Aisén Etcheverry: “Una vez que una da el salto a la política no hay vuelta atrás”

La ministra de Ciencia y vocera subrogante fue la primera invitada al segundo "Ciclo Mujer y Política" del Magíster en Comunicación Política de la Universidad Adolfo Ibáñez en alianza con La Tercera. Entrevistada por la decana de la Escuela de Comunicaciones y Periodismo, Magdalena Browne, y la editora general de La Tercera, Gloria Faúndez, la secretaria de Estado, que por años trabajó en el área técnica del Estado, aseguró que luego de su experiencia en el gabinete y sus dos años de militancia en el Frente Amplio, su objetivo es mantenerse en la política.
Asumió como vocera subrogante, un rol de alta exposición pública, manteniendo la cartera de Ciencia. ¿Qué desafío le ha impuesto?
Es desafiante y entretenido también. Después de tres meses uno ya puede identificar cuáles son las diferencias y los puntos en común. Muchas veces creemos que las carteras sectoriales, como el Ministerio de Ciencia, son entre comillas técnicas, pero los ministerios no son técnicos, son espacios políticos siempre. La diferencia es que uno puede profundizar en un tema de manera más intensiva. Lo he pasado muy bien. Tengo dos equipos fantásticos en los dos ministerios que ayudan muchísimo. No paro un segundo, trabajo muchas horas al día, sábado y domingo, pero me encanta el gobierno, el Estado, entonces poder verlo desde distintas partes es como Fantasilandia.
¿Cómo se enteró que iba a ser vocera? ¿Le dieron espacio para decir que no?
Me enteré por el Presidente, que me ha sorprendido varias veces pidiéndome cosas que yo no me esperaba. Soy de esa escuela de que uno al Presidente no le puede decir que no. Uno puede preguntar por qué y si está seguro, porque bueno, tan de las mujeres hacer el ejercicio de si tengo todas las capacidades para hacerlo. Me hice la pregunta respecto a la vocería porque era un mundo absolutamente nuevo, pero soy de las que dice que sí cada vez que el Presidente llama. ¿Cómo me ha cambiado la vida? Me han cambiado las horas. Ciencia ya eran muchas horas de trabajo, ahora son muchas más.
¿La reconocen en la calle?
Me reconocen más que antes. He sido muy afortunada, las veces que me reconocen ha sido con mucho cariño, se me acercan a decir “bien, sigan adelante”, nunca ha sido muy invasivo y eso lo agradezco.
¿Ningún sinsabor hasta ahora?
Hasta ahora no.
En su trayectoria, ¿en qué lugares ha encontrado como mujer más obstáculos, dificultades?
Uf, tantos. Siempre he sido un poco rebelde y he ido contra la corriente. Entrar a la administración pública probablemente también fue contra la corriente. Estaba viviendo en EE.UU. y salté de una tecnológica en Silicon Valley a la división jurídica del Ministerio de Educación. El estar incómoda en el lugar es algo a lo que estoy habituada desde muy chica. Me pasó mucho, como a muchas, cuando empecé a tener equipos a cargo, de ser la única mujer en la sala o ser la más chica y estar en una sala de reuniones donde había directores políticos con más trayectoria y las experiencias que uno escucha de muchas a mí también me tocaron: tener que repetir tres veces la misma idea para que te escuchen y que finalmente termine siendo la idea de otro. O llegar a algún lugar y, por ser mujer, relativamente joven y no hablar muy fuerte -yo tengo un tono que no es muy duro- tener que incluso impostar un personaje para ganarme el respeto de quienes eran los funcionarios con los que tenía que trabajar. Son cosas ingratas y que todavía ocurren. Pero bueno, uno quiere que el resultado ocurra, así que seguimos adelante
¿Tiene alguna influencia o alguien a quien no le gustaría parecerse como vocera?
Como muchas mujeres mateas, debo haber pasado el fin de semana entero mirando videos de Paula Narváez, de Pancho Vidal, de la ministra Camila Vallejo y de todos los que se me cruzaron por delante. Solo para aumentar la ansiedad del primer momento y después darme cuenta de que en realidad, cuando se trata de comunicar, uno es uno no más y tiene que encontrar la forma de adaptar esas características que uno tiene en el ejercicio de comunicar. Yo diría que es la gran diferencia en la forma cómo comunico desde la ciencia y desde la vocería es que efectivamente en la vocería a veces hay que ser un poco más dura. Eso requiere de entrenamiento y es probablemente el espacio de crecimiento mayor que he tenido (…) Uno aprende cosas, cómo salir de una pregunta incómoda o de repente, bueno, cómo no responder inmediatamente a algo si uno no tiene la información.
¿Cómo se da la relación entre las ministras? ¿Es distinta, especial, respecto de los pares varones?
En este grupo de ministras que me ha tocado hay una muy buena relación. De hecho, yo creo que nos hemos vuelto bastante amigas. Incluso nos juntamos a veces. Eso es primicia. Nunca se ha sabido, pero hemos tenido un par de reuniones. Es un grupo muy diverso, venimos todas de historias y trayectorias muy distintas. Eso ha generado un compañerismo entre las mujeres que es bien rico. También con los hombres, pero hemos tenido juntas de ministra mujeres, no solo con los hombres.
¿Qué implica, en el día a día, estar en un gobierno que se define feminista?
Implica que tengo dos ministerios porque hay una ministra que está siendo mamá y va a volver de su posnatal…
¿Eso no hubiera ocurrido en otro gobierno?
No, yo creo que no ha ocurrido nunca en la historia de Chile.
¿O es un tema generacional?
Puede que sean las dos cosas, pero en el momento en que ocurrió por un tema generacional nadie se cuestionó de si era lo que tenía que ocurrir, que una mujer puede ser mamá en un trabajo como éste, puede irse de pre y post natal, puede volver al cargo y que hay otra mujer, en este caso que me toca a mí, que puede subrogar durante ese tiempo, hacer un poco de malabarismo con dos carteras y después volver a su rol, o a otro si es que hubiese otro, en fin, como es lo natural que ocurre en la sociedad. Si queremos que las mujeres participen y tengan roles, tenemos que habilitar incluso en este espacio y eso pasa en este gobierno, no ha pasado en otro. Eso es un ejemplo muy concreto de qué significa un gobierno feminista. No nos debiera sorprender que una mujer pueda ser ministra, tener guagua y volver a su cargo.
¿Cómo se equilibra todo eso, la crianza con la política?
Hay un trabajo importante que hay que hacer y que es de la sociedad en su conjunto. Este gobierno que se dice feminista y es feminista, lo ha hecho por ejemplo con el Sistema Nacional de Cuidados, la ley de violencia, la ley Papitos Corazón, que son herramientas que de a poco vamos incorporando en la sociedad y que permiten que esa crianza sea no más fácil, sino que más compartida. La crianza siempre es un desafío, yo soy mamá de adolescentes y es un desafío. Siempre va a ser un desafío, pero tiene que ser colectivo y los espacios ajustarse a esos distintos tipos de experiencias de vida. Volviendo a los estereotipos, si yo fuera hombre no me estarían preguntando por mis dos hijos, por mi rol de maternidad y de cuidado, darían por hecho que hay alguien que se hace cargo de los niños de la casa.
¿Y no es bueno preguntarlo para visibilizarlo?
Absolutamente.
Vamos a tener también un Presidente que dijo que se va a tomar un postnatal. ¿Cómo va a funcionar eso?
Se da mucho más naturalmente de lo que uno cree, no hay tanta planificación detrás. Va a sonar cliché lo que voy a decir y pido disculpas, pero de verdad es un equipo de gobierno que funciona como equipo. Cuando la ministra Vallejo tenía que empezar su prenatal, incluso antes de que se dijera que la subrogante iba a ser yo, el equipo entero de ministros y ministras estábamos pendientes, al tanto, apoyando, ofreciendo ayuda, y cuando ya comenzó su prenatal, para nadie fue sorpresa y no fue un tema de conversación realmente, porque es natural que ocurra. Respecto del postnatal del Presidente, es un derecho, está en la ley y se va a realizar y ajustar como ocurre con cada cosa que pasa en el gobierno.
La voy a llevar a un tema más incómodo, el caso Monsalve. Cuando usted dice que un gobierno feminista toma decisiones de manera natural a uno le llama la atención que ninguna ministra fuera consultada para abordar esta situación
Respecto de ese caso yo creo que la evaluación del gobierno se ha hecho por todas las autoridades que correspondían, en todos los espacios donde correspondía, y en ninguna circunstancia un hecho en particular cambia lo que es una agenda feminista de un gobierno que tiene infinitas acciones y resultado muy concretos, y donde en materia de derechos de las mujeres se ha avanzado de manera sustantiva. Dicho eso, ese análisis está en proceso de investigación judicial y tiene que seguir su curso. Lo feminista del gobierno se manifiesta y se materializa en un conjunto de agenda muy amplio.
Le pregunto más bien cómo impactó en ustedes que a nadie se le ocurriera, que al Presidente no le ocurriera, tomar un teléfono y preguntarle a una mujer qué se hace en estos casos.
Por eso insisto, la evaluación y los hechos de esos días han sido ampliamente discutidos, publicados, evaluados. La evaluación que se hizo por las ministras, y que fue reforzada también por el Presidente, es que las cosas se hicieron de manera correcta, pero pudieron haber sido más rápidas.
¿Va a cambiar el tipo de debate sobre la participación de mujeres en política el que tengamos mujeres candidatas presidenciales como protagonistas de la discusión?
Espero que el que tengamos mujeres candidatas protagonistas de esta discusión nos permita que el tema de la incorporación de mujeres en el mundo laboral, en la política, el tema de los derechos de las mujeres no esté ausente el debate político. Creo que si estamos hablando de política no podemos no hacernos cargo de que existen candidatos que han tenido posturas muy radicales, y en mi opinión muy equivocadas, respecto del rol que juegan y el respecto de los derechos de las mujeres. Lo voy a decir con todas sus letras: creo que todos vimos con horror como el ahora candidato presidencial (Johannes) Kaiser avalaba las violaciones, cuestionaba el derecho de las mujeres a votar. Él pertenece a un sector político que hoy día está pensando en hacer primaria en su conjunto. Yo esperaría como mujer y como política que los derechos de las mujeres fueran parte del debate y que tuviéramos claridad respecto de quiénes están por seguir avanzando en esta agenda y quiénes están disponibles a retroceder en una agenda de derechos, lo que a mí me parece, por lo bajo, preocupante.
Usted lleva dos años de militancia. ¿Pretende seguir en política?
Sí, o sea, la política te permite algo maravilloso, que es participar de procesos colectivos, ser parte de grupos que tienen una visión común de cómo construir un mundo que yo creo es mejor. Una vez que uno ve eso, es imposible sustraerse de eso. Yo vibro con las políticas públicas y la posibilidad de empujar agendas en materia de ciencia y tecnología, en que tengamos políticas públicas basadas en evidencia, en que ojalá haya más investigación en tema de cambio climático, con que haya más mujeres en cargos de liderazgo. Son cosas que a mí me llenan y me motivan. Después de cinco gobiernos trabajando en cargos técnicos y de asesores y tal, llegó un minuto en que el techo de lo posible se me hizo super claro y la única posibilidad era entrar en política para poder estar en esos espacios. Una vez que una da ese salto yo creo que no hay vuelta atrás, al menos para mí no la hay. No tengo idea dónde, estoy hoy día con dos ministerios, tengo poco tiempo de pensar qué viene después.
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