La economía estadounidense depende más que nunca de los ricos
El 10% de los estadounidenses con mayores ingresos ha aumentado su gasto muy por encima de la inflación. Los demás, no. El poder adquisitivo de los estadounidenses más adinerados, que suelen tener más edad y estudios, se debe en parte al aumento del valor de la vivienda y la bolsa en los últimos años.
Muchos estadounidenses están pellizcando los céntimos, agotados por los altos precios y la obstinada inflación. Los más acaudalados gastan con desenfreno.
El 10% de los que más ganan -hogares con unos US$ 250.000 anuales o más- derrochan en todo tipo de artículos, desde vacaciones a bolsos de diseño, impulsados por las grandes ganancias de las acciones, los bienes inmuebles y otros activos.
Según un análisis de Moody’s Analytics, estos consumidores representan ahora el 49,7% de todo el gasto, un récord en datos que se remontan a 1989. Hace tres décadas, representaban alrededor del 36%.
Todo esto significa que el crecimiento económico depende inusitadamente de que los estadounidenses de mayores ingresos sigan desembolsando. Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics, calcula que sólo el gasto del 10% más rico representa casi un tercio del Producto Interior Bruto (PIB).
Entre septiembre de 2023 y septiembre de 2024, las rentas más altas aumentaron su gasto un 12%. Por su parte, el gasto de los hogares de clase media y trabajadora se redujo en el mismo periodo.
“Las finanzas de las clases acomodadas nunca han estado mejor, su gasto nunca ha sido más fuerte y la economía nunca ha dependido más de ese grupo”, dijo Zandi, que supervisó el análisis, basado en datos de la Reserva Federal. El análisis abarca hasta el tercer trimestre de 2024 porque son los datos más recientes disponibles.
En conjunto, las personas de más altos ingresos han aumentado su gasto muy por encima de la inflación, mientras que los demás no lo han hecho. El 80% de los que menos ganan gastó un 25% más que cuatro años antes, apenas por encima de los aumentos de precios del 21% en ese periodo. El 10% más rico gastó un 58% más.
Una caída de la bolsa o del valor de la vivienda que afectara a la confianza del 10% más acomodado y le obligara a recortar gastos tendría un efecto significativo en la economía. La confianza de los consumidores está empezando a decaer en general, incluso para el tercio más rico de los consumidores, gracias en parte a las amenazas arancelarias.
El poder adquisitivo de los estadounidenses más adinerados, que según Zandi suelen tener más edad y estudios, se debe en parte al aumento del valor de la vivienda y la bolsa en los últimos años. Aunque el aumento de los precios de los activos se alaba como signo de una buena economía, también está ampliando la brecha entre los que poseen propiedades y acciones, y los que no.
Vivek Trivedi, de 38 años, ahorró durante la pandemia, y en 2022 y 2023 compró tres propiedades de inversión en la zona de Indianápolis, donde vive. Sus gastos de vivienda son estables, porque consiguió una hipoteca por debajo del 3% en su vivienda principal cuando la refinanció, en el momento en que los tipos de interés estaban bajos durante la pandemia.
Él y su esposa, Purva Trivedi, trabajan en la industria farmacéutica. Juntos ganan más de US$ 350.000 al año, un 45% más que antes de la pandemia. Tienen dos hijos pequeños y mantienen a los padres de él, que viven con ellos.
“Hemos hecho algunos movimientos estratégicos en nuestras propias carreras y también en las carteras de inversión”, comentó Vivek Trivedi. “En realidad no hemos tenido que recortar gastos”, afirmó.
Vivek Trivedi se aficionó al ciclismo de carretera y se compró una bicicleta de US$ 3.000. La pareja notó que su factura de la compra aumentaba, pero acordaron que comprar productos ecológicos era demasiado importante para ambos como para renunciar a ello. Este año, están presupuestando entre US$ 10.000 y US$ 15.000 para viajes, incluida una posible visita a su India natal.
Durante la pandemia, los estadounidenses de todo el espectro ahorraron a niveles récord. Gastaron menos porque se quedaron en casa y recibieron dinero extra de las diversas medidas de estímulo del gobierno. A principios de 2022, los hogares habían ahorrado US$ 2,6 billones más.
Entonces llegó la inflación y los precios subieron bruscamente. La mayoría de los estadounidenses recurrió a sus ahorros para hacer frente al aumento de las facturas. Pero el 10% de los que más ganaban se quedó con la mayor parte de lo que habían ahorrado.
Las personas adineradas también se encontraron con activos, como acciones, que de repente valían mucho más. El patrimonio neto del 20% de los que más ganan ha aumentado en más de US$ 35 billones, o un 45%, desde finales de 2019, según datos de la Reserva Federal. El patrimonio neto creció a un ritmo similar para todos los demás, pero se tradujo en mucho menos dinero: un aumento de US$ 14 billones para el 80% inferior.
Tom Shoaf, un piloto de pruebas de 61 años que vive en Alamogordo (Nuevo México), calcula que su patrimonio neto ha aumentado un 40% desde la pandemia. Casi todos sus activos, desde un rancho en Wyoming hasta las acciones que tiene en sus cuentas de jubilación, valen mucho más ahora.
Su esposa, Kristi Shoaf, es terapeuta ocupacional. Juntos ganan unos US$ 500.000 al año. Recientemente han empezado a hacer un regalo anual por debajo del límite del impuesto sobre donaciones, que es de US$ 19.000, a cada uno de sus dos hijos adultos. “Tuve varios familiares que murieron durante Covid. Pensé: ‘¿A qué esperamos?“, señaló.
La pareja tiene más de un millón de dólares reservado para comprar una nueva casa cuando se jubilen dentro de unos años. Él adquirió un avión antes de la pandemia. Un patrimonio neto creciente “sin duda te da confianza para hacer más cosas”, sostuvo.
Bank of America descubrió que el gasto con tarjetas de crédito y débito del tercio más rico de sus clientes crecía más deprisa que el del tercio con menos ingresos. Ciertas categorías de gasto fueron especialmente robustas. El 5% de los hogares más acomodados gastó por sobre un 10% más en artículos de lujo en el extranjero en comparación con el año anterior.
“Van a París y cargan sus maletas con bolsos, zapatos y ropa de lujo”, aseguró David Tinsley, economista jefe del Bank of America Institute.
El CEO de Delta Air Lines, Ed Bastian, declaró el mes pasado que esperaba que el fuerte apetito por los viajes de gama alta impulsara los beneficios este año. Las ventas de pasajes premium de la aerolínea aumentaron un 8%. Los ingresos por venta de pasajes de la cabina principal crecieron un 2%.
Royal Caribbean declaró que en los últimos meses había registrado el mejor periodo de reservas de cinco semanas de su historia y anunció el lanzamiento de cruceros fluviales por Europa, muy populares entre los viajeros de alto nivel.
“Es una bifurcación extrema” entre esas empresas y otras que atienden a clientes de menores recursos, dijo el analista de JPMorgan Chase, Matthew Boss. Big Lots se declaró en quiebra el pasado otoño. Kohl’s y Family Dollar están cerrando tiendas. “Todas están luchando por menos dólares”, indicó Boss.
Barbara Pierce, de 57 años, dirige un grupo, Women With Capital, centrado en la inversión de impacto y la filantropía. El aumento de los precios de los alimentos ha sido un tema de debate incluso entre las mujeres adineradas que participan. Pierce, que vive en Marin County (California), ha reducido su consumo de comida para llevar debido al aumento de los precios: “No quiero comerme un bocadillo de US$ 15”, dijo.
Pierce y su marido ingresan juntos unos US$ 300.000 al año, en gran parte procedentes de inversiones. En julio, la pareja y su hijo adolescente hicieron un safari de tres semanas en África que costó unos US$ 35.000.
“Estamos gastando mucho dinero en hacer cosas que realmente querríamos poder hacer mientras nuestro hijo vive en casa con nosotros”, comentó Pierce. “Sentimos que el momento es ahora”, agregó.
En las próximas semanas tiene previsto hacer otra gran compra. Consciente de los posibles aranceles que se avecinan, quiere sustituir su auto de 10 años.
-Traducido del inglés por Pulso.
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