Fernando Estenssoro
27 ago 2021 11:09 PM
Mientras al menos dos presentadoras locales de la emisora pública Radio Televisión Afganistán fueron sacadas de la pantalla por los talibanes, algunas corresponsales occidentales lograron quedarse en las calles de Kabul para mostrar las repercusiones de la toma del poder por parte del movimiento islámico.
Confinados a jefaturas de gabinetes o asesores en el gobierno –de allí el concepto-, los dirigentes estudiantiles de los 80 que enfrentaron a la dictadura -y posteriormente los de los 90- no lograron conquistar un espacio propio durante la transición a la democracia y cayeron en la eterna espera de la jubilación de sus antecesores que nunca llegó.
Según cifras de la Subsecretaría de Educación Superior, la cifra representa un 8,7% de los 789.133 jóvenes que han accedido al beneficio. De ellos, 22.711 quedaron sin el financiamiento durante 2020, el año de la pandemia. Mientras, 131.269 estudiantes que obtuvieron la cobertura ya se titularon.
Desde Francia hasta El Salvador, pasando por Estonia, Finlandia y Nueva Zelandia, en varios países del mundo los políticos de carrera han sido reemplazados por una nueva guardia de líderes jóvenes que han dado un aire fresco a sus partidos. Para algunos expertos se trata de una respuesta al creciente descontento con las figuras del establishment, lo que ha gatillado este fenómeno. Otros analistas señalan que si bien no existe un patrón en común, después de tiempos de estancamiento la gente recurre a figuras nuevas.
El politólogo y diputado español, de 37 años señala en conversación con La Tercera desde Madrid que hay toda “una generación huérfana” en la centroizquierda que “tuvo que inventarse sus propios instrumentos políticos por el bloqueo que existía en la política tradicional”.
Tienen mayor nivel educacional, y casi la mitad ha estado en la educación superior. Han arremetido en las votaciones en los últimos años y han pasado a convertirse en un grupo mayoritario. Son mucho más desapegados a las religiones y tienen posiciones más liberales en los temas valóricos. Y, además, se manejan a sus anchas en internet, donde aún existe una brecha gigantesca con los mayores. Esto es lo que dicen los datos del grupo que arremete con una importancia cada vez mayor en nuestra sociedad.
Si gana Sebastián Sichel, será el gobernante más joven de Chile en 170 años. Si gana Gabriel Boric, hay que remontarse hasta Ramón Freire, dos siglos atrás. Así de inédito es el escenario político en cuanto al recambio generacional, en medio de un alza de participación que tiene a los menores de 35 años como un grupo clave de cara a la carrera presidencial.
No es un ranking y no pretende serlo. Llegando al segundo mes de la Convención, hay constituyentes que no son números puestos en las noticias, ni tampoco expertos -menos voraces- tuiteros o instagramers. Tampoco metidos en polémicas. Algunos de sus pares les miran por eso y por otras razones.
El sociólogo y ex responsable de la Franja del No en 1988, destaca el liderazgo "coalicional" de Gabriel Boric, su astucia y pragmatismo. Pese a las deserciones y remezones, observa que el Frente Amplio ha logrado sobrevivir incluso a su alianza con el PC; "no imaginó rodear la Convención desde fuera sino coparla desde dentro: el Frente Amplio es una máquina hegemónica como fue la Concertación".