Niñez y alimentación: ¿qué pasa cuando la comida no está asegurada?

Cuando pensamos en alimentación, solemos hablar de recetas, dietas, tendencias, peso o incluso alergias, pero hay un tema del que poco se habla y que afecta silenciosamente a miles de niños y niñas en Chile: la inseguridad alimentaria. Más que el hambre en sí, se trata de la incertidumbre sobre si habrá suficiente comida mañana o si la que hay en la mesa es realmente nutritiva. En Chile, según la encuesta Casen 2022, 1 de cada 2 niños y niñas vive en hogares que enfrentan esta realidad en algún grado.
¿Alguna vez has escuchado hablar de la inseguridad alimentaria? No es un término que se use a diario y puede sonar muy técnico, pero la realidad es que es un problema latente en la sociedad que impacta día a día a miles de niñas y niños en todo Chile. La inseguridad alimentaria es la falta de alimentos nutricionalmente adecuados y seguros, ya sea por su disponibilidad, acceso, estabilidad o utilización.
La alimentación tiene un impacto directo en el bienestar de la niñez. Cuando un hogar enfrenta inseguridad alimentaria, los efectos sobre las niñas y niños van más allá de la nutrición: impactan su desarrollo físico, emocional y su desempeño escolar.
En Chile, la inseguridad alimentaria es medida por la encuesta Casen desde 2017, en base a la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (FIES), propuesta por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La FAO divide en tres los niveles de inseguridad alimentaria: 1) Leve, cuando la dificultad para acceder a alimentos nutritivos es estable; 2) Moderada, cuando hay una reducción en la cantidad o calidad de los alimentos consumidos; y 3) Severa, cuando no se come en todo un día o más por falta de recursos.
Observatorio Niñez Colunga, centro dedicado a la recopilación, sistematización y análisis de data sobre niñez en Chile, realizó una lectura de este indicador, cómo ha evolucionado desde su primera medición y las diferentes dimensiones en las que afecta a niñas, niños y adolescentes. Optaron por medir inseguridad moderada y severa juntas, porque la situación de los hogares puede cambiar mucho en 12 meses. Según detallan en su indicador “Inseguridad alimentaria”, en 2022, más de 900.000 niños y niñas en Chile vivían con inseguridad alimentaria moderada o severa. En otras palabras, uno de cada cinco niños y niñas del país no tenía garantizada una alimentación suficiente y adecuada. Esta cifra, además, aumentó en tres puntos desde su primera medición en 2017.
“El hecho de que la inseguridad alimentaria aumente en Chile nos hace cuestionarnos sobre cómo se mide la pobreza, sobre todo la pobreza infantil. La certeza de tener alimentos es un indicador básico de las condiciones de vida de niñas y niños. Podríamos decir que niñas y niños en hogares con inseguridad alimentaria experimentan condiciones inferiores al mínimo necesario para garantizar su desarrollo pleno”, explica Paloma Del Villar, directora de Observatorio Niñez.

Otra forma de mirar la pobreza
Es un hecho que la inseguridad alimentaria está relacionada de manera estrecha con la pobreza. Un 45% y un 39% de niñas y niños que viven en hogares con pobreza y pobreza extrema, respectivamente, viven además con inseguridad alimentaria moderada-severa. Sin embargo, el aumento de este problema se da bajo un contexto en el que la pobreza por ingreso va a la baja. En 2022, los niños y niñas que vivían en hogares bajo la línea de la pobreza era de un 11%, versus un 14% en 2017, según indica el sitio web de Observatorio Niñez Colunga.
Por otro lado, se ha visto un aumento entre niñas y niños en hogares sin pobreza. Mientras el 14% de ellos experimentaba inseguridad alimentaria en 2017, 19% lo hacía en 2022.
Esto se ve reflejado también en la Encuesta Vulnerabilidad Escolar aplicada en educación parvularia (Junaeb), donde, en 2023, un 25% declara que la familia de la niña o el niño ha tenido dificultades para adquirir carne, un 29% ha tenido dificultad para adquirir pescados, un 18% y 17% frutas y verduras, un 14% legumbres y un 17% lácteos.
Esta dificultad para acceder de manera regular a alimentos adecuados produce una malnutrición por exceso que se exacerba por la baja o nula actividad física. “Según la literatura, experimentar inseguridad alimentaria algunas veces se asocia con el consumo de alimentos que son poco nutritivos, pero que tienen alto contenido calórico y un menor consumo de verduras. De manera que, estas cifras crecientes también se pueden relacionar con el incremento de la última década en la obesidad infantil”, asegura Del Villar. Según los datos que presenta Observatorio Niñez en su indicador “Malnutrición por exceso”, en 2023 el 22% de las niñas y niños presentó algún nivel de obesidad.
Un problema que no puede esperar
El aumento de la inseguridad alimentaria en Chile es una alarma que debe ser atendida con urgencia. Garantizar que todos los niños y niñas tengan acceso a alimentos suficientes y nutritivos es clave para su desarrollo y bienestar. No es solo una cifra: detrás de cada número hay niños y niñas en una situación preocupante, lo que hace necesario seguir analizando y monitoreando este fenómeno en los próximos años.
El foco está en cómo mejorar el acceso a alimentos de calidad y generar condiciones que permitan a todos los niños y niñas crecer en un entorno que favorezca su desarrollo integral. “Es necesario mirar cómo se alimentan los niños y niñas en Chile, y cómo las políticas podrían contribuir a mejorar esa alimentación. Esto debido a que una buena alimentación en la niñez resulta fundamental para la salud a lo largo de toda la vida, y en Chile estamos viendo cifras preocupantes”, concluye Del Villar.
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