Muere Miguel “Negro” Piñera, músico y figura del espectáculo chileno
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El artista nacional falleció a los 70 años debido a una falla multiorgánica. Murió rodeado de sus hermanos y sobrinos y fue su hermano, Pablo Piñera, dio a conocer la información de manera oficial. Quedó en la retina por la canción La luna llena, que sin embargo no compuso él. Estuvo en el Festival de Viña en 1983 y posteriormente se dedicó a los negocios en el rubro del entretenimiento nocturno.
Durante la tarde de este viernes 28 de febrero murió el músico y empresario chileno Miguel Piñera Echenique. Contaba 70 años. Era un conocido personaje del espectáculo y hermano menor del expresidente Sebastián Piñera. El “Negro” se encontraba internado en la Clínica Alemana de Temuco, y fue la institución la que informó al respecto en un comunicado: “La Clínica Alemana de Temuco lamenta informar el fallecimiento del Sr. José Miguel Piñera Echeñique, ocurrido el día de hoy viernes 28 de febrero, a las 16:20 horas a consecuencia de una falla multiorgánica. Expresamos nuestras más sentidas condolencias a su familia”.
La noticia la dio a conocer a los medios su hermano Pablo Piñera: “Partió tranquilo, acompañado de sus hermanos, sobrinos, estamos muy tristes por eso. Además de un gran cantante, gran músico, era un gran hermano”, dijo el exdirector ejecutivo de Banco del Estado de Chile.

En diciembre de 2024 fue diagnosticado con leucemia y señaló en una entrevista que solo le quedaban 6 meses de vida. El pasado lunes 24 de febrero fue internado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Villarrica y luego traslado en la Clínica Alemana de Temuco. En ese lugar pasó sus últimos días. El pasado martes 25 un sacerdote católico acudió al recinto a darle el sacramento de la extremaunción.
El “Negro” nació como José Miguel Carlos el 18 de octubre de 1954 en Santiago, en una familia ligada a la política, al ser hijo de José Piñera Carvallo, ingeniero y diplomático ligado a la Democracia Cristiana (de hecho, fue uno de los fundadores del partido). Sin embargo, él tomó un rumbo distinto, centrado en la música y el entretenimiento.
En su juventud Miguel adoptó un estilo de vida cercano al mundo hippie, acompañado de una larga melena y barba. En esta época fue cuando visitó un evento que lo marcó: Woodstock. “El recital más grande de la historia que se hizo en Nueva York y justo mi padre era embajador en Naciones Unidas, que queda en Nueva York. Yo tenía 15 años, 16 años, año 69′. Y nos fuimos con unos amigos a Woodstock, que era como ir a Viña y estaba Santana, Jimmy Hendrix…”, contó en una entrevista posterior.
“Woodstock me marcó mi vida porque ahí me di cuenta que lo mío, yo quería ser músico, íbamos por un día y nos quedamos una semana y fue la semana de las semanas más lindas que vivo en mi vida”. Ahí decidió que quería ser músico.
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Otra anécdota que contaba de vez en cuándo fue su encuentro con Bob Marley: “Yo estaba en Jamaica (...) fui a un recital de él, me metí atrás del escenario y le pedí un autógrafo porque en ese tiempo no existían las selfies”.
Más tarde, en su vuelta a Chile durante los años 80, comenzó de lleno su carrera como cantante y compositor, destacando con temas como La luna llena y sus versiones para clásicos como Casamiento de negros, acompañado de su banda, Fusión Latina, la que desarrollaba una cruza entre rock y música de raíz, que de alguna forma se asemejaba a lo que hacían Los Jaivas y Congreso.
La luna llena acaso fue el mayor hit de su carrera musical, y curiosamente no la compuso él, sino el músico chileno Nelson Araya, integrante del grupo chileno Agua. De hecho, el grupo había grabado el tema en 1978 para su disco Transparencia, aunque sin mayor trascendencia. Ocurre que durante una estadía en Brasil, Piñera coincidió con los miembros de Agua en Río de Janeiro. Allí, el “Negro” escuchó la canción por primera vez y quedó cautivado por su melodía y letra. De ahí vino la idea de tomarla e incorporarla a su repertorio.
Fue en 1982, cuando Piñera lanzó su álbum Fusión Latina bajo el sello SyM, donde incluyó su versión del tema. Esta interpretación fusionaba ritmos latinoamericanos con toques contemporáneos, lo que le otorgó un sonido fresco y atractivo para el público de la época. Pasó a ser rápidamente un hit en su discografía. Por supuesto, Nelson Araya, el compositor original, expresó su descontento debido a que Piñera grabó y popularizó la canción sin su consentimiento inicial. Sin embargo, esto no generó problemas mayores para el “Negro”.
Gracias a esta canción, Miguel Piñera se presentó en el Festival de Viña de 1983, su único paso por el escenario de la Quinta Vergara. Y en 1983 publicó su segundo álbum Buenas vibraciones, el que sin embargo, no tuvo éxito. Miguel Piñera firmó 9 discos de estudio, de los cuales la mayoría los sacó entre 1982 y 1998, los restantes fueron ocasionales entre el 2000 y 2014. Ninguno alcanzó la relevancia del primero.
Fue tras el fracaso de su segundo álbum que decidió ser un emprendedor. Así, dejó de lado su carrera artística -al menos como actividad principal- y se orientó de lleno a la vida nocturna. De este modo, abrió una serie de locales como Sería Tutix, el mítico Entrenegros (junto al músico y cantante Miguelo), Moros y Cristianos, EntreDiosas y Capitán Tutix en Cancún y Playa del Carmen, México.
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Eso sí, de tanto en tanto Miguel Piñera se dejaba caer en alguna instancia que tuviese que ver con la música. Se presentaba en sus bares, por ejemplo, o incluso en 1985 participó en la versión chilena de la popular canción We are the world, que se llamó C.H.I. for Africa, y cantada por supuesto en castellano. Piñera fue parte de un grupo de 27 artistas chilenos que interpretaron el tema, entre otros: Myriam Hernández, José Alfredo Fuentes, Gervasio, Marcelo (del programa infantil Cachureos) , Patricio Renán, Luis Jara, Juan Antonio Labra, Zalo Reyes, Luis Dimas, Cristóbal, Wildo y María Inés Naveillán, quienes regrabaron la misma canción compuesta originalmente por Michael Jackson y Lionel Richie en 1985, producida por Quincy Jones y con el chileno Humberto Gatica como parte del staff de grabación.
En el plano personal, Piñera se casó tres veces. Su primera esposa fue una estadounidense de nombre Elena cuyo matrimonio duró pocos años, porque según relata en su estilo “a la gringa le vino la volada mística y, de un día a otro, se fue a la India”. Luego, en Chile, contrajo nupcias con Ximena Salazar, con quien también duró poco tiempo y se divorciaron. Y su tercer y último matrimonio fue con la argentina Belén Hidalgo, con quien duró 10 años y luego se separaron en 2011.
Tiempo después del divorcio, Hidalgo recordó su vida junto al “Negro”: “Recuerdo años muy bonitos que vivimos juntos, fueron años muy felices, de mucha alegría. Miguel es una persona muy alegre, muy simpática, irradia eso a toda la gente. Yo fui una persona muy feliz, juntos fuimos muy felices, independientemente que al final nos llevamos mal y por eso nos separamos, pero yo siempre prefiero quedarme con los mejores recuerdos. Fue una bonita experiencia de amor”.
Conocido por su estilo de vida más bien bohemio, en un momento debió mesurarse. Vivió siempre con la sombra de su hermano Sebastián Piñera, sobre todo cuando este asumió como Presidente de la República. Eso sí, en cada entrevista se encargó de separar aguas con Sebastiá. “Yo toda mi vida he trabajado. Mi trabajo es de noche, es cantar, es armar carretes, armar las discotecas. He tenido tantos boliches. Entre más carreteo, más plata gano”, dijo en declaraciones a radio Cooperativa.
“Sebastián no me mantiene. Yo, gracias a Dios me he pagado todas mis cosas. Pero hermanito, si me estás escuchando: el día que me falte platita, perrito, prepárate, mijito lindo, porque en todas las campañas que te he hecho, no te he cobrado ni uno”, sostuvo. Eso sí, agregó que su madre unió los destinos suyo y de su hermano para siempre. “Sebastián es muy cariñoso, es muy humano, comparte mucho con toda la familia. Y cuando mi madre murió dejó una cartita, esa cartita me salvó la vida. Dijo ‘cuando me muera quiero que abran esta cartita’, donde decía: ‘Sebastián, tú te haces cargo de Miguel’. Puta, le prendo velitas a la vieja todos los días”.
En el último tiempo destacó su participación en el reality Palabra de Honor de Canal13 donde su aparición solo duró un día debido a un accidente en moto durante las primeras horas de grabación, lo que lo obligó a abandonar el programa de forma sorpresiva. Un par de días después aprovecharía de postear un mensaje en su perfil de Instagram donde decía: “Estoy bien, nada grave”, acompañado de un emoji de corazón junto a la bandera de Chile, para tranquilizar a todos sus seguidores.
Solo el pasado viernes 21 de febrero, Miguel Piñera tuvo su última aparición pública en la alfombra roja del Festival de Viña del Mar. Cantó y tuvo un reencuentro con su exnovia, Carla Ochoa. En sus redes sociales, publicó imágenes de su participación en la actividad en la Ciudad Jardín y agradeció las muestras de apoyo.
“Mil gracias, veo todos los mensajes. Me llenan de emoción y energía. Voy a salir adelante de este cáncer porque tengo mucha fe en Dios, la Virgen y en mi Chile lindo y querido”, escribió en una de sus interacciones más recientes en su cuenta en Instagram.
En esa oportunidad, entonó un medley que -entre otras- incluyó Un beso y una flor, el clásico tema de Nino Bravo, que a su vez tiene una historia con el Festival de Viña, pues el español se presentó allí en 1971. En la oportunidad, fue acompañado por la banda del Festival dirigida por el músico Roberto López. Fue su última canción en vivo.
“Esa canción la eligió él -cuenta Roberto López a Culto-. Y cuando la eligió, a mí me llamó mucho la atención, como que le dije: ¿En serio, negro?. Y me dijo: Sí, güey. Entonces le dije, ‘vamos pos, negro, vamos contigo a todas’. Así que le hicimos una versión muy bonita, una versión más moderna, que también lo hiciera sentir más fresco a él”.
El “Negro” alcanzó a ensayar junto a la banda del Festival de Viña dirigida por López. “Nos fue a visitar, ensayamos en el Teatro de la Escuela Moderna de Música. Fue a un ensayo que pactamos con él. Llegó, cantó, nos hizo cagarnos de la risa. Estuvo una hora con nosotros, muertos de la risa una hora, imagínate. No paraba de tirar tallas, estaba con mucha energía, cantó con nosotros, nos hizo un par de sugerencias musicales. Estaba muy activo”.
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