Regreso a Reims, de Didier Eribon (Taurus)
La noche del 31 de diciembre llamó a su madre para desearle un buen año nuevo. “Me acaban de llamar de la clínica. Tu padre murió hace una hora”, le contó ella. “Yo no lo quería. Nunca lo había querido”, escribe Didier Eribon. Pero con la muerte del padre comienza una reflexión en torno a sus orígenes y un retorno a su ciudad, Reims, de la que se escapó 30 años antes. Filósofo y sociólogo francés, biógrafo de Michel Foucault, Didier Eribon fue a estudiar a París y abrió una distancia insalvable con su clan y su entorno. De familia trabajadora, su padre era obrero y su madre se dedicaba a la limpieza, y él, un adolescente gay con intereses intelectuales, quería huir de ese ambiente, del mundo provinciano y homofóbico, y evitar el destino al que estaba socialmente predestinado. Entonces emprendió una doble fuga para reinventarse: del ambiente sexualmente represivo y de su clase social. En torno a la primera reflexionó y escribió, pero la segunda de algún modo la relegó al olvido. Y tras la muerte del padre, a cuyo funeral no quiso ir, se pregunta: “¿Por qué yo, que sentí tanta vergüenza social, tanta vergüenza del entorno del que provenía cuando me mudé a París y conocí a gente que venía de entornos sociales tan diferentes al mío, a quienes con frecuencia mentía más o menos sobre mis orígenes de clase, o frente a quienes me sentía profundamente incómodo de tener que confesar mis orígenes; por qué nunca se me ocurrió abordar este problema en un libro o un artículo?”.
La distancia con su familia incluyó también a sus hermanos, hoy unos desconocidos para él, que votan por el Frente Nacional. En el regreso a su ciudad, Didier reconstruye la historia familiar, la de sus padres antes y después de la guerra; su propia infancia y juventud. Y a partir de su experiencia se pregunta también cómo la clase obrera, que solía votar por el socialismo (su familia era comunista), acabó entregando su voto a a la derecha. “¿Qué abrumadora responsabilidad tiene la izquierda oficial en este proceso?”. Un notable ensayo autobiográfico, asertivo y perspicaz, escrito con inteligencia, lucidez y honestidad.
Escrito en Cuba, de Enrique Lihn (Ediciones UDP)
En 1966 Enrique Lihn llegó a La Habana. Ese año el poeta chileno había ganado el premio de la Casa de las Américas de Cuba por su libro Poesía de paso. Eran los años de romance de los artistas, escritores e intelectuales con la revolución cubana, y La Habana era el epicentro cultural de América Latina. En isla Lihn escribió en el diario Granma, redactó catálogos de arte y editó una antología de Vicente Huidobro. Se casó e hizo grandes amigos, entre ellos Roque Dalton y Heberto Padilla. Durante dos años conoció la revolución por dentro; fue testigo de sus contradicciones, del silencio y el ahogo de la disidencia, y experimentó en carne propia el sistema de vigilancia. Naturalmente se desencantó. Parte de esa decepción la recogió en los poemas de este libro, Escrito en Cuba. Publicado originalmente en México en 1969, esta es la primera vez que se reedita en forma íntegra. Con una estructura audaz, con largos versos que se atropellan entre sí, cargados de lucidez e ironía, el libro fue uno de los primeros objetos intelectuales que criticaron y desafiaron la imagen idealizada de la revolución. Pero como bien dice Juan Manuel Silva en el prólogo, este “no es solo un libro contra Cuba o crítico con la revolución, es además un libro contra la poesía y un libro crítico con la poesía. Es un libro moderno”.
De algún modo, la experiencia cubana llevó al poeta a preguntarse por el sentido de su oficio, y mirar con escepticismo y sarcasmo la idea de la poesía como arma de transformación social: “No he colgado los hábitos de la poesía, pero lo sé demasiado bien: ella no lleva a ninguna parte, por eso los arrastro lejos del falansterio,/ y no me burlo de lo que hago lo que hago es una burla de lo que hago: versos de remiendo parches verbales costuras de palabras y montoncitos de lo que voy encontrando en la arena mientras vagabundeo con mi bastón de clavo para ensartarlo todo, estos restos que no se me disputan sobre los cuales ejerzo un imperio total, ilimitado y estéril”. El volumen dedica palabras controversiales a Ernesto Cardenal, Rubén Darío, y una elegía a Ernesto Che Guevara: “le está doliendo al mundo este muerto imborrable”.
Siete Apariciones, de María José Ferrada (Libros del Escuincle)
La primera imagen es la de un cerdito, pequeño como una almendra, que vuela alrededor del florero, de los vasos y de la llave de agua de la cocina. El cerdito vuela gracias a unas alas de papel y un sistema de hilos y palitos. Siete apariciones invita desde su inicio al lector a jugar con la imaginación, a suspender “las leyes de la razón” y abrir las de la sensibilidad. Así, nos dice: “El día sacude su vestido agujereado/ la casa bosteza y este poema/ vuelve a empezar”. Poeta y narradora, la autora propone una serie de escenas donde las imágenes y las palabras se encuentran lúdicamente, creando nuevos y bellos sentidos: “La mesa/ la alfombra/ el libro/ florecen, como si tuvieran dentro/ una primavera:/ margaritas/ lirios/ dalias secretas/ que no vemos/ pero que están ahí/ atentas al aviso del agua”.
Los elementos que habitan y dan vida a estos poemas son todos objetos cotidianos y domésticos: puertas y ventanas, sillones, lámparas, paraguas, botas y floreros. Y lo que la voz poética nos sugiere es encontrar y descubrir la belleza en nuestro entorno, en las cosas de todos los días: de algún modo, si nos disponemos y sabemos ver, el mundo que nos rodea revelará sus brillos y colores. “El canto de un pájaro amarillo/ entra por debajo/ de la puerta. // No es un rayo de sol/ no es el sueño del limón que a esta hora/ duerme sobre la mesa”. Y del mismo modo, tal vez si cerramos los ojos y escuchamos atentamente, dentro de nosotros podríamos descubrir un universo de sonidos, imágenes y colores. “En mi interior/ hay un bosque de álamos./ tilos/ aromos.// Los pájaros cantan/ las hormigas avanzan en fila/ un ciervo se acomoda en el agujero del abedul/ y como si fuera el eco de una aparición// que viene de lejos/ escucha/ mi voz”.
Los poemas están desplegados en medio de las creativas y luminosas ilustraciones de Renee Hao, dispuestas a páginas completas, cuyo diseño juega con las figuras geométricas; ellas agregan nuevas dimensiones y una asombrosa imaginería a las palabras de María José Ferrada.