
Javier Sajuria
Profesor de Ciencia Política en Queen Mary University of London y director de Espacio Público
La supuesta desconcentración del poder que traería el presidencialismo no es más que una serie de trabas que impiden algo vital en política: que los gobiernos cumplan sus promesas. Con ello, hemos alimentado un espacio de profunda desconfianza en nuestras instituciones.
Se suele decir que el periodismo siempre tiene que ser incómodo al poder. La pregunta es cuándo van a ser conscientes del poder que ellos mismos ostentan, y si están dispuestos a ponerse incómodos al respecto.
Para que estos procesos tomen lugar, suele haber una receta común: una centroderecha debilitada y un ecosistema de medios y líderes de opinión que no cuestiona la admisibilidad de ciertas posturas contrarias a la democracia como la entendemos.
"El diálogo es deseable para la ciudadanía, pero ya no con las condiciones impuestas por quienes buscan mantener el status quo".
Ahora, si no es posible anticipar o predecir el resultado de una elección (o al menos, no tenemos claridad por qué una encuesta le acierta y otra no), ¿tiene sentido seguir haciéndolas? La respuesta es sí, sobre todo porque predecir elecciones no es su único propósito ni el más importante.
Las reglas para ser un partido político pueden parecer molestas, pero están ahí para proteger al sistema de vergüenzas como las vividas en los últimos días.
Algunos vimos con angustia la decisión del FA de mirar hacia el PC en busca de alianzas. Pensamos que, con ello, se estrechaba el proyecto original que buscaba superar, desde la izquierda, al consenso progresista de la Concertación. Pero al momento de hacer esa reflexión, no contábamos con la genialidad que logró mostrar Gabriel Boric en las últimas semanas.
Así como nos preocupa el régimen de los recursos naturales o el respeto a los derechos humanos, nos debiera preocupar de sobremanera cómo se administra el poder que protege y restringe. El trabajo de la convención requerirá vivir y diseñar instituciones que se basen en la confianza y el trabajo colectivo, no en la centralización y la exclusión.
En el afán de no perder votos en su primaria, (el PC y el FA) están dispuestos a ponerle el pie encima a la convención, pauteando lo que se debe discutir sobre el régimen de partidos políticos y las bases del sistema electoral. ¿Qué sentido tiene que los mismos partidos, desprestigiados, en un Congreso deslegitimado y lleno de personas que van a la reelección, sean los que debatan sobre un tema que ya le entregamos a la CC?