María Teresa Molina (41) se mueve rápido entre los músicos y los instrumentos que repletan la sala de ensayo de la Filarmónica. Son alrededor de 70 integrantes de la orquesta que, antes de empezar el ensayo, practican cada uno una sección diferente de las partituras. El ambiente se percibe caótico, pero en pocos minutos, cuando a las 11 en punto el director del inicio, todos los movimientos y los sonidos que emiten cada uno de los instrumentos se conjugarán. Y de forma precisa, como si se tratara de una sola pieza. 
Al final de la sala, sentados sobre banquetas altas, los cuatro contrabajos de la Filarmónica de Santiago preparan sus instrumentos. María Teresa –la única mujer del grupo– es solista y jefa de fila a cargo, por lo que debe cerciorarse de que todos sus compañeros hayan recibido las partituras con las anotaciones o arcos para su instrumento. Se trata de partituras que conoce casi a la perfección, porque esta semana se preparan para la musicalización en vivo de uno de los ballets más emblemáticos: El Cascanueces. Pero a pesar de que María Teresa se incorporó a la orquesta durante la temporada del 2012 y, desde entonces, ha tocado muchas veces las composiciones de Tchaikovsky para este ballet, todos los años es una experiencia nueva. "La música es una forma de arte que es viva. Cada función es diferente, el ritmo es diferente, la velocidad es diferente. Siempre cambia", explica.
En la Filarmónica hay dos áreas de trabajo. Una de ellas es el foso, que es cuando la orquesta toca acompañando la ópera o el ballet y la otra son los conciertos en los que músicos son el espectáculo principal. Las rutinas de trabajo varían según el tipo de presentación que estén preparando. Por ejemplo, durante la temporada de Navidad, el foco es el ballet, y para eso los músicos de la filarmónica ensayan varios días antes del estreno en el teatro. "A veces nos citan a todos, pero también tenemos sesiones en las que practicamos solo las cuerdas o solo los contrabajos", cuenta María Teresa. Normalmente parten en la mañana y pueden durar varias horas. Como jefa de fila, durante los ensayos tiene que estar muy alerta. Son más de 70 músicos en la sala y "si el director hace una corrección todos tenemos estar atentos y parar". Durante las presentaciones los músicos no siempre pueden tener contacto visual unos con otros, pero de alguna forma "tenemos que estar siempre conscientes de lo que está pasando con el resto de la orquesta".
A pesar de que María Teresa ha pasado más de la mitad de su vida estudiando y trabajando con este instrumento, su carrera inició tarde para los estándares de la música clásica. "La mayoría de los contrabajistas vienen de familias de músicos, que no es mi caso", cuenta. A los 14 años comenzó tocado bajo eléctrico en una banda con amigos y vecinos, con quienes tocó hasta que egresó del colegio. No estaba tan clara respecto de cuál era su vocación y decidió tomarse un año antes de entrar a la universidad para explorar las posibilidades. "Siempre había querido estudiar bajo de manera formal y en ese minuto de mi vida se dio la posibilidad de hacerlo- Así fue como entré al Instituto de Música de la Universidad Católica a estudiar contrabajo". Si bien en ese momento no se lo planteó como una profesión, sin saberlo su ingreso al instituto fue el primer paso en su carrera formal como contrabajista. "Para mí el contrabajo fue amor a primera vista. Me capturó la sonoridad del instrumento. Hasta el día de hoy recuerdo la primera vez que tuve uno en mis manos. Es bien impresionante, porque son enormes y uno se imagina que un instrumento tan grande es casi inabordable, pero así empieza el eterno camino por lograr un buen sonido y melodías nobles".
Después de un segundo año en el Instituto de Música de la UC, María Teresa estaba clara en que la música era su camino y que para dedicarse a eso debía necesitaba dar lo mejor de sí misma, y rápido. "La música clásica es una carrera contra el tiempo cuando empiezas a estudiar tarde como lo hice yo. Existe una cultura del niño prodigio, por lo que la mayoría de las becas para estudiar en el extranjero te las dan cuando aún eres joven, y las invitaciones para ir a tocar a festivales también", cuenta. Para la contrabajista, la carrera de un músico clásico es muy parecida a la de un deportista o un bailarín: "cuando partes tarde debes ser muy riguroso en tener una buena técnica, en educar el oído. Yo no venía de un entorno en el que se escuchara música clásica en la casa o en el que se fuera a conciertos, por lo que este fue un mundo nuevo que se abrió para mí y que tuve que absorber rápidamente". 
María Teresa Molina (41) es contrabajista solista de la Orquesta Filarmónica de Santiago.