficios del fondo.
Previamente, los miembros independientes de la junta tampoco habían sido alertados cuando OpenAI estrenó ChatGPT, que en aquel momento fue considerado un “avance de investigación” que utilizaba tecnología existente, pero que terminó convirtiéndose en el sistema insigne de la firma.

A finales de septiembre de 2023, Sutskever le envió un correo electrónico a Toner, en el que le preguntó si tenía tiempo para hablar al día siguiente.
Se trató de una propuesta inusual, ya que no solían hablar fuera de las reuniones.
Cuando se contactaron por teléfono, Sutskever le anticipó: “Deberías hablar más con Mira”.
Murati había sido ascendida a directora de tecnología en mayo de 2022 y, desde entonces, se había encargado de la gestión diaria.
Toner la llamó. En esa conversación, Murati le contó cómo lo que ella consideraba un estilo de gestión tóxico por parte de Altman y la dinámica entre este último y Brockman le hacían complejo realizar su trabajo.
Meses antes, Murati había planteado algunos de esos problemas directamente a Altman y él había respondido invitando al jefe de Recursos Humanos a sus reuniones individuales durante semanas.
Finalmente, Murati le dijo que no tenía intención de compartir sus comentarios con la junta.
Toner volvió a hablar con Sutskever, quien le enfatizó que había perdido la confianza en Altman por distintos motivos.
En 2021, Sutskever había diseñado y creado un equipo para abordar la siguiente dirección de investigación de OpenAI.
Sin embargo, meses después, otro investigador de la firma, Jakub Pachocki, comenzó una iniciativa similar.
Los equipos terminaron fusionándose y Pachocki asumió el cargo luego de que Sutskever se centrara en la seguridad de la IA.
Más adelante, Altman ascendió a Pachocki a director de investigación y les prometió en privado a ambos que podrían liderar la dirección de investigación de la compañía.
Se afirma que Sutskever había estado esperando el momento en que las tensiones dentro de la junta permitieran que Altman fuera reemplazado como CEO.
Murati y Sutskever hablaron con cada uno de los miembros independientes de la junta durante semanas, mientras tomaban resguardos para que Altman no se enterara.
En octubre de 2023, Toner publicó un artículo en el que reiteraba sus críticas al enfoque de seguridad de OpenAI, lo que despertó el enojo de Altman.
El CEO le dijo a Sutskever que McCauley había dicho que Toner debería dejar la junta directiva, a raíz de ese artículo.
No obstante, McCauley se sorprendió al escuchar ese relato. Aseguró que no había hecho tales comentarios.
Sutskever y Murati habían estado recopilando pruebas y, tras dicho episodio, el primero consideró que era el momento de compartirlas con la junta.
Le envió un correo electrónico a Toner, McCauley y D’Angelo, en el que iban dos extensos documentos en formato PDF. Utilizó la función de correo electrónico autodestructivo de Gmail, según las informaciones reunidas por Hagey.
Uno de esos trataba sobre Altman y contenía docenas de ejemplos de sus presuntas mentiras y otros comportamientos tóxicos. Gran parte de estos fueron respaldados con capturas de pantalla del canal de Slack de Murati.
En uno de esos ejemplos, Altman le había dicho a Murati que el departamento legal de OpenAI había afirmado que GPT-4 Turbo no necesitaba pasar por la revisión conjunta de la junta de seguridad.
Cuando Murati consultó con el abogado principal de la firma, este negó haber hecho esa afirmación.
El otro documento se centraba en Brockman.

Cómo se dio el fugaz despido de Sam Altman de OpenAI
La tarde del jueves 16 de noviembre de 2023, Sutskever y los tres miembros independientes de la junta se conectaron a una videollamada y votaron a favor de despedir a Altman.
De la misma manera, votaron a favor de destituir a Brockman de la junta.
Esa misma noche, Murati estaba en una conferencia cuando los cuatro miembros de la junta la llamaron para comunicarle que despedirían a Altman al día siguiente.
También le pidieron que asumiera el cargo de directora general interina, puesto que ella aceptó.
Cuando Murati consultó por qué lo despedían, no se lo dijeron, según las informaciones reunidas por la reportera del Journal.
Asimismo, preguntó si le habían informado la decisión al director general de Microsoft, Satya Nadella.
Decidieron que ella se lo tendría que comunicar al gigante tecnológico, justo antes de que la noticia se publicara en el blog de OpenAI.
A pesar de que el anuncio generó controversia, la junta no entregó mayores explicaciones para el público general, más allá de decir que Altman “no fue consistentemente sincero en sus comunicaciones”.
La noche del viernes, la junta y el equipo ejecutivo de OpenAI tuvieron una serie de reuniones.
Murati estaba preocupada de que la junta estuviera poniendo en riesgo a la firma, al no prepararse mejor para las repercusiones de la salida de Altman.
Aquello derivó en que, en un momento, ella y el resto del equipo ejecutivo dieran a la junta un plazo de media hora para explicar por qué despidieron a Altman.
De no hacerlo, renunciarían masivamente.
Al interior de la junta, se consideró que no podían divulgar que Murati les había proporcionado algunas de las pruebas que llevaron a que tomaran su decisión de expulsar a Altman.
A diferencia de lo que estaba ocurriendo, pensaron que ella calmaría a los empleados de OpenAI mientras buscaban un CEO.
Entre los aliados de Altman figuraba la idea de que la expulsión fue producto de un “golpe de Estado” por parte de Sutskever, el cual había sido impulsado por su enojo por el ascenso de Pachocki y por las tensiones con Toner, ya que Altman había intentado expulsarla de la junta.
Para el lunes en la mañana, dos días después de que se informara su salida, la mayoría había firmado una carta en la que amenazaban con renunciar si Altman no era reincorporado. Entre las firmas estaban las de Murati y Sutskever.
Las presiones llevaron a que Altman regresara.
Comenta
Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbete aquí.