Donde no existe la cancelación: la universidad “antiwoke” financiada por multimillonarios partidarios de Trump

Estudiantes sostienen carteles mientras se oponen a la protesta de los partidarios propalestinos fuera de la Universidad de Columbia, en el primer día del nuevo semestre en Nueva York, el 3 de septiembre de 2024. Foto: Archivo

La Universidad de Austin, en Texas, se ha convertido en el foco de las inversiones de multimillonarios que buscan dar la llamada “batalla cultural” en el ámbito universitario estadounidense. Su fin: atraer a estudiantes con la misión de restaurar la libertad intelectual en los campus mediante la implementación de “cursos prohibidos”, y sin acceso a teléfonos que puedan grabar “funas”.


¿Qué hace un multimillonario en Estados Unidos que, frustrado con las universidades de elite y lo que consideran su enfoque “woke o progresista, desea ser parte de un proyecto político-educacional? Según un grupo de inversores partidarios del presidente Donald Trump, hay que invertir en una casa de estudios de 92 estudiantes para impulsar su propia universidad “antiwoke”.

Así lo hicieron un grupo de financistas en 2024, cuando se volcaron a invertir en la Universidad de Austin, en Texas (UATX), un centro de estudios ubicado en el estado sureño que tenía menos de 100 alumnos entre sus filas y solo cuatro años de existencia, que recibió aproximadamente 200 millones de dólares hasta octubre del año pasado.

Entre los principales donantes, aseguró en la fecha The Wall Street Journal, estaban el comerciante Jeff Yass, el promotor inmobiliario Harlan Crow y el inversor Len Blavatnik. De los tres, solo el primero entregó cerca de 35 millones de dólares para financiar la universidad, en una suma enorme para una tan pequeña, añadió el periódico.

Pero Yass no está solo. Crow es un importante donante del Partido Republicano, y fue de los primeros en sumarse al proyecto, y lo hizo con un claro fin ideológico.

“Gran parte de la educación superior actual parece querer rechazar los logros occidentales y los logros de las civilizaciones occidentales en su totalidad”, planteó en octubre de 2024. “Mucha gente cree que es una mala idea”, siguió, añadiendo que esperaba que la UATX fomentara la “diversidad ideológica”.

Ese contraste queda a la vista de manera física en Austin. Con más de 140 años de antigüedad, la Universidad de Texas en Austin es una de las más grandes del país. Los partidos de fútbol americano del equipo escolar son seguidos por más de 100.000 aficionados, y, sin embargo, a unas manzanas de distancia, multimillonarios prefieren financiar a la pequeña Universidad de Austin, en Texas, que ni siquiera tiene un campus propio.

Elon Musk habla mientras Donald Trump reacciona durante un mitin en el lugar del atentado contra el entonces candidato presidencial en julio, en Butler, Pennsylvania, el 5 de octubre de 2024. Foto: Archivo

Según el diario The Telegraph, la dinámica es que todo está permitido. Así se vio en un seminario previo a las últimas elecciones presidenciales de EE.UU., donde “los partidarios de Donald Trump se enfrentaban fervientemente a sus homólogos liberales en un debate en el que nada está prohibido, ninguna opinión es demasiado incómoda y nadie corre el riesgo de ser condenado al ostracismo si ofende”. Aquí, añadió el periódico, “es casi imposible ser cancelado”.

En sus paredes conviven fotografías de Kim Jong-un con el lema “vive, ríe, ama”, mientras a su lado se ve a Elon Musk saltando durante un mitin de Trump en Butler, Pennsylvania, con un globo de diálogo que dice “¡Strauss!”.

¿No partidista?

La lógica detrás de las millonarias entregas de dinero es que muchos de los donantes creen que las universidades de élite en Estados Unidos son abrumadoramente progresistas, por lo que la idea de tener una escuela alternativa al mundo “woke” que ellos ven, hace que valga la pena la inversión.

Sin embargo, la UATX asegura que no es partidista, es decir, que no tiene una ideología por detrás, ya que su misión es la “intrépida búsqueda de la verdad”. Según The Wall Street Journal, el plan de estudios combina textos clásicos de Occidente -no es baladí que sus alumnos reciban un ejemplar de la Odisea de Homero al momento de matricularse-, pero siempre con un énfasis en el espíritu empresarial.

De todos modos, esa supuesta posición no ideológica no es tal, como muestran varios videos publicados en su página de YouTube, donde son explícitos en su agenda. La primera pieza audiovisual en el canal, subido hace tres años, reza: “Nos hemos cansado de esperar a que las universidades estadounidenses se arreglen solas… Así que vamos a empezar una nueva”.

En otro, mucho más reciente, contrastan las protestas y campamentos propalestinos en distintas universidades del país, luego del inicio de la guerra entre Hamas e Israel. Las imágenes son comparadas con un seminario civil de la UATX, cuyo final termina con el mensaje: “Ellos queman, nosotros construimos”.

Según la página web de la universidad, los estudiantes pueden tomar “cursos prohibidos”, que incluyen “investigaciones avanzadas sobre juicios morales, debates dentro del conservadurismo y el estado de la biología evolutiva”. Tampoco adhieren al DEI, la política de diversidad, equidad e inclusión.

De momento, la escuela ofrece tres tipos de programas: economía, política e historia; inglés y escritura creativa, y ciencias de los datos e informática, según el diario Austin-American Statesman. Pano Kanelos, presidente fundador de la universidad y antiguo presidente del St. John’s College de Maryland, añadió a la prensa estadounidense que cada estudiante trabajará en un Proyecto Polaris, es decir, una tarea de cuatro años que debe abordar una necesidad de la sociedad.

La UATX requiere que se gradúe su primera promoción para acceder a la acreditación, por lo que, para incentivar a nuevos estudiantes a matricularse -que se arriesgan al ingresar a una universidad sin validación oficial-, conceden becas de matrícula completa a todos sus alumnos de primer curso por valor de 130.000 dólares, explicó el New York Post. Además, casi la mitad de clase inaugural proviene de Texas, y solo un tercio son mujeres.

Imagen de la Universidad de Harvard. Foto: Pixabay

La cadena estadounidense CBS News destacó que “el desprecio por la cultura universitaria actual -las advertencias de activación, los espacios seguros, las microagresiones- ayudó a inclinar la balanza electoral”, lo que se vio profundizado con la llegada de la exejecutiva de la WWE Linda McMahon a la dirección del Departamento de Educación, bajo órdenes de Donald Trump. Pero el magnate fue más allá, y ahora busca el cierre de la cartera.

En el lugar, “las clases son reducidas, de tipo seminario, y se basan en la civilización occidental: la Biblia y los clásicos griegos”, explicó el medio.

Olivia Antunes, de 18 años, dijo a The Telegraph que se decidió por ingresar a la UATX porque sus amigos le dijeron que el ambiente de los campus universitarios estaba muy polarizado.

Me preocupaba… que me penalizaran si me situaba en el lado opuesto del espectro político”, dijo al medio. También le inquietaba que sus compañeros pudieran “arrastrarla por el barro” en redes sociales si decía algo con lo que no estuvieran de acuerdo.

Autoridades y benefactores

A la cabeza de la institución educacional está Niall Ferguson, historiador británico y columnista de The Free Press, y la excolumnista de The New York Times Bari Weiss. Ambos, junto al capitalista de riesgo y cofundador de Palantir, Joe Lonsdale, y el expresidente del St John’s College, Pano Kanelos, fundaron la UATX.

Una de sus estrellas en el claustro académico es Maximos Constas, sacerdote ortodoxo griego y archimandrita que enseñó teología en la Universidad de Harvard hasta 2004, cuando se marchó para pasar siete años de vida monástica en el monasterio de Simonos Petras, en el monte Athos de Grecia, consignó el medio Kathimerini.

Si hubiera que poner una fecha en que las donaciones se dispararon en favor de la Universidad de Austin en Texas, sería tras el inicio de las protestas propalestinas en los campus universitarios.

Estudiantes participan en una acampada en apoyo a los palestinos en el campus de la Universidad de Columbia, en Nueva York, el 26 de abril de 2024. Foto: Archivo

Entre los principales donantes está el empresario Harlan Crow, quien junto a su esposa, Kathy, “han organizado varios actos para la escuela en su casa de Dallas y permiten que la escuela utilice el espacio de un parque de oficinas de su propiedad para su programa de verano, llamado provocativamente Cursos Prohibidos”, explicó The Wall Street Journal.

Otros financistas recientes son los multimillonarios Marc Rowan y Bill Ackman, o el cofundador de PayPal, Peter Thiel. Len Blavatnik, que es judío, “donó un millón de dólares a través de su fundación familiar en los días posteriores al ataque de Hamas contra Israel”, añadió el medio financiero. Posteriormente interrumpió sus donaciones a la Universidad de Harvard, su alma mater.

Y como cabía esperar, la mano de Elon Musk también está presente. Según el Journal, ejecutivos de SpaceX y The Boring Company, ambas del multimillonario cercano a Trump, están ayudando a desarrollar el plan de estudios de ingeniería de la escuela, además de donar unas hectáreas de terreno a las afueras de Austin para un centro de ciencia y tecnología.

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